Jaime Manrique presenta su nueva novela sobre la vida de Cervantes

Jaime Manrique presenta su nueva novela sobre la vida de Cervantes

Autor barranquillero vino a Bogotá para hablar sobre su obra que se mueve entre realidad y ficción.

notitle
23 de agosto 2012 , 11:38 p. m.

Juega con los sobrecitos de azúcar que quedaron intactos después del café. Mueve la grabadora. Mira para un lado, para el otro. Se nota que Jaime Manrique se siente más cómodo escribiendo que hablando. (Lea también: El paso de Cervantes por el Parnaso).

Autor de libros como El cadáver de papá, Luna latina en Manhattan, Maricones eminentes y Nuestras vidas son los ríos, Manrique vino dos días a Bogotá para presentar El callejón de Cervantes, novela sobre la vida del autor de El Quijote, que se mueve entre la realidad y la ficción. Vive en Nueva York desde los 17 años (hoy, tiene 63) y desde allá ha construido una obra literaria sólida, reconocida por críticos exigentes, como Susan Sontag, que celebró la calidad de Maricones eminentes.

Escribe su prosa en inglés y su poesía en español. ¿Por qué?

Yo mismo no sé la respuesta. Creo que la poesía es la parte más íntima de mi ser, y esa parte existe en español y no en inglés. La narrativa es algo más publico, y ahí puedo adoptar otra lengua. Para mí, lo más importante de mi poesía es la musicalidad, y la música la escucho más claramente en español que en inglés.
Usted empezó por la poesía.

Sí, mi primer libro fue de poesía. En realidad, quería ser poeta más que novelista. De joven, tenía esa fiebre de los versos. Y era lo que podía hacer más rápidamente, un poema.

También le fue importante comenzar a traducir.

Aprendí a escribir poemas traduciendo. Esa fue mi escuela. Así pude adentrarme en un poema, palabra por palabra, sílaba por sílaba, casi vocal por vocal. Entrar en la cabeza del poeta, entender la estructura de lo que hace. En un principio, mis poemas eran horribles. Claro, algunos dirán que lo siguen siendo.

¿Su obra sería diferente si se hubiera quedado aquí?

Totalmente. Mi idioma hubiera sido el castellano. No me arrepiento de nada. Creo que he vivido mi vida como debí vivirla. Pero cuando leo a mis amigos escritores latinoamericanos y veo el dominio tan extraordinario que tienen del lenguaje, siento envidia. Si no me hubiera ido, podría escribir como ellos. Pero a mí no me fluye esa destreza. Mi vida tomó otro rumbo.

Al comienzo, sus libros fueron muy autobiográficos.

Sí, y no porque me faltara la imaginación. Cuando empecé a escribir sobre cosas cercanas a mí, mi escritura cobró la fuerza que no tenía cuando hablaba de temas que no hacían parte de mi vida. Cuando empecé a escribir de mis amores, mis odios, mi familia, ahí mi escritura empezó a tomar vida, tenía una razón de ser, estaba anclada en la realidad.

En 'Maricones eminentes', dice que afuera pudo escribir cosas que aquí no hubiera podido...

Me sentí libre. O, mejor, no sentí miedo. Aquí también me sentía libre, pero a veces me daba miedo. Allá me sentí protegido por la distancia.

A la par con lo autobiográfico, su narrativa se ha concentrado en personajes. Manuelita Sáenz (en 'Nuestras vidas son los ríos'), Cervantes, ahora. ¿Cómo aparecen?

La vida. A Cristóbal Colón, por ejemplo, le hice un poema épico. Yo estaba en Barcelona y vi una réplica de uno de los barcos en que viajó, creo que era la Santa María, ahí anclada. Me sentaba y miraba y pensaba: este tipo tenía que estar loco de remate para irse al otro lado del mundo en una cosa tan pequeña y frágil. Con Manuelita, fue desde la niñez. Oía hablar de ella. Unos la amaban, otros la odiaban. Un personaje complejo, trágico, valiente. No creo que me hubiera gustado conocerla. Era demasiado intensa para mí, quizá verla a la distancia.

Son libros que, como en 'El callejón de Cervantes', le implican larga investigación. ¿Le gusta esa etapa?

Me encanta. No sé si lo volvería a hacer. En cada libro fueron siete años en eso. Me encanta el misterio que encuentro, la información que me lleva a averiguar más y más. Buscar libros, hallar pasajes claves. Me fascina profundamente. Ir a los lugares. Sin ir, no podría escribir la novela. Sentir la temperatura del sol, ver el color de las flores, cómo se mueve la gente.

Más en su narrativa, que es tan descriptiva.

Es como un pequeño don que tengo. Escribir de forma muy visual. Recrear lugares. Lo entiendo como una especie de extensión de la poesía.

¿Toma notas?

Notas y fotografías. También está la memoria, que recrea otra realidad. Tomar una foto de un sitio es como ver el esqueleto de la cosa, pero después actúa la imaginación.

¿Cuándo fue su primer contacto con Cervantes y 'El Quijote'?

En el colegio leí un capítulo y oía hablar por todos lados del libro. Siempre estuvo presente. En cambio, Cervantes llegó mucho más tarde. Fue cuando vi un documental sobre su vida en la televisión. No sabía que había sido tan intensa y llena de incidentes. Me puse a averiguar más, a leer, volví a El Quijote, ya estaba atrapado. Eso es lo que me pasa. Se me convierte en una obsesión y tengo que entregarme a ella porque es más fuerte que yo. Cuando escribo una novela, se mete en todas partes, se convierte en mi mundo. Por años. Estoy más cómodo ahí que afuera.

¿Borra mucho, corrige mucho?

Sí, sobre todo cuando leo y me aburre. No quiero aburrir al lector. Soy bastante aburrido como persona, así que como escritor no quiero serlo. Si lo que escribo me aburre, está mal la cosa. O si me parece falso. Como no releo lo que he publicado, debo ser muy autocrítico al escribir. Finalmente, lo que quiero es ser mejor escritor en cada libro.

¿Siente que ha avanzado?

Sí. En términos de estructura, de complejidad, en construcción de personajes, en una voz que me convence más. Tengo un mejor manejo del inglés. En esta novela de Cervantes pude controlar el inglés. Hasta el libro de Manuelita, sentía que el inglés me controlaba a mí. Aquí me entregué al lenguaje. Relajado. En eso me ayudó mucho leer y releer El Quijote.

Usted incluye partes de la obra de Cervantes en su libro...

El libro habla de un robo literario (el de Avellaneda, que en la novela es Lara). Sentí que debía seguir ese espíritu, que yo tenía que robarle a Cervantes y también a Avellaneda. Hay páginas escritas por Cervantes porque yo no podría mejorarlas. Hay referencias a Borges. Sin ser pedante, porque lo más importante para mí es que el lector se sienta agarrado por la historia.

Y su prosa ayuda, por ser veloz.

El ritmo para mí es importante. Permanezco consciente de crearlo, de que haya como una fuerza propulsora que a veces vaya rápido, a veces lento, fragmentada, lírica. Como una composición musical: jugar con todas las notas que puedas jugar. Eso me preocupa bastante. No tener palabras que no sean esenciales al texto. Reescribir para mí es cortar. Lo hago hasta que veo que no hay cosas que no pertenezcan al texto.

¿Considera a 'El Quijote', como muchos, el inicio de la novela moderna?

Todo está en El Quijote. Es el libro más complejo, profundo, también aburrido. Yo, de editor, le quito cien páginas. No es una lectura fácil. (Siga este enlace para leer: Testamento poético de Cervantes).

Tenía que salir un libro así de una persona como Cervantes...

El Quijote es un libro muy autobiográfico. Descubrir eso me produjo júbilo. Ah, esto sale de su vida. Me sentí más cercano al libro y a ese genio que antes no podía entender.

Háblenos de un escritor que fue muy importante para usted, que fue su amigo, y del que usted escribió, el argentino Manuel Puig.

Cuando lo conocí, daba un curso al que uno podía aspirar si a él le gustaba lo que uno escribía. Fue algo que se dio. Me inscribí. Pude no hacerlo, pero ya cuando se dio tuve que seguir adelante.
Conocerlo. Puig era muy humano. Muy tímido. Había un Puig público, que daba conferencias y era casi un actor. Pero cuando estabas hablando nada más con él creaba una intimidad y sabías que realmente él estaba ahí en ese instante. Cualquier cosa que decía, para él era importante decirla.

Hay un tema central en su literatura, la sexualidad.

Claro. Como homosexual, fue determinante. Quería reflejarlo en mi escritura, sin esconderme. Desde el principio fue claro. Me parecía, además, un acto político en esa época. Si escondo quien soy en mi escritura, no podía serlo como ser humano ni escribir acerca de las cosas que para mí eran importantes. Ahora no me interesa tanto.

¿Ya está escribiendo otro libro?

No.

¿Por qué? ¿Se da etapas de descanso?

No. Mi compañero Bill Sullivan murió hace dos años. Desde entonces, no he vuelto a escribir. He hecho ensayos, pequeños poemas. Pero no. No siento ese afán de escribir. Tengo que procesar más lo que ha sucedido. Mi vida. A veces me pregunto si realmente es importante escribir. No sé. Hubiera preferido estar más consciente de que él estaba muriendo cuando yo escribía la novela. La obsesión por la literatura puede convertir al escritor en un ser casi inhumano. Te entregas totalmente a ella. Es irónico: uno está escribiendo sobre la vida, pero al mundo que te rodea no le pones la atención que se merece. Estoy en un momento crítico.
Podría dejar de escribir o podría hacerlo. Siempre tenía la compulsión de estar escribiendo. No me sentía feliz si no lo hacía. Ahora no.

¿Ha cambiado Nueva York de lo que nos describió en 'Luna latina en Manhattan'?

Escribí esa novela como en 1984. Ha cambiado. En cierta forma, ha perdido su alma. Es una boutique para turistas, una ciudad para gente rica.

¿Tiene relación con la generación de escritores latinos que han llegado a Estados Unidos?

No mucho. Llevo una vida casi de recluso. Me gusta la gente, pero también la soledad. Eso de las cenas, las fiestas, los cocteles, ya lo hice. Ahora no me interesa. No hago parte de la vida literaria.

¿Cree en el futuro de la novela?

La novela pasó ya por su mejor etapa. Para mí, los creadores más excitantes hoy están en las series de TV. Son mejores que el cine y más ambiciosos que la literatura moderna. La mayoría de los escritores contemporáneos tienen una visión muy reducida del mundo. Hoy se crean muy pocos personajes memorables, de esos que uno dice que nunca va a poder olvidar. Para los grandes artistas de las próximas generaciones, los grandes novelistas estarán en la TV, no en la página escrita.

María Paulina Ortiz
Redacción EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.