El siglo de los jueces

El siglo de los jueces

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25 de agosto 2012 , 06:42 p. m.

En agosto del 2009, Mauricio Vargas y yo nos quejamos públicamente de que magistrados de la sala penal de la Corte Suprema de Justicia habían aprovechado un desayuno en EL TIEMPO para pedir nuestras cabezas como columnistas. En Semana, María Jimena Duzán escribió una columna burlándose de nuestros temores y reduciendo el incidente a "unos simples reclamos, pan de cada día en las salas de redacción de los medios".

Con el tiempo se demostró que no era tan baladí. Sino el primer paso de una Corte encaminada a colocarse por fuera del radar de la fiscalización de los medios de comunicación, una especie de gravitante cuerpo colegiado de intocables, ejerciendo un derecho propio en el "siglo de los jueces", como lo bautizó el exmagistrado Augusto Ibáñez, capitán de los peticionarios de nuestras cabezas.

Lo confirma la denuncia penal por injuria y calumnia que anuncia la Corte contra la propia María Jimena y la columnista de El Espectador Cecilia Orozco. Contra la primera, porque criticó la decisión de sus magistrados de extraditar a alias el 'Canoso'. Y contra la segunda, por sus reclamos contra el relevo de Iván Velásquez como jefe de la unidad de investigadores de la 'parapolítica'. Ambas califican también de sospechosos recientes cambios jurisprudenciales de la Corte que benefician a parlamentarios.

Pues la libertad de expresión ampara el derecho de María Jimena a preguntar por qué la Corte quiere extraditar tan rápido al 'Canoso', ya que hasta el mismo presidente Santos se opone. Y aunque personalmente no comparto con Cecilia Orozco que Iván Velásquez sea el adalid de la justicia, y, por el contrario, lo considero un inquisidor que instaló en la Corte unos procesos de corte albanés, en los que a los acusados les acomodaban testigos secretos y les impedían el derecho a su defensa, a Cecilia la ampara todo el derecho de indagar por las razones de su sorpresivo relevo.

En materia de cortes, de poder judicial y de sus frecuentes disfuncionalidades, todas las suspicacias son cortas y tímidas. Esta denuncia de calumnia e injuria por parte de una corporación que debería, por el contrario, estar velando por la libertad de expresión es un remedo de los instrumentos que el presidente Correa viene utilizando en Ecuador para impedir la fiscalización de la prensa y que tienen prendidas las antenas de la OEA, de la ONU y de importantes ONG que protegen a los periodistas del mundo, como el Comité para la Defensa de los Periodistas (CPJ). Por eso, a través de esta columna, oficialmente solicito al CPJ, por medio de su coordinador para América Latina, Carlos Lauría, que ponga bajo su lupa a la Corte Suprema de Justicia de Colombia, por el mismo proceder.

El asunto es este. Venimos de una Corte que es co- rresponsable del hundimiento de la reforma judicial como cómplice de los pactos clandestinos entre reos y jueces para obtener privilegios personales. Ante la imposibilidad de ampliarse sus períodos y de aplazar la edad de retiro forzoso, sus magistrados ahora recurren a esta demanda contra las columnistas como un chantaje para intimidar a los críticos de la Corte y para silenciarlos preventivamente sobre una camarilla de magistrados y exmagistrados que se abre paso, la misma que en el pasado impidió la elección de Fiscal y bloqueó el escogimiento de candidatos a Procurador y a Contralor y el oportuno reemplazo de cinco (¡5!) vacantes en la Corte, y que ahora pretende apoderarse de vacantes en el Consejo Superior de la Judicatura, para manipular las listas de jueces y magistrados.

A las cortes las defiende su majestad, que es fruto de su comportamiento y de sus fallos ajustados a la dignidad del discurso institucional. Pero cuando la Corte Suprema piensa de sí misma que, ya que no inspira respeto, tiene que inspirar temor, todo está perdido.

HABÍA UNA VEZ... La pizza de Julia, en la 5a. con 69, era el nuevo mejor guardado secreto de Bogotá. Hasta este comentario, digo.

María Isabel Rueda

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