Dando papaya en La Haya

Dando papaya en La Haya

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20 de noviembre 2012 , 05:44 p. m.

El artículo 101 de la Constitución política de Colombia o Carta Magna establece tácita e inobjetablemente: "Los límites señalados en la forma prevista por esta constitución solo podrán modificarse en virtud de los tratados aprobados por el Congreso debidamente ratificados por el Presidente de la República.

Sin embargo, 0bservamos con estupor cómo el famoso Tribunal Internacional de La Haya, dirimiendo controversias entre Colombia y Nicaragua, nos cercena miles de kilómetros cuadrados del mar Caribe -por cierto, con tesoros incalculables de riquezas en hidrocarburos, ecología marítima y reservas ictiológicas invaluables también para el sustento de los isleños y de Colombia-.
El  presidente Juan Manuel Santos consideró que la Corte Internacional de Justicia "ha incurrido en este tema en serias equivocaciones" al referirse a la determinación del tribunal de La Haya sobre el límite marítimo con Nicaragua. ¿Entonces para qué fuimos a La Haya? ¿Acaso no tenemos un tratado, claro, expreso, firmado por países libres, sin coacción militar y política alguna? ¿Se violó la Constitución con este papayazo de nuestra absurda y permisiva diplomacia de poner en riesgo lo que no se debía  discutir porque es nuestro? Ante este cercenamiento o zarpazo a nuestra soberanía urge concepto de la Corte Constitucional y del Congreso de Colombia. Nuestra canciller también arroja una perla cuando esbozaba que la corte era salomónica. ¿Salomónica para despojarnos de nuestra soberanía?

El tribunal internacional de La Haya reconoce el dominio de Colombia sobre las islas, pero nos aísla. Ratifica  la soberanía de Colombia sobre todo el archipiélago, y de sostener que este, como una unidad, generaba derechos de plataforma continental y zona económica exclusiva -la Corte ajustó la línea de delimitación, dejando los cayos de Serrana, Serranilla, Quitasueño y Bajo Nuevo separados del resto del archipiélago-. O sea que para que los isleños se comuniquen de una isla a otra debe haber aduana y peajes nicaragüenses, ¡qué tal!

En tres oportunidades Nicaragua trató de apropiarse del archipiélago colombiano: en 1913, cuando lo reclamó por primera vez en la historia; en 1980, cuando, en un hecho sin precedentes, declaró nulo e inválido el Tratado Esguerra-Bárcenas, y -finalmente- en el 2001, cuando presentó la demanda contra nuestro país ante la Corte Internacional de Justicia.

Nicaragua, inicialmente, reclamó la soberanía sobre el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, incluyendo todas sus islas y sus cayos.

Hoy, la Corte le dio la razón a Colombia, no accediendo a la pretensión de Nicaragua, y ratificando la soberanía de Colombia sobre la totalidad del archipiélago, es decir, Roncador, Serrana, Quitasueño, Serranilla, Bajo Nuevo, Este-Sureste y Albuquerque, pertenecen a Colombia.

Nicaragua también pedía que el tratado Esguerra-Bárcenas de 1928 -a través del cual dicho país reconociera la soberanía de Colombia sobre el archipiélago- fuera declarado inválido.
Pretendió que la Corte le reconociera 350 millas de plataforma, 150 millas más de lo que se ha otorgado normalmente a los estados.

Concedió a Nicaragua parcialmente 200 millas en algunas áreas al norte y al sur del archipiélago, invocando las reglas del nuevo Derecho Internacional del Mar.

Esto significa una reducción de los derechos de jurisdicción de Colombia sobre áreas marítimas.

Adicionalmente, contradiciendo una doctrina histórica del derecho internacional, al establecer el límite hacia el oriente del archipiélago, desconoció otros tratados de límites suscritos por Colombia.

En el Derecho Internacional sobre asuntos de territorialidad y soberanía existe el PRINCIPIO UTI POSSIDETIS JURIS, algo así traducido al español "como poseéis, así poseáis". Este principio universal de posesión se deriva de la bula de Alejandro VI y de los tratados que se celebraron entre España y Portugal, delimitando sus posesiones en América. Nadie obliga que el tribunal de La Haya delimite zonas y dirima conflictos territoriales. Muchos países fuertes defienden sus territorios sin reconocer este tribunal. Colombia jamás debió dar papaya en este tribunal. Simplemente tiene un tratado que la Constitución y las leyes le daban facultades para cumplir al pie de la letra lo que se firmó libre, espontáneamente, sin coacción con Nicaragua.

¿Este famoso tribunal de La Haya, en tierras holandesas, sería capaz de establecer que las islas caribeñas bajo mandato de la corona holandesa, como Aruba, Curazao y Donaire, pasen a Colombia, Venezuela, Brasil o a cualquier otro país que las reclame? ¿Aceptaría Estados Unidos entregar Hawái? ¿Inglaterra a las Malvinas a Argentina? Al parecer, nuestra diplomacia ladina y permisiva da la impresión de que estamos en otra patria boba.

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