Las mujeres de El Placer cuentan los horrores que vivieron por 7 años

Las mujeres de El Placer cuentan los horrores que vivieron por 7 años

Sus experiencias fueron recopiladas por el Centro de Memoria Histórica, que las presenta en un libro

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29 de septiembre 2012 , 11:33 p. m.

"A veces todo empezaba a las 5 de la mañana... me tocaba con una niña a la espalda y la otra en los brazos y corra... las balaceras nos despertaban y no sabíamos cuándo llegaría a nuestros ranchos". Y, la verdad, no tardaron mucho en llegar y meterse en cada rincón de la inspección de El Placer, en el Valle del Guamuez.

Este relato hace parte de las decenas de historias que un grupo de investigadores del Centro de Memoria Histórica recogió en el bajo Putumayo, donde los paramilitares sembraron el terror entre 1999 y 2006. El documento Mujeres, tras las huellas de la memoria será presentado el martes en el marco de la V Semana por la Memoria.

La vida cotidiana de El Placer ha estado marcada por todas las guerras. Desde los años 70 y 80, cuando Gonzalo Rodríguez Gacha entró con su ley de narcotráfico, pasando por el frente 48 de las Farc en los 90 y llegando al 7 de noviembre de 1999, cuando las ráfagas anunciaron que la muerte se instalaría indefinidamente con la incursión paramilitar de los hombres de Carlos Castaño.

El control de la vida cotidiana quedó atado a los gatillos de los fusiles de 'Rafa Putumayo', 'Daniel', 'el Blanco' y 'Gavilán', los jefes 'paras' que impusieron sus normas. Y como en otras zonas del país, las mujeres acarrearon la peor parte.

"Cuando volvimos me encontré con la sorpresa de que los paracos estaban en mi casa. Me preguntaron que quién era y les dije que 'la dueña del ranchito' y me respondieron: '¿Y qué, te crees mucho?'. Les dije, no, no me creo mucho, pero necesito el rancho porque tengo a mis niñas y esto es mío... No dijeron nada, pero desde ese día llegaron todas las benditas noches a dormir ahí...", relata la mujer.

Con el paso de los días, montaron sus centros de entrenamiento en las fincas que 'expropiaron' y desde allí controlaron todo. En las calles del caserío o las trochas de las veredas instalaban retenes donde les examinaban los hombros a los jóvenes. Si llegaban a tener alguna marca se los llevaban y los mataban porque decían que era la señal de que cargaban un morral; por lo tanto, eran guerrilleros.

"Las mujeres nos quejamos porque dejaban los muertos tirados en cualquier calle. Entonces la decisión fue empezar a tirar los cuerpos al río (Guamuez)". Para la gente esa fue la fosa común más grande del Putumayo.

"Lo que veíamos era terrible. Controlaban cada paso. En las calles se encontraba uno a gente que llevaban amarrada. Los tenían hasta tres días así y nos hacíamos a la idea de que en cualquier momento nos tocaría a nosotros".

La presión llegó a tal punto que los habitantes tenían que sacar plata de donde no la tenían para iluminar las cuadras. "Si no se hacía, uno ya sabía qué le esperaba".

La guerra llega a los cuerpos

Pero lo que faltaba en la demencia de la guerra paramilitar era fatal. "Mi hija fue violada las veces que se les antojó. Tenía solo 11 años. Me la enfermaron una y otra vez. Le pegaron de todo y ellos ya habían advertido que a la que le hicieran exámenes y que resultara enferma la mataban, entonces mi marido y yo la sacamos del pueblo a escondidas".

Después de un año de presencia armada de las Auc en El Placer, los cuerpos se convirtieron en arma de guerra. Empezaron a seleccionar a las mujeres que, según ellos, eran 'arrechitas', en sus palabras, supuestas guerrilleras o colaboradoras de las Farc. Las observaban por días y las que veían que caminaban más rápido o tenían fortaleza en las piernas, las secuestraban y convertían en esclavas sexuales.

"Llegaban borrachos, drogados, nos sacaban al patio, nos apuntaban con armas cortas y largas y nos cogían a la fuerza (...) Una vez me tocó con tres hombres al mismo tiempo (...) Era muy duro, no podíamos salir a ninguna parte, pasábamos el día lavándoles los uniformes, limpiando la casa y cocinando para ellos (...) Recuerdo que una muchacha de 15 años se suicidó. No aguantó".

Pero lo que pasó con las trabajadoras sexuales fue peor. Ellas fueron víctimas de tortura, abusos y humillaciones por ser portadoras de enfermedades de transmisión sexual. "Las ponían a recoger basura, a barrer las calles, con un letrero atrás que decía la enfermedad que tenían y por qué estaban castigadas". El 'escarmiento', ordenado por los jefes paramilitares, buscaba sembrar el terror entre las mujeres del pueblo y lanzarles el mensaje de lo que les esperaba.

Ellos mismos se encargaron de contagiar con diferentes enfermedades a muchas niñas y jóvenes. Entonces decidieron llevar sus propios prostíbulos y así empezaron a llegar jovencitas de diferentes partes del país. Los 'paras' las controlaban y decidían sobre sus cuerpos, cobraban por los 'servicios' que ellas prestaban y las que les hicieran estorbo o no estuvieran de acuerdo con sus reglas terminaban en las aguas del Guamuez.

El primero de marzo del 2006, cuando se desmovilizaron más de 500 hombres del bloque Sur, las mujeres de El Placer pensaron que por fin podían pasar la página de los años oscuros. Pero la ley del conflicto armado las puso a buscar a sus muertos, sin tener tiempo para cicatrizar las heridas.

Cuando la Fiscalía fue ubicando las fosas comunes (en medio de las declaraciones de los desmovilizados en Justicia y Paz) y los restos de sus seres queridos llegaron a sus manos, retornaron algunos de los antiguos 'paras', ahora llamados 'Águilas Negras' y 'Rastrojos'. Muchos de los que supuestamente entregaron las armas reincidieron y otros nunca hicieron parte del proceso.

La guerra no ha terminado y las cicatrices están en carne viva. Las sobrevivientes han hecho un acto de valentía narrando sus terribles historias para que estas jamás se repitan. Pero la sociedad, los grupos armados, el Estado y la guerra tienen una deuda inmensa con ellas.

Por ahora, en esas mismas tierras en donde desenterraron a sus muertos para volverlos a enterrar, siembran semillas para sostener a sus familias.

Los días oscuros no han pasado y sus verdugos siguen sin castigo.

Esperanza en Justicia y Paz
Solo 40 'paras' del bloque Putumayo están procesados

En noviembre del 2006 las mujeres de El Placer iniciaron un proceso de verdad con la desmovilización de más de 500 hombres del bloque Putumayo. Sin embargo, a la fecha en Justicia y Paz solo hay 22 postulados. De estos, a 17 ya se les imputaron cargos. Otros 18 exparamilitares fueron capturados y sus procesos están en la justicia ordinaria.

En total se están investigando 432 hechos que enunciaron los postulados y no hay ninguna condena por violencia sexual.

Sobre los desaparecidos, la Fiscalía ha realizado 432 exhumaciones, en 330 fosas. Solo 105 de estos cuerpos han sido identificados plenamente.

Varios jefes responsables de las acciones están prófugos.

'Lo más difícil fue romper el silencio'
Año y medio duró la investigación del Centro de Memoria Histórica

Durante 18 meses los investigadores del Centro de Memoria Histórica (CMH), dirigido por Gonzalo Sánchez, recorrieron el bajo Putumayo recogiendo los testimonios de los sobrevivientes de la presencia paramilitar.

"Desde el inicio teníamos claro que era un informe sobre mujeres. Y lo más difícil fue romper ese silencio que guarda la comunidad, especialmente sobre las acciones de la guerrilla, porque sigue en la zona", señala María Luisa Moreno, la persona que lideró el trabajo.

"Para nosotros fue un reto, porque era la primera vez que hablaban", agrega Moreno. Más allá de las masacres, que dejaron más de 40 muertos, el CMH quiso recrear, a través del documento, el dominio 'para' de siete años al que fueron sometidas las mujeres.

JINETH BEDOYA LIMA
Subeditora Judicial EL TIEMPO

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