Islandia, el país de la doble belleza

Islandia, el país de la doble belleza

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28 de agosto 2012 , 09:07 a. m.

Paisajes dominados por glaciares, fiordos y volcanes reciben a quienes quieren explorar este pedazo del norte de Europa.

Lo interesante del país no son sus glaciares y cascadas, sino que el nombre del primer ministro figura en el directorio telefónico. Así dice un reclamo publicitario de una empresa de aviación de Islandia.

Dos superlativos de la belleza hacen de Islandia un país fuera de toda ponderación. Uno, la espectacularidad de sus cascadas, fiordos, volcanes y glaciares, y otro, la idílica paz de las granjas campesinas, belleza suma que se queda pegada al alma de los visitantes.

Si alguna nación reúne atributos de belleza natural superiores a Islandia, que levante la mano. El país se sitúa exactamente debajo del Círculo Polar Ártico. Fue fundado por monjes irlandeses que, viendo llegar aves migratorias, supusieron que allá lejos habría una tierra donde pudieran servir a Dios en mayor soledad y paz, y por navegantes vikingos a la deriva procedentes de las islas Feroes. 

Islandia es el país más joven de Europa. Obtuvo su independencia durante la Segunda Guerra Mundial de una Dinamarca que lo trató con mucha dureza. Sin embargo, políticamente es un hito de las democracias del planeta.

En el año 930, Ingolfsson reunió a las tribus dispersas y las organizó en el primer parlamento del mundo, el Althing. El lugar, cercano a Reykjavik, es sagrado para los islandeses, y los turistas lo visitan con doble motivo: admirar la explanada del Althing y porque allí las placas tectónicas, la americana y la euroasiática, se separan a ojos vistas.

Cada año las balizas colocadas en la abertura rocosa muestran una separación de dos centímetros. Hacer una presentación somera de Islandia exige muchas páginas y tinta, así la isla apenas alcance 103.000 kilómetros de superficie (algo más grande que Portugal), aunque solo albergue a 316.000 habitantes, de los cuales las dos terceras partes viven en la capital; no importa que la segunda ciudad, Akureyri, solo tenga 16.000 habitantes ni que las granjas sean habitadas únicamente por 4 o 5 personas.

Para el común de los mortales Islandia es el país del hielo y de los volcanes, circunstancia que se ve afirmada por el hecho de que en el 2010 el Eyjafjallajökull, glaciar que ocultaba un estratovolcán, se reventó para dar paso a la terrible erupción que durante unas semanas perturbó la aviación del centro y el norte de Europa.

El impronunciable nombre del volcán y el de la espectacular y atrevida iglesia luterana de 80 metros de altura que domina a Reykjavik, llamada Hallgrimskirja, le dan la razón a la guía de viajes que dice que el remordimiento que se llevan los turistas del hermosísimo país es no poder recordar ninguno de los nombres.

Islandia parece un óvalo silueteado minuciosamente por todos sus lados; los recortes son bahías y profundos fiordos que se proyectan hacia el interior, dotando al país de un misterioso encanto.

Por todas partes se siente el hálito de los dioses nórdicos en la furia de los volcanes. El país fue católico hasta que en 1550 los daneses lo obligaron a aceptar el luteranismo; y como el catolicismo fuertemente arraigado era factor de unidad nacional, el rey de Dinamarca simplemente ordenó asesinar al obispo Jon Arason y así, "por las buenas", Islandia abrazó el luteranismo.

En la actualidad hay 2.000 católicos y renace con fuerza el paganismo en unos 15.000 islandeses que han vuelto a la creencia en los dioses nórdicos, Odin, Thor, Tyr y Freya.

¿Qué hice en Islandia? Dar la vuelta completa al país durante una semana, por la Ring Road, con la ventaja de que en estos meses de junio, julio y agosto hay luz solar durante las 24 horas. Ya vendrán luego los meses de oscuridad total.

En el sur del país la Ring Road avanza por el estrecho espacio que le permiten el mar y las abruptas paredes de sorprendentes montañas.

Desde la carretera nos separábamos para visitar el interior. Memorables son las cascadas, unas de corte tradicional, si así se les puede llamar, la típica cortina de agua que se precipita jugando con el arcoíris. Tradicionales pero bellas.

Así son Skogafoss y Svartifoss, esta última se desprende entre rocas basálticas que semejan un gigantesco órgano tubular de una antigua catedral gótica. Foss significa cascada en islandés. Otras cascadas son turbulentos y caudalosos ríos que se lanzan al vacío.

Son espectáculos de aterradora belleza. Así son Gullfoss (catarata de oro), Dettifoss y Godafoss (de los dioses). Los caballos islandeses, de una raza especial, son el medio de transporte montañas adentro.

El glaciar más grande de Islandia es el Vatnajökull y ocupa 4.800 kilómetros cuadrados. Bajo su "influencia" se encuentran el sur, el este y gran parte del norte del país.

La influencia se materializa en lenguas glaciares que por el sur llegan casi hasta el mar y por los numerosísimos ríos que se desprenden en todas las direcciones. El Vatnajökull es el tercer glaciar más grande del planeta después de la Antártida y de Groenlandia.

Otros glaciares menores, pero no tan menores, son Langjökull, Hofsjökull y Myrdalsjökull. Como es fácil de inferir, jökull significa glaciar.

Del Vatnajökull, que dispara lenguas glaciares en todas las direcciones, visitamos el Jökulsarlon, lago sobre el que flotan enormes bloques de hielo, algunos con bellas coloraciones azules. Nos montamos en tierra en un camión anfibio que entró al agua donde se convirtió en una embarcación desde la cual tratamos de "tú a tú" a los icebergs.

Todavía en el sur, nos acercamos a uno de los íconos más conocidos de Islandia, el Dyrholaey, estrecho cabo rocoso de 120 metros de longitud que se levanta en la orilla y avanza sobre el mar; está perforado de lado a lado por un arco.

Algunos se aventuran a pasarlo en un autobús anfibio. Cerca se encuentran los tres trolls, accidentes muy fotografiados por los turistas. Se trata de tres rocas esbeltas y filudas, la mayor de 66 metros de altura.

Según la leyenda, eran trolls, fantasmas nórdicos que fueron sorprendidos por la luz del día y convertidos en rocas. Al avanzar hacia el oriente de la isla nos adentramos en vastos valles cubiertos por lavas petrificadas. De las desnudas montañas se desprenden decenas de cascadas.

Más al norte el paisaje da paso a solitarias granjas perdidas en la inmensidad. Las casas son de colores vivos; parecen casitas de pesebre. Al norte entramos a la región del lago Myvatn. Por donde se mire surgen conos volcánicos de todos los tamaños. El paisaje de Islandia, que por doquiera muestra columnas blancas de vapores que surgen de la tierra, aquí se muestra todavía más pródigo en fumarolas.

Llegamos a Akureyri, la segunda ciudad del país, ubicada en el norte. Se encuentra en el fondo de un larguísimo fiordo. Igual que Reykjavik, esta ciudad es muy hermosa, tranquila, con casas pintadas en vivos colores, con calles muy limpias.


Al avanzar hacia el oeste, decenas y decenas de montañas de cumbres chatas y alargadas llenan el horizonte. Quedé impactado por los dibujos y geometrías que toman rocas y campos de nieve; se diría que son diseñados adrede por alguno de los gigantes súbditos de Odín.

La caldera que produce la mayor cantidad de gases y vapores en el mundo se denomina Deildartunguhver (otra palabra para desafiar la memoria). Allí pudimos apreciar el ingenio de los islandeses que entuban los vapores para la calefacción en los largos meses invernales.

Será en mi próximo viaje a este prodigioso país cuando visite en un fiordo del extremo occidente el Snaefellsjökul, el más célebre glaciar del mundo a donde llegaron Otto Lidenbrock, su sobrino Axel y el guía local Hans, los personajes de Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne.

Cada verano se reúnen allí centenares de adeptos del New Age para celebrar sus meditaciones y entronques con espíritus del más allá y las fuerzas ocultas de la Tierra.

Los platos típicos de Islandia son la cabeza de carnero y de cordero chamuscadas y el bacalao en todas sus formas. Hay tres maneras de reconocer a un ciudadano islandés: primero, la onomatopeya del perro no es guau, guau, sino plof, plof; segundo, a las películas de cine rojo o porno las llaman películas azules y, tercero, un islandés no se limpia la nariz con pañuelo hacia abajo sino sorbiendo.

Así es Islandia, donde la tierra hierve viva y palpitante y se manifiesta con toda la desnudez genesiaca de la belleza.
 
Si usted va
Se necesita la visa Schengen para viajar a Islandia. Hay vuelo directo desde Madrid o desde Barcelona. O bien volando Madrid-Reykjavik, con escala en Amsterdam.

El Hotel Natura, de la cadena de hoteles de Icelandair, es excelente y se encuentra cerca del centro de la ciudad y en el aeropuerto para vuelos nacionales. El aeropuerto internacional se ubica en Keflavik, a 50 kilómetros de la capital. 

El Flybus hace el trasporte del aeropuerto a la capital y viceversa, pasando por los hoteles. La mejor época para visitar el país está entre junio y agosto, meses de verano. Hay alojamiento en todos los lugares del país, ya sea en hoteles o confortables albergues rurales. La temperatura en estos meses es de 11 a 15 grados.

La moneda es el krónur (corona): 150 equivalen a un euro.

Andrés Hurtado García

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