Esta es mi propuesta de paz

Esta es mi propuesta de paz

Personas representativas de diferentes sectores de la realidad nacional exponen sus ideas.

22 de septiembre 2012 , 10:50 p.m.

IGUALDAD

'Un país más justo y equitativo'

Nací en el Chocó, poseedor de gran riqueza en flora, fauna y recursos naturales en el país; uno de los lugares de mayor biodiversidad del mundo. Nací en el Chocó, departamento con los más bajos índices de desarrollo económico, las altas de tasas de analfabetismo, y una enorme desigualdad atizada por una triste guerra que se ha ensañado contra esta tierra y que cada día deja más víctimas.

Crecí en Quibdó, viendo de cerca a los miles de chocoanos que llegaban a la ciudad despojados y desplazados por 'empresarios' que querían sembrar monocultivos o porque dos bandos se enfrentaban cruentamente por el control del territorio, con sospechosa tolerancia de las fuerzas estatales. Historiadores, periodistas y estudiosos coinciden en que esta absurda, dolorosa y larga guerra ha golpeado especialmente a los colombianos más vulnerables, a los más pobres, a los de la periferia, a los afrodescendientes y a los indígenas, que, como muchos colombianos, no conocen lo que es vivir en paz, pero que han pagado el costo por no tenerla. Yo tampoco conozco la paz, pero sé que ni despojar y desplazar de los territorios, ni aumentar las brechas sociales, ni discriminar y perseguir por el color de la piel, el género o la orientación sexual, ni mantener y prolongar las desigualdades entre regiones y ni explotar el territorio de forma irresponsable, contribuye a construir una Colombia pacífica.

Al contrario, sé que las sociedades que viven en paz son más prósperas, más justas y tienen mayor sentido de la responsabilidad pública. En esos países en paz los ciudadanos, respetando la diferencia, procuran por el buen funcionamiento de la sociedad. Yo imagino que una Colombia en paz es una donde todos 'jalamos' para ser más justos y equitativos; para ser una nación próspera y para pensar que los recursos son escasos y que después de nosotros viene otra generación que tiene derecho a vivir en paz.

José Camilo Córdoba, líder afro, politólogo. De la Fundación Amigos del Chocó.

DESARROLLO

El aporte del sector minero

La minería impulsa la economía, genera empleo y atrae a la inversión extranjera. Es una de las locomotoras de la prosperidad y aunque fenómenos como la informalidad o la minería ilegal, en manos de sectores al margen de la ley, han proyectado una imagen controversial, todos nos reconocen como un sector indispensable en el desarrollo. Cualquier diálogo en búsqueda de paz debe garantizar seguridad en estas zonas. Esperamos que se garantice la integridad a trabajadores e infraestructura, para seguir contribuyendo sin convertirnos en 'daño colateral' del terrorismo. Cada centavo de inversión llega tras competir con distintos destinos, pues muchos países son atractivos; pero sólo reglas claras y seguridad jurídica y material hacen la diferencia.

Hay tres variables en la explotación legal: responsabilidad ambiental, seguridad industrial y destinación de recursos. Hay que pagar impuestos, regalías y garantizar la trazabilidad.

Las empresas formales nos hemos comprometido estableciendo altos estándares internacionales, que cuestan, pero garantizan la mitigación del impacto. Si la gente no tiene trabajo digno y seguro, no puede evolucionar al bienestar. Es fundamental hacer presencia en zonas de violencia con escuelas, hospitales e inversión social incidente, pero para eso las empresas deben ser rentables, pues esa inversión solo es posible con excedentes de rentabilidad. Grancolombia Gold optó por formalizar a 3.000 mineros, erradicamos el uso nocivo de mercurio y establecimos patrones de seguridad industrial.

En Segovia (Antioquia) se pasó de tener 400 cuentas bancarias a 5.000. Como este, hay muchos modelos que permiten contribuir a la paz. Con imaginación, con hechos, y no con retórica. Esa es nuestra apuesta.

María Consuelo Araújo. Presidenta de Grancolombia Gold

DOCENTES

La paz se construye en el tablero

La reconciliación es un proceso que tomará tiempo. Por ello, es necesario pensarla con estrategias de largo plazo, pero empezando a sembrar ya. En nuestro país hay una situación preocupante respecto a la labor docente, desacreditada social y económicamente, en especial en primaria y bachillerato. Tanto que, con honrosas excepciones, la docencia termina siendo la opción de quienes no logran ubicarse laboralmente. Un reciente estudio del Banco de la República muestra que un estudiante con bajo resultado en las pruebas Saber 11 tiene 5 veces más probabilidades de convertirse en docente que uno con resultado alto. Deben ser los más competentes quienes estén a cargo de la educación de niños y jóvenes; así, además, los maestros acabarán algún día contando con el respeto social que merecen. Para un alumno no es sencillo valorar la calidad de lo que recibe. Las deficiencias de su proceso educativo se notarán tarde. Las verá él mismo cuando enfrente la vida laboral y también su empleador ante su desempeño. Indirecta, y muy costosamente, las verá la sociedad en general, pero ya tarde. Una educación incluyente y de calidad en todos los niveles es condición ineludible para reducir las inequidades que existen y que, como se sabe, han alimentado décadas de conflicto.

Por otra parte, el servicio público es un área que también debe contar con los más capaces y los mas idóneos. Tenemos gran cantidad de excelentes ciudadanos con muy buena formación, que son observadores marginales de los procesos públicos. En la esfera pública es fundamental su presencia.

Pablo Navas Sanz, rector de la Universidad de los Andes.

AMBIENTE

El mensaje de nuestra naturaleza

Colombia es un país particular y deliciosamente complejo, inagotable. Al pasar de un río entre dos montañas a la vertiente del siguiente ya cambió todo y hasta esa rana que brinca entre los helechos es rana, pero es otra -tenemos cerca de 800 especies de anfibios-. Los helechos también son otros (aún no acabamos de contarlos... ). Y quien camina entre ellos cada día, otro tanto. Pero llevamos décadas tratando de sacudirnos el fastidio de la diversidad, la incomodidad de coexistir con tantas cosas, seres, ideas, simultáneamente. De recibir el mensaje aparentemente distante de nuestra naturaleza viva y, tal vez, de manera similar, la mirada indagadora de las personas en las calles, si "nada que ver" con ellas. Ingenua o descaradamente exigimos que se queden fuera, que nos dejen fuera. Podemos pensar que esa realidad es incómoda, cuando es sorprendente por incierta, y llena de posibilidades, por incontrolable. La diversidad perturbadora acecha, juguetona; nunca cesa de producirse... Si no fuera por esa complejidad que aúna gentes, microbios, plantas y animales, no habría espacio para el cambio, adaptación, evolución. No habría posibilidad de historia. Reconocer la increíble y única exuberancia en Colombia debería abrir caminos, proponer cosas, zarandear la nacionalidad, superar autismos. Cuando aceptemos que en este país todos somos ranas, helechos o wayús encontraremos las conexiones donde la diferencia es nutritiva. Recuperaremos el placer de la conectividad en medio de la diversidad, y desaparecerán las armas: no habrá nada de qué defenderse. Al menos no con tanta ferocidad.

Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt.

INCLUSIÓN

Se deben escuchar todas las voces

Desde nuestra mirada y realidad indígena, sobre todo la amazónica, pensamos que para alcanzar la paz verdadera, duradera y sostenible en Colombia es necesario no omitir varios aspectos fundamentales.

Primero, y como bien lo señala un estudio de la Universidad de los Andes, "la distribución de la tierra en Colombia es altamente inequitativa" y "un poco menos de la mitad de la población rural tiene acceso a la tierra, pese a ser su principal activo productivo".

Así las cosas, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la tierra, y la lucha por ella, ha sido el factor determinante del conflicto en Colombia. Por eso, el proceso de paz debe garantizar el acceso a la tierra a todos los sectores que la necesitan en condiciones justas, equitativas y dignas; así mismo, las riquezas deben ser distribuidas para todos en forma equitativa.

En cuanto a la participación política, consideramos justo que haya una garantía para que los grupos alzados en armas puedan participar de la vida democrática del país y también acceder a los concejos, asambleas y al Congreso de la República, una vez dejen las armas y vuelvan a la vida civil. Y también se debe garantizar la participación a todas las minorías políticas.

La garantía de una paz duradera radica, además, en la capacidad del Estado de luchar sin tregua contra la corrupción, el narcotráfico y todas las formas de violencia, sobre todo las generadas por las bandas criminales, pues nada sacamos con llegar a un acuerdo con los grupos armados de origen político si no se lucha por erradicar a los otros generadores de violencia.

Las discusiones que se inician en los próximos días deben ser incluyentes. Las múltiples iniciativas de paz de la sociedad civil organizada deben ser analizadas, debatidas e incluidas en los acuerdos finales. Esos acuerdos deben fortalecer los derechos consagrados en la Carta Política de todos los colombianos, y no ir en desmedro de ninguno de ellos. Solo así, la paz y la reconciliación verdadera en Colombia serán una realidad.

Henry Cabria Medina, líder indígena.

VÍCTIMAS

'Reconciliarnos con los actores del conflicto'

La Asociación Caminos de Esperanza Madres de La Candelaria es una organización sin ánimo de lucro que se fundó en el año 1999, como respuesta a las numerosas desapariciones forzadas, secuestros y homicidios en el marco del conflicto armado colombiano. Agrupa a madres, padres, esposas, hijos huérfanos víctimas de la guerra y familiares víctimas del secuestro, de la desaparición forzada y demás violaciones de los derechos humanos, y que buscan la verdad, la justicia, la reparación y la garantía de la no repetición de estos actos. Llevamos sobre nuestros hombros el gran orgullo, pero también la gran responsabilidad, de ser Premio Nacional de Paz 2006, lo que nos impulsa a crear iniciativas en pro de la búsqueda de la paz y la visibilización de las víctimas del conflicto armado en el marco de la verdad, la justicia y la reparación como objetivo para lograr la reconciliación.

La Asociación actualmente está compuesta por 805 familias participantes que vivieron en el seno de su hogar el horror de la desaparición forzada, además de otros delitos como homicidio y desplazamiento forzado; lo que trajo como consecuencia el desvanecimiento de su proyecto familiar y una difícil condición emocional.

Aunque las mujeres y hombres que conformamos nuestra asociación hemos sido víctimas de estos grupos armados a lo largo y ancho del territorio colombiano, independientemente de las tragedias que nos han ocurrido, siempre ha sido política de la Asociación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria el apostarle a la reconciliación con los actores del conflicto.

Es importante para nosotros que hoy se encuentre en el escenario público el proceso de paz, aunque hay que tratar este tema con discreción y responsabilidad, ya que, de llegar a darse este acuerdo, la mayoría del pueblo colombiano se vería beneficiado y, por supuesto, nosotras, las víctimas de la desaparición forzada, podríamos tener acceso a la verdad que tanto nos es esquiva, a veces sin saber dónde se encuentran nuestros familiares secuestrados y desaparecidos. Además, se debe enfatizar en un elemento que es muy esencial al hablar de paz: apostarle a la reconciliación como sendero y guía del proceso, siendo este uno de los motores fundamentales en la construcción de una nueva Colombia y una futura convivencia en armonía entre las víctimas y los actores del conflicto.

Teresita Gaviria Urrego, Asociación Caminos de Esperanza Madres de La Candelaria.

NIÑEZ

Ejemplos de barrio que inspiran

La paz se podría conseguir con el perdón, el arte y la voluntad de cambio que cada uno de nosotros pongamos en la transformación social.

Muchas personas con ganas de cambiar el mundo nos demuestran a diario que la paz no es un sueño imposible. Claro ejemplo de ello son algunas personas de la Comuna 13 de Medellín, que día a día se despiertan con ganas de hacer algo más por nuestra sociedad, como la profesora Alejandra Ospina, de la institución educativa Stella Vélez Londoño, quien, con su grupo de danza árabe e inagotable entusiasmo, está logrando hacer algo por los jóvenes de este colegio. Ella demuestra que se pueden construir espacios de diálogo y paz, con su mejor arma: la danza, la cultura. De Alejandra, la mejor descripción que se podría dar es que es una persona comprometida con la paz.

Otra persona destacada en esta comunidad es la profesora Ruth Stella Rodríguez, con su grupo de teatro Arte Impacto, a quienes se les puede ver ensayando en el colegio.

Ellos han obtenido varios reconocimientos. Por su labor y entrega se puede decir que esta excelente persona es una generadora de cambio. Sin duda, estas y muchas más personas son un vivo ejemplo de que se puede conseguir la paz y de que la pandilla más grande que existe es la del arte y la educación.

Somos más los que queremos el cambio. Y si la paz en realidad es un sueño, no veo la hora de dormir.

Sebastián Álvarez, 14 años, barrio La Quiebra, Comuna 13, Medellín.

EDUCACIÓN

La llave más poderosa de todas

Para la construcción de la paz y la reconciliación hay muchos caminos y muchos caminantes; la educación es uno de ellos. En algunos momentos de la historia nacional se han atribuido a la educación objetivos más bien instrumentales. Sin embargo, cada día es más fuerte el llamado a pensar que el desarrollo de las habilidades para la vida y la convivencia debe ser uno de los propósitos de una educación de calidad. Una maestra antioqueña nos contaba cómo cada vez más las empresas contratan a los jóvenes por lo que saben, pero los despiden por lo que son.

Educar mejores seres humanos es enseñarles a cuidar de sí mismos, de los otros y de su entorno; a reconstruir una relación que se ha visto afectada por una ofensa, en lugar de perpetuar el círculo infinito del deseo de venganza, responsable de más del 50 por ciento de las muertes violentas en Colombia, según Medicina Legal.

La educación puede contribuir a cambiar esa realidad. Para ello es necesario trabajar también en la formación socioemocional del educador. Un maestro con habilidades emocionales es capaz de administrar sentimientos negativos o destructivos, y evitar así un ejercicio autoritario de su rol.

Sin embargo, gran parte de los educadores carece de herramientas para crear un ambiente de confianza y de respeto, en el que los niños y adolescentes se sientan seguros para participar.

El arte y la cultura se vislumbran como los mejores facilitadores de la educación emocional en el aula, porque son áreas que gustan y motivan a los alumnos y les facilitan la expresión de su identidad. Además, alimentan su esperanza en un un futuro de oportunidades.

Martha Laverde, especialista del Banco Mundial.

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