Las armas nucleares, una amenaza latente

Las armas nucleares, una amenaza latente

En la Asamblea General de la ONU, Obama le advirtió a Irán que el tiempo se le agota.

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29 de septiembre 2012 , 11:51 p.m.

El paisaje de la política exterior del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, está atestado de globos desinflados. Discursos altisonantes, grandes esperanzas y grandes aspiraciones han dado resultados mínimos.

En todo el mundo islámico -desde el norte de África hasta Irak, Afganistán y Pakistán- vemos frágiles relaciones, transiciones desafortunadas, conflictos irresueltos y ataques sin paliativos a los Estados Unidos, pese a la propuesta de Obama para un nuevo comienzo, conmovedoramente expuesta en su discurso de junio de 2009 en El Cairo. Israel, sordo a los ruegos de Obama, está más alejado de la reconciliación con Palestina y más próximo a la guerra con el Irán que nunca.

Asimismo, pese a las gestiones hechas para mejorar las relaciones bilaterales más importantes de los Estados Unidos -las que mantiene con China y Rusia- los vínculos con esos dos países se han ido tensando cada vez más, a causa -en el caso más reciente- de la intransigencia del Kremlin respecto de Siria y la conducta oficial china en el mar de la China Meridional.

Pero el globo que se ha desinflado más puede ser el que Obama soltó en Praga en abril de 2009, cuando propuso un rápido y serio avance hacia un mundo sin armas nucleares.

Un buen comienzo se logró con el nuevo Tratado START entre los EE. UU. y Rusia para limitar, en gran medida, los despliegues de armas estratégicas; la Conferencia de las Partes, encargada del examen del Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares -en gran medida lograda-, y la fructífera Cumbre sobre la seguridad nuclear, organizada por los EE. UU., pero, a lo largo del año pasado, ha faltado, tristemente, el espíritu optimista al que se debieron esas iniciativas.

Este mes, un grupo de ex primeros ministros, ministros de Exteriores y Defensa y dirigentes militares, diplomáticos y científicos de 14 países se reunieron en Singapur en la Red de Dirigentes de Asia y el Pacífico en pro de la No Proliferación y el Desarme Nucleares. Expresaron su profunda decepción ante lo que calificaron de "evaporación de la voluntad política" evidente en las gestiones regionales y mundiales con miras al desarme nuclear.

Aparte de otra bastante fructífera Cumbre sobre Seguridad Nuclear celebrada en Seúl en marzo del 2012, las noticias procedentes del frente del desarme han sido en verdad desoladoras durante este año. Otras negociaciones con Rusia sobre la reducción de armamento quedaron interrumpidas mucho antes de que comenzara la campaña para las elecciones presidenciales de los EE. UU.

Entretanto, ningún otro Estado que disponga de armas nucleares ha manifestado el menor interés por las negociaciones bilaterales o multilaterales sobre su reducción hasta que las dos mayores potencias, que actualmente cuentan con el 95 por ciento del arsenal mundial, hagan otras reducciones importantes.

Prudentes iniciativas iniciales por parte de los EE. UU. con miras a modificar su doctrina nuclear -en el sentido de aceptar que el "único objeto" de las armas nucleares es el de contrarrestar amenazas nucleares y ningún otro- no han dado fruto. Las negociaciones para abandonar el estado de alerta de las 2.000 armas nucleares que permanecen en ese absurdamente peligroso estado, propio de la época de la Guerra Fría, nunca han llegado a comenzar.

Tampoco hay señales de avance con miras a la entrada en vigor del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE), ni las ha habido para salir del punto muerto en la negociación sobre un nuevo tratado encaminado a prohibir la producción de material fisionable con vistas a la fabricación de armas nucleares, avances insignificantes con miras a celebrarse una conferencia para crear una zona sin armas nucleares en Oriente Medio (resultado fundamental de la Conferencia de las Partes, encargada del examen del Tratado de no Proliferación, celebrada en el 2010) y una real aceleración de los programas de fabricación de armas nucleares en India, Pakistán y China.

Así, pues, ¿quién tiene la culpa? Algunos acusan al propio gobierno de Obama de enviar señales ambiguas, o peor aún: según han observado, los EE. UU. han modernizado su arsenal nuclear, han creado nuevos sistemas de armas tradicionales y de defensa contra misiles balísticos y han estado demasiado dispuestos a ceder ante el nerviosismo de sus aliados europeos y del Asia nororiental ante la posibilidad de que se limite la dimensión nuclear del amplio paraguas disuasorio bajo el que están cobijados.

Pero resulta difícil pasar por alto la enorme constricción que ha impuesto un ambiente político intensamente partidista y negativo en los EE. UU. La intransigencia republicana ha impedido la ratificación por este país del TPCE, que sería un gran cortocircuito internacional -casi ha matado el tratado START al nacer y ha hecho que se coloque a una altura casi imposible de alcanzar el listón de unas nuevas negociaciones con Rusia y China-.

Tampoco hay señal alguna de que vaya a modificarse ninguna de esas posiciones, en caso de que Mitt Romney, el aspirante republicano, sea elegido presidente. Las preocupaciones internacionales han resultado agravadas -para los miembros de la Red de Dirigentes de Asia y el Pacífico en pro de la No Proliferacion y el Desarme Nucleares, sin lugar a dudas- por la estridencia de las declaraciones de Romney sobre el asunto de China y Taiwán, además de su extraordinaria identificación de Rusia como "enemigo geopolítico número uno" de los Estados Unidos.

Algunos dirán que resulta ingenuo desear un mundo sin armas nucleares y, más aún, creer que se pueda lograr, pero no es una ingenuidad estar preocupado por las armas de destrucción más indiscriminadamente inhumanas jamás inventadas -de las que siguen existiendo 23.000- con una capacidad destructiva conjunta de 150.000 bombas de Hiroshima, como tampoco lo es considerar que la no proliferación y el desame están inextricablemente vinculados; que mientras algún Estado conserve armas nucleares, otros querrán tenerlas.

La posición verdaderamente ingenua -o ignorante- es la de creer que la capacidad política y unos controles infalibles, más que una pura y simple boba confianza en la suerte, han permitido al mundo librarse de una catástrofe provocada por armas nucleares durante casi siete decenios. No es una ingenuidad creer que la disuasión nuclear es a un tiempo operacionalmente frágil y de una utilidad totalmente dudosa para mantener la paz. Tampoco es una ingenuidad creer que, aunque no se pueda anular la invención de las armas nucleares, sí que se puede ilegalizarlas en última instancia.

No se puede culpar a Obama por haberlo intentado. Incluso los globos desinflados son mejores que un planeta devastado.

GARETH EVANS
Proyect Syndicate
Exministro de Relaciones Exteriores de Australia y presidente emérito del International Crisis Group.

Obama y Netanyahu, contra un Irán nuclear

El presidente de EE.UU., Barack Obama, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, están "completamente de acuerdo" en su "objetivo compartido" de impedir que Irán obtenga un arma nuclear, afirmó la Casa Blanca en un comunicado.

Ambos mantuvieron una conversación telefónica en la que tocaron "temas de seguridad" y durante la que el Presidente estadounidense reafirmó su "compromiso inquebrantable" con la seguridad de Israel.

Durante la charla, Netanyahu "celebró" el compromiso expresado por Obama durante su comparecencia esta semana ante la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, para evitar que Irán desarrolle una bomba nuclear.

"Ambos líderes destacaron la estrecha cooperación y coordinación entre los dos Gobiernos frente a la amenaza nuclear planteada por Irán, su programa nuclear y de respaldo al terrorismo", agregó el comunicado. La Casa Blanca indicó, además, que tanto Netanyahu como Obama acordaron continuar con sus consultas regulares sobre el desafío nuclear iraní.

Obama dijo esta semana ante la ONU que "todavía hay tiempo y espacio" para resolver las tensiones con Irán por la vía diplomática. Netanyahu, por el contrario, considera que Irán está a unos seis o siete meses de alcanzar su objetivo nuclear e insiste en que llegó el momento de que EE. UU. establezca una clara "línea roja" que Teherán no pueda cruzar sin correr el riesgo de un ataque militar.

Netanyahu también habló por teléfono con Mitt Romney: "Tenemos el mismo interés en garantizar que Irán no desarrolle capacidad nuclear", le contó a los periodistas el candidato republicano.

EFE
Washington

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