El 'Caín de América' se reivindica

El 'Caín de América' se reivindica

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25 de agosto 2012 , 06:41 p. m.

La siguiente novela no se le ocurriría ni a John Le Carré: cierta noche callada, unos comandos de asalto británicos se cuelan por la chimenea y las ventanas de una vieja casa londinense. Penetran armados hasta los dientes, y mientras unos ponen manos arriba a los ocupantes de la casa, otros amarran y se llevan a un tipo rubio que duerme en un pequeño cuarto. El destino final del secuestrado es Estados Unidos, donde lo condenan a muerte por espionaje.

La trama sería una fantasía si no tuviera sustento real. La casa es la embajada de Ecuador y el rubio es el periodista australiano Julian Assange, asilado en ella. El origen de la aventura es un amenazador documento enviado por el gobierno inglés al de Ecuador: "Deben ustedes saber que la Ley de Locales Diplomáticos y Consulares de 1987 ofrece bases legales en el Reino Unido que nos permitirían tomar acciones a fin de arrestar al señor Assange en las actuales instalaciones de la embajada".

Hace dos años, Assange, fundador del portal WikiLeaks, divulgó miles de documentos secretos de Estados Unidos. Gracias a estas publicaciones, en las que participaron los principales periódicos del mundo, se conocieron múltiples atrocidades de guerra y siniestras operaciones realizadas con la complicidad de dictaduras amigas de Washington.

Solicitado por Suecia so pretexto de un dudoso episodio de relaciones sexuales, Gran Bretaña, residencia de Assange, quería extraditarlo a Estocolmo, de donde podría ser trasladado a EE. UU. y procesado por revelar secretos oficiales. Londres y Suecia se niegan a garantizar que Assange no será enviado allí. Por eso, Assange buscó y obtuvo el asilo en la embajada ecuatoriana. La decisión suscitó no pocos comentarios hostiles. Que Rafael Correa, el presidente ecuatoriano, defiende la libertad de prensa cuando se trata de un extranjero famoso, pero la oprime en su propio país. Que busca competir con Hugo Chávez en las noticias internacionales. Que su propósito es exhibirse como un líder valiente que se enfrentó a los superpoderes mundiales.

No perdamos las dimensiones ni el foco del asunto. Lo primero: el problema no es Ecuador, que, con respaldo latinoamericano, ejerce el tradicional derecho de asilo, sino Gran Bretaña, que amenaza de manera arrogante con asaltar su embajada. Lo segundo: se trata de proteger a un hombre que se la jugó por la transparencia y ahora es víctima de una cacería internacional. Lo tercero: una buena acción no deja de serlo porque quien la realice tenga motivaciones diferentes a la bondad misma del acto, ni porque el ejecutor diste de ser un modelo.

La persecución de Assange plantea conflictos que van más allá del mero asilo. El más obvio, a mi ver, es el relente de imperio viejo que expele la conducta británica. Este país que hoy amenaza con violar la extraterritorialidad diplomática por defender la extradición de Assange a Suecia es el mismo que se negó a extraditar a Pinochet cuando lo requirieron las autoridades españolas. Y eso que el episodio del dictador chileno no era de amores sin condón (crimen del que se acusa a Assange), sino de asesinatos y asalto al tesoro público.

Una vez imperio, siempre imperio. Gran Bretaña no ha logrado superar sus ímpetus colonialistas. Por eso conserva un trozo de España en Gibraltar, pelea por las islas Malvinas en el Atlántico y amenaza con operativos audaces a la embajada ecuatoriana. Me pregunto si se atrevería a alzarles la voz a Francia, Rusia o China.

Colombia debe seguir apoyando a Correa en el caso del asilo de Assange. No solo porque es lo justo. Sino porque nos permitirá liquidar la fama de "Caín latinoamericano" que nos ganamos en un vergonzoso momento de nuestra historia por respaldar a Inglaterra contra Argentina.

ESQUIRLAS. Plenos de razón, me corrigen varios matemáticos: en álgebra, la suma de dos negativos no da un positivo (como dije en esta columna), pero sí su multiplicación. Cojeras de las metáforas...

Daniel Samper Pizano
cambalache@mail.ddnet.es

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