'Manolete': el hijo de Angustias que murió hace 65 años en su ley

'Manolete': el hijo de Angustias que murió hace 65 años en su ley

La 'madre patria' se estremeció, el legendario torero Manuel Rodríguez, murió de una cornada.

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29 de agosto 2012 , 08:13 p. m.

Ayer, 65 años atrás, España se estremeció. Y Córdoba, ciudad de toreros, estaba desolada. Había murmullos sollozantes, corría la ventisca de la muerte, pues se acababa de ir para siempre, a las cinco y siete minutos de la mañana, uno de sus hijos más queridos: el más famoso torero de la historia, Manuel Rodríguez, 'Manolete'. Había sido herido la tarde anterior, el 28 de agosto de 1947, en la plaza de Linares, por el toro Islero, de la ganadería de Miura. El número 1.021 que mataba el torero de la mirada triste.

El duelo era general. Pero una mujer, Angustias Sánchez Martínez, que vivió rezando casi todo su vida por los toreros -había enterrado ya a dos esposos que vistieron de luces-, daba alaridos de dolor en el alma. Esta vez, tendría que ir a sepultar a su adorado hijo, de solo 30 años, ya en la cima de la gloria. Había muerto, vestido de rosa y oro ese día, el único hijo varón, el que la mimaba, el que la tenía como la más grande mujer, el que la llamaba después de las corridas. Y al que ella jamás fue a ver torear, porque prefería quedarse orando por él a la Virgen de Guadalupe y a Jesús del Gran Poder.

Angustias llevó su nombre como un sino, pero jamás se doblegó. Albaceteña, llegó a Córdoba de la mano de su padre y fue educada en los mejores colegios. Era la más linda del pueblo y una virtuosa en los bailes andaluces. Tanto, que un empresario francés la quiso llevar como una verdadera artista por los teatros.

Pero el amor a veces decide en qué plaza y cómo será la corrida. Ella estaba enamorada de un torero, otro que fue grande: Rafael Molina, 'Lagartijo Chico'. "Yo no he nacido para rodar por los escenarios, pronto he de casarme y mi misión será solo cuidar el hogar de la familia que constituya", dijo la hermosa mujer.

Y cuidó dos. Con 'Lagartijo' se casó en 1903 y tuvo dos hijas y un niño que murió de 4 años. Una tuberculosis retiró de las plazas a su esposo. La muerte, vestida de luto y fucsia, se lo llevó en 1910.

Ella enfrentó la vida con valor y 'angustias' económicas para sacar adelante a sus pequeñas. A los dos años de cargar el duelo, vino la faena de amor de Manuel Rodríguez 'Manolete' padre, ya torero de fama, quien fue banderillero de la cuadrilla de 'Lagartijo'. Doña Angustias le abrió la puerta grande de su corazón y fue vestida de esperanza al altar. Él, vestido de corto.

De este amor, el 4 de julio de 1917, después de dos hermanas, nació, en la casa número 5 de Córdoba, una de las leyendas de la fiesta brava. Tal vez, la máxima figura, Manuel Rodríguez Sánchez, 'Manolete'.

¿Por qué fue leyenda?

Nació con un capote como cobertor. Traía sangre torera, sangre de estilo propio, de toreo serio, firme, seco, frío como su mirada. Así toreaba su padre, que murió temprano, en 1923, y dejó al niño de 6 años. Fue también matador el tío abuelo, José Rodríguez, 'Pepete', de quien se dijo que no palidecía ante la muerte. Llenaba las plazas, pues la gente iba a pasar miedo. El 20 de abril de 1862, el toro Josinero le partió el corazón.

Fueron toreros y banderilleros todos sus tíos. Sin embargo, no parecía que él iba a seguir el legado de sangre. No jugó con muletas, sino con canicas, le gustaba el fútbol. A los 9 años, la viuda pobre lo logró matricular en un colegio salesiano donde, muy aplicado, resultó el mejor en gramática y lectura y fue becado.

Despacio, hasta para caminar en la arena, era el sello de 'Manolete'. Solo a los 13 años se inquietó por el toreo. "Hasta no probar, uno no puede decir nada", respondía a quien le preguntaba -y eran muchos- si quería ser torero. A los 12, un día de feria en Córdoba, en que actuaba Belmonte, un tío le dijo: "Chaval, toma estas dos pesetas, entra a los toros". El niño, en cambio, compró los mejores turrones y se los llevó a su madre, como primer regalo. Ella lo abrazó como si le llevara un diamante. Y lloró en silencio.

Pero el destino estaba escrito. Una tarde, cuando comenzaba correrías por los herraderos y capeas, buscando en un cajón de la cómoda, dice el libro Manolete, de Antonio de la Villa, este encontró un pequeño relicario envuelto en un papel de seda que su madre conservaba. Había sido de su padre. 'Manolete' lo besó y se lo colgó al cuello.

No sabía que tenía una historia: se lo había regalado el famoso 'Guerrita', cuando el padre de 'Manolete' viajó a América. Al despedirlo, se lo quitó del cuello y le dijo: "Mira, Manolo, este escapulario es de nuestro Cristo y está bendito por el mismo Arcipreste de los Dolores. Me lo regaló en mi época de torero. Él me ha acompañado durante más de 20 años...".

La ausencia del escapulario fue un latigazo para doña Angustias, quien comprendió que su hijo sería torero. Él lo llevó por siempre. Solo se lo quitaba para bañarse. Lo debió de llevar esa tarde en Linares.

'Manolete' vivía despacio. Dejó de estudiar para ser ayudante de camión y llevar de comer a la casa. A los 22, presionado por la prensa, tomó la alternativa en Sevilla, el 5 de junio de 1939. En el toro del doctorado cortó dos orejas.

Hombre de fe y gran lector, llevaba libros para leer en los hoteles, porque tenía sed de prepararse para disertar con los más cultos. Llegó a dar conferencias impecables. Y como cosa increíble, quien se vistió para su primera novillada con traje alquilado terminó comprando la casa del gran filósofo español José Ortega y Gasset.

'Manolete' era extraordinario, reservado e inteligente. Fue el mejor en saber leer a cada toro y qué debía hacérsele. Por ello, les sacaba partido al manso y al bravo. Fue uno de lo secretos para su enorme éxito. Además de terminar lo que comenzó Juan Belmonte, otro histórico, como fue quedarse firme, quieto ante los toros. Esta vez sin angustias, torear con naturalidad, despacio, alargando el brazo, ligando los pases y pisando los terrenos del animal. Y fue uno de los grandes estoqueadores. Un creador, con una personalidad que le ganó respeto. Aunque, como era también discreto, dijo que "la manoletina no es mía, otros la han pegado, es el estilo, es la personalidad que se le imprime".

Flaco, alto, desde su frialdad, revolucionó el toreo. En tiempos de grandes toreros, llenó las plazas del mundo. Todas, en España y en América. Las de México, Perú, Bogotá, donde fue a verlo hasta el presidente Alberto Lleras Camargo... Actuó en tres tardes en 1946 y dos en Medellín. No cupo la gente. No cabía donde él iba. Y subieron los precios de los toros y de las entradas. 'Manolete' escaló el poder y la fama.

"Tengo la conciencia de que todo a lo que me comprometí lo cumplí en exceso", dijo el número uno. Entre 1940 y 1946, toreaba un promedio de cien corridas por temporada. "Y eso que me he venido resistiendo a hacer compromisos, pues la tragedia está en el ir y venir desaforadamente, saliendo muchas veces de una plaza vestido y llegando a otra con el mismo traje".

Pero amaba su profesión y dio todo por ella, hasta la vida, aquella tarde en Linares, con 'Gitanillo' de Triana y Luis Miguel Dominguín. Ese día, también toreó con belleza a Islero, un toro poco claro. Y él lo había leído. A pesar de todo, como quería seguir siendo el número uno, y tal vez porque Dominguín le hizo una seña, entró despacio a matar y despacio entró la espada. Pero rápido fue el cuerno que penetró en el triángulo de Scarpa y la femoral. Ya se sabe lo demás. Que ocasionó conmoción e inspiró mil poemas, monumentos y libros.

Él se quería ir del toreo ese año. Se fue para siempre aquella tarde. Despacio. Y mirando atrás a la señora Angustias.

* Algunos datos han sido tomados del libro 'Manolete', de Antonio de la Villa.

Los muchos reveses de 'Manolete', la película

En el 2008 se estrenó la película inspirada en la vida del legendario matador español,'Manolete', quien fue interpretado por el estadounidense Adrien Brody, famoso por su papel en 'El pianista'. Al actor lo acompañó la española Penélope Cruz.

Aunque el rodaje se inició en el 2006 y se tenía planificada su exhibición comercial para el año siguiente, desacuerdos entre el productor y el director, sumados a problemas con los pagos, aplazaron la fecha. Además, después de ser presentado por primera vez, el filme recibió críticas negativas y una serie de inconvenientes de tipo legal llevaron a que tan solo este año se pudiese ver en España.

Luis Noé Ochoa
Redacción de EL TIEMPO

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