Santos y Uribe: déjenlos que se enfrenten

Santos y Uribe: déjenlos que se enfrenten

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11 de agosto 2012 , 05:56 p. m.

Dicen que el país atraviesa un momento difícil. Pero yo no recuerdo un solo momento colombiano fácil: a veces, etapas dulces para algunos; pero en general nuestra bicentenaria historia republicana ha sido de violencia, sectarismo, explotación, miedo, pobreza y poder hegemónico. El último pánico proviene del enfrentamiento entre el presidente Juan Manuel Santos y el líder de la derecha nacional, Álvaro Uribe Vélez. Algunos creen que el choque nos conducirá a la guerra civil. Otros, como el vicepresidente Angelino Garzón, promueven una asamblea constituyente que promete, entre otros milagros, la reconciliación entre Santos y Uribe.

Confieso que ni me preocupa ni me interesa esa reconciliación. Una democracia vigorosa no solo tolera, sino que exige confrontación de programas. Tanta conciliación y reconciliación conducen al adocenamiento ideológico, las mangualas, las repartijas y las complicidades. Desaparecen la fiscalización y la alternancia, se impone la asociación por intereses y la política pasa a ser un negocio ajeno a los ciudadanos y a sus problemas. Hay que acordar unas reglas de juego que convengan al país, por supuesto. Verbigracia, repudio a toda violencia, defensa de la democracia, rechazo a la utilización política de las Fuerzas Armadas y persecución de los corruptos.

Vivimos en Macondo, un país sui géneris, y la única manera de cambiarlo es aprovechando su terca y singular idiosincrasia. Uribe surgió como liberal progresista y hoy es el guardián de la caverna. Santos subió al poder como discípulo suyo y acabó convertido en blanco de sus febricitantes ataques. En Colombia no hay razones ideológicas, solo traiciones ideológicas. Durante 150 años, el sectarismo puso a guerrear a conservadores y liberales. La anestesia del Frente Nacional atenuó viejos odios, y más tarde la corrupción del clientelismo liquidó por completo el remedo de partidos que teníamos. De sus ruinas salieron -salvo admirables excepciones- unas bandas atomizadas, que se guían por intereses creados, oportunidades corruptas e ilegales y alianzas que garanticen su perpetuación y beneficios.

A la par con el naufragio de las seudocolectividades políticas, el hermetismo del sistema lo vuelve cada vez más endogámico. En una historieta de Mafalda, la niña señala que la política es como las telenovelas: los papeles cambian, pero las caras son siempre las mismas. Ni que hubiera vivido en Colombia. Varias de las más altas figuras del gabinete de Santos ya habían trabajado en los gobiernos de Pastrana (conservador) y de Uribe (opositor contumaz). Los escogidos cambian de cartera, de jefes, de ideas e incluso a veces asoman en el sector privado, desde donde exigen actuaciones al gobierno de turno. Pero, como observa Mafalda, son siempre los mismos. O sus hijos.

Aunque sea por azar, el enfrentamiento entre Santos y Uribe constituye una ocasión histórica para que el país abandone la deriva clientelista y escoja una partición de aguas ideológicas. La derecha se está agrupando en torno a Uribe y sus amigos. Lo hace -y esto tiene su mérito- a cara descubierta y con una retórica reveladora. Aspiremos a que, empujado por esta realidad, Santos dé un giro firme y construya en torno de su gobierno un movimiento progresista que atienda las necesidades y derechos populares. Que se deshaga de personajes y programas regresivos, que deje de mandar mensajes equívocos, que busque gente nueva y calificada fuera del círculo tradicional, que se alíe con sectores de izquierda moderna y que, en fin, genere una alternativa como las que ofrecen en Brasil el Partido de los Trabajadores o en Chile el Partido Socialista.

JMS ya atravesó el ecuador de su período y es hora de que abandone la actitud de paciente caballero vejado. Que se suba al ring envuelto en un programa progresista y ofrezca al país un futuro distinto. ¿Querrá? ¿Podrá?

ESQUIRLAS. Jairo Varela se fue y nos deja 232 canciones; de ellas, al menos una docena son clásicos irreemplazables. Grande, Niche.

Daniel Samper Pizano
cambalache@mail.ddnet.es

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