El arzobispo colombiano que le hablará al oído al Papa

El arzobispo colombiano que le hablará al oído al Papa

Rubén Salazar Gómez, presidente del Episcopado, fue escogido cardenal.

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24 de octubre 2012 , 11:41 p.m.

El pequeño Rubén Salazar Gómez jugaba a dar misa con su única hermana, María Luz. A los seis años, el hoy arzobispo de Bogotá, presidente de la Conferencia Episcopal y nuevo cardenal de la Curia Romana, les pidió a sus padres que le regalaran un altar para que su pasatiempo infantil se pareciera a una iglesia de verdad.

Y ellos, un abogado y una educadora formados en la fe católica, le siguieron el juego. Tal vez intuían que el inquieto niño podría llegar a ser un buen cura. Y así fue.

Este miércoles, en un retiro espiritual, en Panamá, Salazar recibió la buena noticia: el papa Benedicto XVI lo escogió como uno de sus nuevos cardenales. En esta dignidad, la máxima a la que puede aspirar todo sacerdote, se posesionará el próximo 24 de noviembre, en Roma, junto con cinco obispos de otros países.

Así, este bogotano, criado en Neiva e Ibagué, se convertirá en uno de los hombres más cercanos del Santo Padre. Junto con los demás integrantes del Colegio Cardenalicio, Salazar le hablará al oído al Papa sobre los temas más cruciales de la Iglesia católica.

Además, podrá votar en el cónclave que elige al sucesor del Papa y también su nombre podría ser incluido entre los candidatos.

Con su designación, el nombre de Colombia, un país histórica y mayoritariamente católico, vuelve a adquirir peso y presencia en la Santa Sede, teniendo en cuenta que actualmente no hay cardenales activos (el país ha tenido ocho). Darío Castrillón y Pedro Rubiano ya están retirados, debido a su avanzada edad.

Rubén Salazar tiene 70 años que no se le notan, gracias a su afición por el deporte. Es un gran nadador y amante de la comida sana.

Y aunque desde niño demostró ser dueño de una vocación religiosa, un mes después de ingresar al Seminario Menor, en Ibagué, sintió que se había equivocado y se retiró. Quiso cambiar la sotana por una bata de médico, pero un año después volvió al redil del clero.

Experto en Biblia

Se ordenó como sacerdote el 20 de mayo de 1967, estudió teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma; y, en el Pontificio Instituto Bíblico, también en esa ciudad, se hizo especialista en las Sagradas Escrituras.

Sus colegas lo reconocen como una autoridad en el estudio de la Biblia. Y habla cinco idiomas.

Fue obispo de Cúcuta y, más tarde, antes de ser elegido como arzobispo de Barranquilla, trabajó varios años en el Secretariado Nacional de Pastoral Social. Allí conoció de cerca los problemas sociales del país y se convirtió en un doliente de los desplazados por la violencia.

"Este drama (de los desplazados) es una de las lacras más espantosas que ha dado la violencia en este país. Son una tragedia nacional, y no somos conscientes de ese sufrimiento".

Monseñor Héctor Fabio Henao, director de Pastoral Social, lo conoce no solo como un hombre de fe sino como un defensor de los más desprotegidos de este país. A los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos les ha exigido una mayor inversión en lo social.

"Conoce muy bien los problemas de los colombianos menos favorecidos, le cabe en la cabeza la realidad del país y les hace un estricto seguimiento a las problemáticas de la nación", comenta Henao, y asegura que Salazar, que además es su amigo personal, ha gastado una gran parte de su ministerio caminando de la mano con las víctimas del desplazamiento forzado.

"No va a ser convidado de piedra en las reuniones de los cardenales. Va a imponer sus posiciones y su criterio". Quien habla es monseñor Víctor Tamayo, obispo auxiliar de Barranquilla y su mano derecha durante los ocho años que estuvo como arzobispo de esa ciudad.

Allí, a Rubén Salazar lo recuerdan por su cruzada de 'multiplicación de las iglesias'. Cuando llegó como obispo al Atlántico encontró 70 parroquias y hoy, gracias a su labor, ya hay más de 150. También lideró una exitosa campaña para construirles viviendas a los más pobres en esa región del país.

Del nuevo cardenal, Tamayo opina que es un hombre consciente de que el mundo ha cambiado y de que hay que evangelizar de una manera diferente -ha dicho que hay que llevar el mensaje de Cristo de la mano de las nuevas tecnologías-, eso sí, sin despegarse de los valores innegociables de la Iglesia. "Es un hombre fiel a sus principios que tiene una manera muy bella de conjugar la razón y el corazón".

Pastor que le habla al país

Monseñor Salazar habla duro y acerca de todo, sea de política o de la sociedad moderna.

En sus más recientes declaraciones le pidió al Congreso que no legisle a favor de la muerte, a propósito de las iniciativas que buscan reglamentar el aborto y la eutanasia.

"Qué significa morir dignamente, que un médico le inyecte una inyección letal o un veneno a un enfermo?", expresó, al cuestionar la eutanasia y al calificarla como una falacia. "La muerte no puede constituirse como un derecho", enfatizó entonces.

Recientemente también le pidió al país que ore por el proceso de paz que iniciaron el Gobierno y las Farc, y reiteró la disposición de los obispos para facilitar acercamientos entre ambas partes.

También han sido fuertes sus pronunciamientos en contra de las uniones entre parejas del mismo sexo y frente a la llamada adopción gay:

"No hay lugar a equívocos: nuestros menores tienen derecho a nacer, educarse y crecer en el seno de una familia conformada por un padre y una madre, de sexos biológicamente diferentes y complementarios".

Sin embargo, siempre ha aclarado que la Iglesia acoge en su seno a los homosexuales, que no los condena ni los rechaza, y le ha pedido al Estado que les garantice sus derechos como ciudadanos, menos esos: el matrimonio y la adopción.

De hecho, ha reconocido que en el clero también hay homosexuales. "Si ese sacerdote es capaz de vivir en castidad y, a pesar de sus tendencias sexuales, se mantiene casto, sin relaciones sexuales homosexuales, no va a haber ningún problema. El problema es cuando empieza a tener una vida activa homosexual; en ese momento, el obispo debe llamarlo y decirle que si no quiere renunciar a esa vida, se retire del ejercicio sacerdotal", dijo en una entrevista publicada en EL TIEMPO el año pasado.

Entre sus más cercanos colaboradores es conocido y respetado por su rigurosidad y organización, por su carácter y serenidad. Y también por ser capaz de desempeñarse con éxito en varias tareas al mismo tiempo: actualmente dirige a los 80 obispos y arzobispos que hay en el país (y a todos los sacerdotes y parroquias), como presidente de la Conferencia Episcopal, en la que lleva dos periodos. Y desde el 13 de agosto del 2010 es el arzobispo de Bogotá, en reemplazo del cardenal Pedro Rubiano.

Monseñor Fabián Marulanda, exsecretario del Episcopado, también trabajó a su lado varios años y lo admira como ser humano y pastor. Considera que es un hombre con muchas virtudes, sabio y prudente, y que sabe administrar todas sus cualidades.

"Tuvo la suerte de haber sido educado en un hogar que le infundió el amor por el estudio y por la fe en Cristo". También le aplaude el hecho de ser equilibrado en sus opiniones y juicios, al igual que su perfil ejecutivo.

Salazar, desprovisto de pretensiones, siempre vio lejana la posibilidad de que lo nombraran cardenal. Eso, dijo siempre, lo dejó en manos de Dios. Y en las de Teresa de Jesús, su santa favorita.

José Alberto Mojica Patiño
Redacción Vida de Hoy

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