Quién podrá defendernos

Quién podrá defendernos

notitle
15 de agosto 2012 , 06:34 p. m.

Todos aquí deberíamos leer la última columna de Umberto Eco en L'Espresso. Se trata de una parodia magistral, como todas las suyas, en la que avizora con espanto el regreso a la arena de Silvio Berlusconi (yo sí adoro al Berlusca), y dice que si eso pasa no es sólo por sus simpatizantes, que son muchos, sino también por sus enemigos. Por la obsesión que tienen sus enemigos con él, y que le da una vigencia y una figuración inauditas.

Dice Eco: que un orate así -y es cierto: es un orate y un sátiro, por eso lo adoro- tenga tanta influencia es también culpa de quienes vivimos siguiendo cada uno de sus pasos aun para odiarlo más. Está enfermo él, pero más enfermos estamos nosotros con esa obsesión, que es su triunfo, la fuente de su poder. Deberíamos dejar que hable solo, como los locos y los sabios, que divague y delire. Y cuando lo haga, cambiar de tema.

Pero en realidad no quería hablar de la última columna de Eco, tan nuestra, sino más bien de la primera suya que leí en mi vida, hace como 15 años. Se llama '¿Políticamente correctos o intolerantes?', y es una joya; estaba en una vieja revista, en una peluquería, la misma de Poncho Rentería. La leí maravillado. Luego, mucho tiempo después, compré el libro que la incluye sólo para tenerla y repetirla. Así me pareció de buena.

En ella se queja Eco de la manera en que la corrección política se está volviendo una nueva forma del fundamentalismo (el peor de todos, pues es inapelable, lo imponen los buenos y los justos), y refiere la anécdota de un amigo suyo, profesor en los Estados Unidos, que fue acusado de un trato desigual con sus alumnos y cayó en desgracia. ¿Por qué? Porque en el receso fumaba con algunos de ellos, lo cual significaba una 'franca desventaja' para los no fumadores. Lo acusaron y lo condenaron.

Invocando una ley que de seguro tenía las mejores intenciones -promover la igualdad entre todos los estudiantes, evitar situaciones de privilegio y discriminación-, pero que llevada a la práctica, con un criterio fanático y absurdo, propiciaba una injusticia peor que las que debía prevenir. Por una sola razón, la estupidez. No existe perversidad más dañina que la que se ejerce en nombre de las buenas intenciones.

Porque entonces no hay salvación ni apelación, repito, y empieza lo que muchas veces he reseñado aquí con angustia: el fascismo de los buenos, el fanatismo de los justos. Que no por tener un origen moral legítimo es menos dañino; y ahí está el problema. Vivimos en un mundo cada vez más represivo e inquisitorial (quién lo diría), en el que las reivindicaciones de las minorías se están volviendo un instrumento del autoritarismo y de la intolerancia.

Y llegará el día en que nadie pueda hablar ni pensar ni decir nada, ni equivocarse, porque todo, según se mire, hilando muy fino, todo es ofensivo e inmoral. O puede llegar a serlo; y ahí está el problema. Yo creo en las causas más justas, desde el matrimonio homosexual hasta las reivindicaciones étnicas, pero me aterra cuando alguien las defiende desde el fanatismo y la arrogancia. Con estupidez.

La misma estupidez que leí hace poco en una versión "digna e incluyente" del cuento de los Tres cerditos, en cuya escena final aparece el lobo declarándose vegetariano y defensor de los derechos de los animales. Tal cual.

Quizás las dos columnas de Eco sí tengan mucho que ver (Eco), y por eso, supongo, las asocié arbitrariamente: porque una sociedad abierta de verdad es aquella en la que las cosas pueden ser dichas y nadie se las toma demasiado en serio. La demasiada seriedad no es seria.

Los buenos parecen ser más, como ellos mismos lo gritan con tanto orgullo y tanta furia. No sé ustedes, pero yo ya empecé a correr.

catuloelperro@hotmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.