El Carlos Fuentes que nos hará falta

El Carlos Fuentes que nos hará falta

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30 de agosto 2012 , 12:11 a. m.

Carlos Fuentes es de las personalidades que donde estuviera representaba el necesario diálogo de la cultura latinoamericana. Y esto, lo que él hizo sin  pausa hasta el final como si con ello se propusiera integrar el continente en torno a su cultura igual que en busca de un solo idioma como una sola patria como dijo una vez Charry Lara. Así, desde sus ensayos hasta sus novelas, revelan el proceso de nuestra literatura hasta los últimos años. Por lo mismo, su apertura hacia las nuevas generaciones. Su entusiasmo por la literatura lo llevó a recorrer de manera constante a Hispanoamérica como parte de una época que convierte su obra en una de las más grandes y privilegiadas memorias de las letras y la historia del continente, y que responde al conocimiento directo de nuestras realidades en las cuales siempre asumió una posición clara. Esto  le permite ser tan actual como pocos escritores contemporáneos.

Además, de muchos escritores de su tiempo deja un gran recuerdo. Entre ellos, estamos atentos a lo que ocurrirá con las páginas que le dio a guardar García Márquez de cómo se escribió Cien años de soledad.

En el caso del ensayista, se trata de un autor que escribe sobre sus experiencias para que se sepa de qué modo ha vivido cada lectura y la relación con los autores de su tiempo.

Además, está en sus libros el compromiso con la verdad y la pasión de escribir. Incluso con la herencia de Sartre y Camus, se empeñó en cumplir  el papel del escritor que a través de su imagen pública, asume las grandes causas del momento. Del primero repite que un hombre no es nada si no es un cuestionante... Un intelectual es alguien que es fiel a un conjunto de ideas políticas y sociales pero que no deja de cuestionarlas. Esto se encuentra en libros como Los 68 (2005) que posee el doble sentido de la mirada de quien pudo ver directamente los hechos, y comprender su significado, y también explicar su tarea como intelectual. Están allí las palabras del Fuentes analista al lado del Fuentes literato. Ello proviene de una de sus facetas más interesantes, la de lector, y que se resume en otro volumen como En esto creo (2002), síntesis de su pensamiento frente a la cultura universal y latinoamericana. Algo parecido ocurre con Personas (2012) que reúne a manera de testimonios muchos de sus artículos periodísticos que igualmente poseen el carácter de memorias enriquecidas con reflexiones y citas inolvidables de lector agudo.

Su gran caballo de batalla, la novela desde el pasado con bases como Cervantes, y proyectada hasta el presente. De El Quijote decía que para aprender a escribir hay cinco libros que es necesario leer: El Quijote, El Quijote, El Quijote... Escribió varias obras sobre el tema, y la última, La gran novela latinoamericana (2011), su testamento que une varias generaciones desde los antecedentes del boom y hasta los del llamado postboom. En el mencionado libro, cuenta que Dostoiewski afirma que El Quijote es el libro más triste que se haya escrito. Allí mismo, que imaginar es recordar. En Geografía de la novela(1993), se pregunta qué es la imaginación sino la transformación de la experiencia en conocimiento. Aseguraba que la novela moderna tiene el lenguaje de la poesía y las ideas del ensayo y que la poesía es el territorio donde toda afirmación se vuelve verdad. Admiramos esta faceta junto a sus novelas a las que habría que dedicarles otro espacio.

Por Alonso Aristizábal

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