Caso de Assange recuerda otros episodios de famosos que buscaron asilo

Caso de Assange recuerda otros episodios de famosos que buscaron asilo

La decisión que tomó Ecuador trae a la memoria otros episodios de famosos que buscan asilo.

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22 de agosto 2012 , 11:09 p. m.

A todos nos ha llegado alguna vez en la vida una visita incómoda o inoportuna, por decir lo menos. Muchas veces hemos acudido a la vieja "contra" de la escoba detrás de la puerta de la casa para que el visitante se vaya enseguida, o lo más pronto posible, o hemos pensado en la expresión "visita larga huele feo", cuando nuestro huésped parece amañarse en casa.

No sé si esto estarán pensando los diplomáticos ecuatorianos con la visita de Julian Assange, famoso fundador de WikiLeaks, por ahora huésped ilustre de la representación diplomática del vecino país en Londres. Lleva varias semanas y, al parecer, durará un tiempo largo, mientras la flema británica se calma y, de alguna manera cordial, expida el salvoconducto para viajar al Ecuador, cuyo gobierno contradictorio lo acogió en su seno "defendiendo la libertad de prensa", que en su territorio pisotea cada tanto el presidente Rafael Correa.

Lo cierto es que este raro hacker,  que destapó secretos delicados que pusieron en aprietos a varios gobiernos, incluyendo el de Estados Unidos, no es el único huésped incómodo que ha llegado de visita larga a oficinas diplomáticas, y en estas historias de asilo figura el nombre de Colombia como cabeza y guardián del tema.

Pues ocurrió en Lima (Perú) el 3 de enero de 1949, día en que Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del partido Apra, se presentó a nuestra sede diplomática y solicitó asilo político.

Haya de la Torre fue recibido por nuestro embajador, Carlos Echeverry Cortés, quien solicitó al gobierno peruano el salvoconducto para que el líder del Apra saliera del país, a lo que el gobierno de Lima se negó porque, según su versión, "este no era perseguido político y estaba encausado por un delito común".

Vino entonces el enfrentamiento entre Colombia y Perú, que lideró nuestro canciller, Eduardo Zuleta Ángel, defensor a ultranza del asilo. "Colombia no puede asumir ante Latinoamérica la responsabilidad de enviar a la muerte a Víctor Raúl Haya de la Torre y toca al Tribunal decir que no debe ser entregado. Si no lo dice, continuaremos protegiéndolo hasta que muera o haya cambio de gobierno en el Perú", aseveró Zuleta Ángel, y se fueron a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que finalmente le dio la razón a Bogotá, pues "Colombia tiene pleno derecho para decidir el otorgamiento de asilo, y Perú debe aceptar esa decisión unilateral sin condiciones".

Cinco años, tres meses y tres días duró nuestro huésped en "la casa de amigos", como llamaron en aquella oportunidad la sede diplomática colombiana en Lima, siendo deportado a México en abril de 1954. Al día siguiente, casi iracundo, el general Manuel Odría le quitó la nacionalidad peruana a su compatriota, quien, al retirarse de la embajada colombiana, besó la bandera nuestra en señal de agradecimiento, según su testimonio.

Otro peruano: Alan García

Años después, también fue asilado político de Colombia el sucesor de Haya de la Torre en el Apra. El expresidente Alan García llegó a Bogotá para salvarse, según él, de la persecución política de su íntimo enemigo Alberto Fujimori. Duró varios años en este país y laboró como comentarista internacional de RCN radio, cargo que ejerció por invitación del entonces director de Noticias, Juan Gossaín.

Comenzó a trabajar al día siguiente de su arribo y recuerdo su retiro porque, finalmente, quería todo el tiempo del noticiero para sus comentarios interminables. Entendimos por qué en su país se le rebautizó como 'Pico de oro'.

El caso del cardenal

También fue huésped de larga duración el famoso cardenal católico Jozsef Mindszenty, anticomunista húngaro que enfrentó al régimen de manera frentera en la prensa y en la radio, por lo que fue arrestado en diciembre de 1948, y en un cuartel de Budapest sometido a torturas, a vejaciones y a peticiones de renuncia pública de su cargo eclesiástico.

Sus enfermedades ablandaron a sus carceleros y le aplicaron el arresto domiciliario. Liberado por la fugaz revolución húngara de 1956, fue llevado a Budapest, donde continuó sus alocuciones a favor de la libertad de Hungría. Al fracasar la revolución anticomunista, Mindszenty se vio obligado a asilarse en la embajada de Estados Unidos, donde permaneció por espacio de quince años.

En septiembre de 1971 fue liberado por acuerdos entre el papado y el gobierno comunista húngaro, luego de lo cual se refugió en Austria.

En 1975, a pesar de las secuelas que dejaron las torturas comunistas, Mindszenty visitó Venezuela y luego Colombia, para morir en Viena a los pocos meses de pisar estas tierras.

En estos casos, se respetó la soberanía y por lo tanto la inviolabilidad del territorio diplomático por los países acusadores.

Esta vez, los latinoamericanos nos hemos topado con palabras mayores, pues se habla de la posibilidad que tiene el gobierno de Londres para violar la norma, invocando leyes de la 'dama de hierro', Margaret Thatcher, quien alguna vez intervino a su aire, y hoy tiene en vilo a la diplomacia mundial, esperando una decisión que no va a ser, ni mucho menos, fácil para ambas naciones.

 Es la sombra de la misma primera ministra británica que, cuando el gobierno suizo reclamaba la detención del ex-dictador Augusto Pinochet Ugarte, y el gobierno francés le negaba un visado de entrada al torturador chileno, se reunía en su casa "a tomar el té" con él. Pinochet se instaló en el lujoso hotel Intercontinental de Londres, a donde llegó con pasaporte diplomático expedido por la cancillería de su país, que dirigía José Miguel Insulza, hoy Secretario General de la OEA, a la que hoy se le pide "urgente pronunciamiento sobre las amenazas de Londres", por el caso Assange.

Por último, no olvidemos los detalles que rodearon la captura en Panamá de Manuel Antonio Noriega, el 'hombre fuerte' de ese país. Estados Unidos, uno de los países que hoy está a la caza de Assange y que en aquel entonces quería la cabeza de Noriega, condecorado por la CIA por sus servicios, invadió, con la complicidad del Nuncio papal, monseñor Sebastián Laboa, la sede diplomática de la Santa Sede, de donde lo sacaron a empujones los hombres de la DEA para enviarlo a Francia, de donde regresó hace poco tiempo en pésimas condiciones.

Una última simetría histórica: el acusador del dictador Pinochet, protegido entonces por el gobierno británico, era el hoy defensor de Assange: el juez español Baltasar Garzón.

ANTONIO JOSÉ CABALLERO V.
Especial para EL TIEMPO

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