Piques clandestinos / Voy y vuelvo

Piques clandestinos / Voy y vuelvo

18 de agosto 2012 , 07:57 p. m.

Puedo parecer anticuado, seguramente lo soy, pero pocos actos de irresponsabilidad entrañan tanto peligro como los llamados piques clandestinos, que se practican cada semana en distintos puntos de la ciudad a altas velocidades y con no pocas veces licor presente.

El tema ha sido tan trillado que puede resultar obsoleto traerlo a cuento. Sin embargo, en la última semana, se han registrado más incidentes que involucran a los jóvenes que los practican y a la Policía que intenta impedirlos. El más reciente de ellos dejó heridos a una joven y a un agente.

La disculpa para esta actividad siempre es la misma: moda, exhibición de carros modificados y compartir una actividad que produce adrenalina y desafía a la sociedad. Pero es solo eso: un esnobismo mal entendido, pues en los piques clandestinos lo que impera es la irresponsabilidad. El pasado jueves, cerca de la media noche -y a pesar del alto flujo vehicular presente en la avenida Boyacá con 170- una horda de 'salvajes', al volante de estos bólidos, se lanzó rauda entre los demás vehículos, pasaban a centímetros, en plena carrera, como poseídos por el dios de la matonería.

Ese mismo día, gracias a la intervención de las autoridades, se logró inmovilizar a medio centenar de vehículos transformados que pretendían practicar dicha actividad en la calle 80 (también lo hacen en la Autonorte o cerca a Salitre). Según informó Citytv, en el lugar se habría detectado la presencia de bebidas alcohólicas. Pero de poco o nada sirven tales acciones; lo más seguro es que a las pocas horas los propietarios -o los papás de los jóvenes involucrados- habrán pagado la multa, tomado un curso y la próxima semana los veremos de nuevo desafiando el peligro. No hay normas que castiguen severamente a estos locos del timón.

En estas mismas páginas publicamos la crónica de Juan Camilo (5-2-2012), que quedó con terribles secuelas por culpa de esos piques. Él perdió a su mejor amigo en un accidente, otros han roto lazos familiares o han estado al borde de la muerte por una actividad que bien podría ser controlada y planificada para que se realice en sitios apropiados y bajo estrictas medidas de seguridad. ¿Por qué es tan difícil?

Bastantes dolores de cabeza afrontamos todas las noches en nuestros barrios y calles para que le sumemos una angustia más. Ni la moda, ni los carros 'engallados', ni las niñas bonitas, ni un mal entendido grito de rebeldía justifican poner en peligro la vida de los demás.

Y si a todo esto se le suma la presencia de trago, pues, como dicen por ahí, apague y vámonos. Vean lo que ocurrió con el grupo de universitarios que tras una riña y por culpa del licor, tienen al borde de la muerte a otro joven a quien lanzaron por un ascensor. Se preguntarán ustedes qué tiene que ver una cosa con la otra. Simple: esos muchachos están presos, sus familias destrozadas y sus carreras truncadas, solo por creer que en la vida se puede acelerar más de la cuenta.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
@ernestocortes28
erncor@eltiempo.com

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