Editorial: El Eje Ambiental

Editorial: El Eje Ambiental

13 de agosto 2012 , 07:50 p. m.

A comienzos del 2001, Bogotá inauguró orgullosa el Eje Ambiental de la Avenida Jiménez, proyecto diseñado por el maestro Rogelio Salmona con la idea de transformar una vía caótica en un apacible bulevar para que los peatones caminaran a la sombra de árboles y junto a un espejo de agua, inspirado en el río San Francisco, que alguna vez tuvo su lecho por donde luego se levantó esta vía.

La obra, símbolo de la renovación urbana que vivió la capital a principios de la década pasada, hoy se encuentra en un lamentable estado de abandono, con sus aguas convertidas en cloacas y, lo más preocupante, sin doliente. Más allá de las posibles omisiones en su construcción o del controvertido uso que se le dio como corredor del sistema TransMilenio, es incuestionable su valor como lugar emblemático y como parte de la creación de uno de los grandes nombres de la arquitectura colombiana. Al tratarse de un espacio simbólico, en el corazón de una zona histórica, de atractivos turísticos, es inaceptable su deterioro.

Una ciudad que quiera consolidarse como destino turístico no puede darse el lujo de descuidar la que es una escala fija en los recorridos de quienes la visitan. Conservarla en buen estado, más que cuantiosos recursos, solo requiere eficiencia administrativa. Se debió haber previsto con suficiente antelación el vencimiento del contrato que garantizaba la limpieza de sus aguas.

Es hora de que las entidades distritales emprendan acciones frente al evidente deterioro de este y otros lugares representativos de la capital. Un mal aspecto que es la constante en parques y andenes por cuenta de la publicidad ilegal con carteles, el arte urbano en espacios no apropiados, la basura y su ocupación indebida por particulares. Sin olvidar el deplorable aspecto de los bolardos de la carrera 7a.

Los espacios urbanos de calidad juegan un papel central en la prevención del delito, además de contribuir a la calidad de vida de la ciudad. Una misión en la que también tienen su parte los bogotanos, cada vez con menos escrúpulos a la hora de arrojar tanto un pequeño papel como toneladas de escombros en la calle.

La administración actual ha anunciado transformaciones estructurales que todos esperamos cambien para bien la ciudad. Mientras tanto, no se pueden descuidar los detalles.

editorial@eltiempo.com.co

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