Esposa del 'príncipe rojo' se libra de la pena de muerte

Esposa del 'príncipe rojo' se libra de la pena de muerte

La decisión es vista como una acción 'clemente' en el país donde más se administra la pena capital.

20 de agosto 2012 , 12:08 a. m.

La abogada china Gu Kailai, esposa del poderoso "príncipe rojo" de Chongqing, Bo Xilai (caído en desgracia en abril), evitará la sentencia de muerte a la que fue condenada ayer si tiene un buen comportamiento en prisión durante los próximos dos años. Y eso a pesar de haber sido declarada culpable de planear con meticulosidad y ejecutar el envenenamiento del empresario británico Neil Heywood, socio de negocios y viejo amigo de la familia.

En un país donde la pena capital se administra sin miramientos, la decisión del tribunal ha sido interpretada por juristas y analistas como "clemente". Basta recordar que en China son
ajusticiados más reos que en el resto de las naciones del mundo juntas (Amnistía Internacional calcula que son el 70 por ciento del total) y que a menudo transcurren sólo unos días entre la sentencia y la ejecución.

En este contexto, es probable que Gu, de 53 años, consiga incluso evadir la cadena perpetua en la que se conmutaría su sentencia a los dos años si se porta bien entre rejas. Según el análisis de la asociación humanitaria "Dui Hua", especializada en asuntos penales chinos, la primera dama del otrora político con más proyección de China, podría incluso salir de la
cárcel antes de una década si el tribunal acepta los problemas médicos y mentales que alega en una revisión de la pena a la que tendría derecho dentro de unos nueve años.

"Desde 1995, alrededor del 99,9 por ciento de las sentencias como la de Gu Kailai no acabaron en ejecución y la media de encarcelamiento fue inferior a los 19 años. Podría
incluso salir de la cárcel en nueve años", aseguró la asociación. El asesinato y su investigación, envueltos en un cinematográfico velo de intrigas policíacas, corrupción y luchas intestinas entre las camarillas de poder del Partido Comunista Chino, deja abiertos muchos interrogantes.

Según medios oficiales (ya que el juicio ha sido totalmente hermético) el tribunal admitió que la abogada tendió una trampa a su viejo amigo y asesor financiero para resolver un problema económico en el que estaría implicado su hijo, Bo Guagua. Invitó a Heywood (cuya función era establecer lazos entre políticos chinos y empresas occidentales) a cenar en un hotel, se las ingenió para darle de beber cianuro mezclado con agua y, tras dejarlo inconsciente en la habitación, organizó cuidadosamente la escena del crimen para que
pareciese un accidente o un suicidio.

Posteriormente conspiró y aprovechó su poder y su influencia para tratar de evitar que se
produjese una investigación. Los atenuantes aceptados por el tribunal para suavizar la sentencia han sido el presunto desorden físico y mental de la esposa de Bo Xilai y su actitud durante la instrucción del caso, en el que habría incluso aceptado declarar contra otros imputados.

"El veredicto es justo y refleja especial respeto a la Ley, la realidad y la vida" dijo, con
una mueca sonriente Gu al conocer la sentencia. Tras una carrera de abogada y décadas del brazo de su marido, conoce como nadie el funcionamiento de la justicia en el país. El escándalo, motivo oficial para mandar al ostracismo a Bo Xilai (el político más carismático de China y quien llevaba años protagonizando una polémica campaña de autopromoción hacia las más altas esferas del poder) podría ser sólo la punta del iceberg en la crisis política más grave que sufre el gigante comunista desde la masacre de Tiananmen.
El desarrollo de la trama ha tenido lugar, además, justo antes de que inicie el proceso de transición en la cúpula del poder que afronta el Partido este otoño. Queda por ver que suerte corre ahora el propio Bo Xilai, quien parece haber sido apartado definitivamente de las esferas del poder, pero que no deja de ser uno de los "principitos rojos", descendientes destacados de los hombres que hicieron la revolución con Mao Zedong, y cuya familia aún cuenta con amplios apoyos dentro de la cúpula del Partido Comunista y del Ejército del Pueblo.

Hasta hace cuatro meses, Bo estaba considerado un firme candidato a entrar en el ambicionado Comité Permanente del Politburó Chino, la mesa con nueve butacas desde las que se manejan los destinos de la segunda potencia económica mundial y nación más poblada del mundo.

Entre círculos diplomático y de expertos se considera que, más allá del ostentoso tren de vida y las corruptelas desplegadas por su familia, lo que realmente molestó a sus  compañeros en la cúpula del Partido fue su mal disimulada ambición y el "populismo rojo"
desplegado desde los cargos de responsabilidad que ostentó en los últimos años, especialmente como gobernador de Chongqing.

Ángel Villarino
Para EL TIEMPO
Pekín

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