El Tíbiri lleva 20 años poniendo a bailar a los medellinenses

El Tíbiri lleva 20 años poniendo a bailar a los medellinenses

El reino del 'cumbancheo' está de celebración. El bar de la carrera 70 sigue siendo un referente.

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30 de septiembre 2012 , 10:00 a. m.

Al Tíbiri Tábara no se llega, se desciende. Es un sótano viejo y sudoroso, ubicado sobre la carrera 70, en la esquina de la calle 43. Allí reinan la salsa, la pachanga, el son, la plena, el boogaloo, la bomba, el mambo y la cumbia.

"Las paredes sudan", cuentan los que van por primera vez y se ahogan en ese aire mezclado de humedad, trombones y "channel number 3". En cambio, los que han ido desde que comenzó a sonar la "sandunga", hace 20 años, saben que no es que las paredes suden, sino que bailan, al ritmo rabioso de Joe Cuba o René Grand.

El Tíbiri es un volcán que explota todas las noches a las 10 en punto. Su fundador es Tito Montoya, creador de la orquesta 'Pachanga y Son', pero el dueño es Hoover Roldán López, quien cuando lo tomó no sabía ni qué música se ponía allá adentro.

Yo lo tenía subarrendado y no sabía nada de salsa. A mí me gustaban los boleros, los tangos y la música romántica y lo único que conocía de salsa era 'El Ratón' de Cheo Feliciano", cuenta Hoover, un cincuentón con ojos de adolescente y pinta de Daniel Santos.

Él es el primero que llega al Tíbiri todas las noches de miércoles a sábado, luego llegan los cantantes: Lavoe, Colón, Adalberto, Maelo, Miranda y Quintana. Ellos despiertan a los músicos que descansan entre los viejos vinilos que tratan de hacer juego con el computador del DJ.

Después aterrizan los leales trabajadores, oxidados ya por un viento rancio que se mete al Tíbiri por la única ventana del bar. Sebastián, Jorge, Iván, Sergio Andrés, Yoban, Sandra, Alexis y Carolina.

Con la pista solitaria y las mesas vacías, la fiesta comienza en el Tíbiri desde muy temprano. Hoover, quien ahora se sabe más de 10 canciones, se manda un "amarguito" de "tapa roja" para alumbrarse el espíritu. Son las 7:30 de la noche y a esa hora, las paredes todavía no sudan.

A la media noche, como buenos "gatos pardos", se asoman sigilosamente los bailarines: 'Mambo', 'Checho' y 'Mi Sangre', quienes poseen el secreto de la conga y el bongó.

La pista es exclusiva para ellos, para sus saltos mortales y sus vueltas imposibles. Son los únicos en la sintonía '17.1' de Eddie Palmieri, los únicos capaces de medírsele al 'Mambo diablo' de Tito Puente, y de curar la 'Locura de Berto' de Joe Cuba.

En sus 20 años, onomástico que se cumplió el pasado viernes 3 de agosto, en el Tíbiri han azotado baldosa escritores como Juan José Hoyos, Alonso Salazar y Héctor Abad Faciolince; periodistas como Ricardo Aricapa, Yamid Palacios, Pascual Gaviria y Eugenio Correa; y miles de universitarios de todas las épocas que han encontrado en ese rincón de cuatro paredes y baños estrechos, la disculpa perfecta para sentirse reales en medio de una extraña irrealidad.

Hoover, tecnólogo en Comercio Exterior, adquirió el sitio por recomendación de sus padres, luego lo subarrendó a una prima, quien lo convirtió en bar de salsa junto a Tito Montoya, quien lo bautizó Tíbiri Tábara, como la canción de Daniel Santos y la Sonora Matancera.

"Hay un bichito por ahí, que es de ambiente popular, y dice así: en el Tíbiri Tábara, ya tú lo ves mi compay", dice la maravillosa composición de la Sonora, que bien podría adaptarse a ese rincón de la 70 que Hoover administra desde hace 20 años y que los medellinenses se gozan, pareciera, hace más.

El bar es una tradición en Medellín, tanto así, que aunque lo sometieron a la "hora zanahoria" de la Alcaldía y luego de tres sellamientos, la gente sigue yendo en cantidades impresionantes, sobre todo los viernes, día en que a las 11:30 de la noche no hay siquiera dónde pararse.

"El peor año del Tíbiri fue el tercero. Muchos de mis clientes comenzaron a montar bares de salsa y se me llevaron mucha gente. Estuve a punto de tirar la toalla, pero como tenía permiso hasta las cuatro de la madrugada, eso se regó la ola y la gente empezó a venir. Los veteranos atrajeron la clientela joven. Con la hora zanahoria pensé que me iba a quebrar, pero la gente fue fiel. Para que el Tíbiri muera se tienen que acabar las universidades", narra Hoover, casado y padre de Carolina, una joven universitaria que está sentenciada a heredar el bar.

Y tiene razón Hoover, el Tíbiri, como la salsa misma, está condenado a ser eterno, por sus clientes, sus trabajadores, sus bailarines. El Tíbiri es el sitio de Medellín donde se baila mejor la salsa y donde se pone la mejor salsa. Nació un 3 de agosto de hace 20 años, con un tema de Héctor Lavoe, y ahora, más añejo, pretende rejuvenecer su clientela sin faltarle el respeto a su identidad.

En el Tíbiri, hasta el fin de los tiempos, seguirán sonando Los Orientales, Rubén Blades, Benny Moré, La Típica 73, Willy Colón, Ray Barreto y La Fania. La salsa nunca morirá en el Tíbiri, su tumba a plena vista y abierta casi toda la semana. A esa tumba, muchos estamos orgullosos de ir a llorar todas las noches, de miércoles a sábado.

"Yo amo esto aquí, es como un hijo pa' mí. Yo no vivo sin este negocio. Cuando me toca quedarme en la casa me quedo aburrido", dice Hoover.

MAURICIO LÓPEZ RUEDA
REDACCIÓN DIARIO MIO
MEDELLÍN

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