Jackie, inédita

Jacqueline Kennedy siempre guardó silencio sobre su pasado y sus años junto a John F. Kennedy.

21 de agosto 2012 , 11:41 p. m.

Arthur M. Schlesinger: El Presidente había estado interesado en América Latina. Se convirtió en un interés principal de su gobierno. Había ido a Argentina, ¿verdad? En 1939 o algo así.

Jackeline Kennedy: Sí, había estado allí. Creo que había ido a Brasil y a muchos otros sitios, ¿verdad? Pero era realmente muy joven entonces y no creo que..., no recuerdo que hablara en especial de Latinoamérica antes. Fue en realidad cuando llegó a la Casa Blanca -bueno, estuvimos allí un tiempo muy corto cuando dio su discurso de la Alianza (para el Progreso)-. Así que, obviamente, tuvo que estar pensando en ello durante la campaña, en el interregno, ¿sabes? Y, oh, y ¿te he hablado sobre él, el viaje a México, no el viaje a Venezuela? Fui a un orfanato y había una foto en el periódico aquella tarde. Todos los niños me daban besos de despedida. Y el titular era: ¿sabes?, era muy halagador, decía: "Queremos a la señora Kennedy. Mira, se deja besar por niños mexicanos". O por, ¿sabes?, niños indios. Lo que quiera que fueran. Y eso le dolió tanto a Jack por ellos que dijo: "Mira a esa gente. Uno no sabe del complejo de inferioridad que tienen, que Estados Unidos les ha dado". ¿Y no es trágico, triste, que tuvieran que escribir algo así? Vi en la visita a México, mientras se desarrollaba, cómo López Mateos realmente empezó a ver que Jack creía todas las cosas de las que hablaba: "Nuestra revolución fue como la de ustedes". Finalmente, tenían a alguien en quien podían confiar y a quien le importaban.

AMS: Esa tuvo que ser una visita emocionante, la de México.

JK: Para mí fue la más emocionante de todas.

AMS: ¿Más incluso que la de Berlín?

JK: Bueno, no fui a Berlín, ¿ves?, porque iba a tener a John-
Patrick. Supongo que Berlín fue para él la más increíble. Pero ¿entonces dónde estuve yo? París y Viena, y Colombia y Venezuela. Bueno, Viena fue increíble porque había millas desde el aeropuerto y vuelta y era un día oscuro, gris. Y solo ver aquellas multitudes durante unos cuarenta kilómetros básicamente llorando y agitando pañuelos. Aquella fue una de las muchedumbres más impresionantes que he visto. Pero, Dios mío, la película de México, la vi el otro día.

AMS: Era fantástica.

JK: ¿Sabes?, parecía una tormenta de nieve rosa; aquel papel cayendo, y los gritos de ánimo y los "vivas". Y seguían pensando sobre nuevas cosas a las que dar "vivas". "¡Viva Kennedy!", "¡Vivan los Kennedy católicos!", "¡Viva todo!".

AMS: Tenía una extraordinaria simpatía por Latinoamérica, por cuáles eran sus problemas, lo que habían tenido, lo que habían conseguido y...

JK: Y le gustaban los latinos, también. Recuerdo que me sorprendió tanto porque pensé, y se lo dije y estuvo de acuerdo, que de todos los hombres grandes que conocí cuando estábamos en la Casa Blanca o antes -piensas, está De Gaulle, Macmillan, Nehru, Kruschev-, el que me impresionó más fue Lleras Camargo de Colombia. ¿Sabes?, y Betancourt (Rómulo Betancourt), enormemente, pero Lleras Camargo, más. Era tan considerado, casi parecía no alemán, sino nórdico en su tristeza. Y su dedicación. Cada día estaba más y más delgado. Cuando vino aquí al hospital y fui a verlo, no había nada en los papeles sobre ello. Y entró tan delgado al despacho de Jack. Dije: "Tiene un aspecto horrible desde que lo vimos en Colombia". Y dijo, sí, ha hecho todo eso, trabajar por la Alianza, y dijo que volvería a ayudar. Y entonces le dije a Jack que yo siempre había tenido esta manía antes de hacer que mis hijos aprendieran francés porque me daba cuenta de que el otro idioma absolutamente multiplicaba por dos mi vida, y te hacía capaz de reunirte con todas aquellas personas que tú... Pero dije: "Voy a hacer que mis hijos aprendan español como segundo idioma". Deberíamos -si De Gaulle y todo el mundo quería tener su propia cosita- girarnos hacia este hemisferio. Y voy a hacer eso, de todas formas.

Kennedy, un lector voraz

AMS: En aquellos tiempos, cuando estaba fuera, como en la campaña de 1958 y otras, él seguía leyendo. ¿Cómo y cuándo lo hacía?

JK: Bueno, leía de la forma más extraña. Quiero decir, yo nunca he podido leer salvo que haya una tarde lluviosa o una noche larga en la cama, o algo así. Él solía leer andando, en la mesa, en las comidas, solía leer después de cenar, en el baño, solía leer apoyando un libro en la mesa en su despacho, mientras se hacía el nudo de la corbata. Ya sabes, solía leer de a poquitos, abría un libro que yo estaba leyendo y lo devoraba. Realmente, leía en todas las ocasiones en las que uno cree que no tiene tiempo para leer.

¿Solía leer en pequeñas sesiones y después recordarlo y volver y recuperar el hilo?

JK: Podía acordarse siempre de cualquier cosa que quisiera recordar. Como las cosas que usaba en sus discursos. Podías estar sentada junto a él en algún andén y de repente le salía una frase que dos semanas atrás en Georgetown te había leído en voz alta una noche, solo porque le interesaba.

Tenía la más fantástica y enloquecedora memoria para las citas, porque, aunque las recordaba, no podía recordar siempre de quién eran.

JK: Recuerdo el invierno en que estuvo enfermo. Su padre tenía una estantería repleta de libros, 'Los grandes discursos del mundo', o algo así parecido, y solía leer cada uno de esos libros, así que le pedí a su padre que se los regalara por Navidad, cosa que por supuesto estuvo encantado de hacer. Pero se los había leído todos.

¿Supones que de niño también leía mucho?

JK: Sí, sé que leyó Marlborough cuando tenía 10 u 11 años, porque en su habitación, en Cape Cod, que tuvo desde que era niño, aquellos libros estaban en una pequeña estantería que estaba junto a su cama, todos viejos, con la parte de atrás como color malva. Y siempre estaba malo y en cama. Tuvo la escarlatina. Y después, otro año, tuvo no sé si asma o un problema en la sangre, anemia o algo así, cuando fue a Arizona.

Ninguno de nosotros tenía tiempo para leer libros, y él, de un modo ligeramente acusatorio, nos preguntaba por libros que habían salido recientemente y que ninguno de nosotros había leído.

JK: Todos los domingos, arrancaba tres páginas de la sección de libros del Times y ponía una equis al lado de los que yo tenía que conseguir. Sabes, los fines de semana, todo el tiempo solía leer.

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