Editorial: La gran gesta del deporte colombiano

Editorial: La gran gesta del deporte colombiano

11 de agosto 2012 , 05:56 p. m.

Cae el telón de los Juegos Olímpicos de Londres, torneo que marca un hito muy alto en la historia del deporte colombiano y que tuvo el mejor de los epílogos con el magistral triunfo de Mariana Pajón en el bicicrós femenino el viernes pasado.

El balance para el país es excepcional. Nuestros deportistas superaron con creces los cálculos más optimistas, que hablaban de un máximo de cinco preseas. Las ocho medallas conseguidas al escribirse estas líneas no solo han potenciado el orgullo patrio, sino que ponen a Colombia como la segunda nación de mejor desempeño entre los suramericanos, apenas por detrás -y no muy lejos- de un gigante como Brasil y por encima de nuestros tradicionales rivales del área: Argentina y Venezuela.

Sobre las razones de este suceso hay que decir que el deporte encierra una paradoja. Si bien durante la competición la suerte juega un papel determinante, finalmente ningún logro se da por azar. La feliz cosecha de metales es fruto de un proyecto de ocho años, en el que ha sido fundamental el rol del hoy director de Coldeportes y expresidente del Comité Olímpico, Andrés Botero.

En este tiempo, el Estado arropó a aquellos deportistas con posibilidades de alcanzar medalla y les brindó lo necesario para que su única preocupación fuera conquistar la gloria. Un esfuerzo que, tal y como ha hecho China, entre otras potencias, privilegió disciplinas menos concurridas y más generosas en preseas.

Al tiempo, el buen trabajo de algunas federaciones, que fijaron metas, actualizaron sus métodos y trajeron técnicos de latitudes que están a la vanguardia, se sumó al apoyo decidido y continuo de departamentos como Antioquia, para que más competidores lograran las marcas mínimas exigidas para estar en Londres y así conformar una delegación robusta, con 104 representantes, que compitieron en 23 de las 36 categorías.

Esta es una diversidad reveladora del enorme talento latente en el país. Vale anotar que, a diferencia de los de otras naciones, nuestros triunfos no se concentran en una sola disciplina; hoy, sus rivales miran con respeto a los colombianos en áreas tan disímiles como las pesas, el ciclismo, la lucha y el atletismo, entre otras.

Londres también marcó una transformación no cuantificable, pero sin duda decisiva, si se quiere continuar por la senda de la victoria. Tiene que ver con la mentalidad. Cada vez son más los atletas criollos que se despojan de complejos y llegan convencidos de que sus condiciones y preparación los hacen merecedores de ocupar el lugar más alto del podio. En el deporte de alta competencia, valga decirlo, la disposición mental y emocional es tan importante como el estado físico. De ahí la importancia de tal progreso.

Hecho ese reconocimiento, es claro que el país no debe dormirse en sus bien ganados laureles. La curva ascendente debe continuar, pues el éxito en la capital británica pone el listón muy alto para Río-2016.

El siguiente ciclo olímpico comienza con los Juegos Nacionales, que tendrán lugar en noviembre, bajo la tutela de Coldeportes en su nuevo estatus de departamento administrativo, lo que le permitirá contar con el doble de recursos.

Este presupuesto, más generoso, hay que protegerlo de una ejecución guiada por criterios politiqueros y debe servir para extender el programa de apoyo integral a las jóvenes promesas y no limitarlo, como hasta ahora, a aquellos que ya han mostrado condiciones. Por su parte, a las federaciones les corresponde tener más iniciativas, que les permitan -como hace la de fútbol- gestionar dineros propios y así no depender exclusivamente del erario.

Los retos no terminan ahí. Existen varios asuntos en los que deben concentrarse los esfuerzos en estos cuatro años. Visto el panorama desde una perspectiva regional, inquieta que los medallistas provengan en su gran mayoría de Antioquia, Valle y Bogotá, mientras que la representación de la región caribe fue minúscula, apenas el 1 por ciento del total.

Preocupa también la situación de algunos deportes como las pesas, donde roces internos amenazan seriamente la continuidad de un trabajo que ha dado medallas en las últimas cuatro citas olímpicas, incluida una de oro.

Tampoco es una buena noticia que el boxeo, responsable de muchos capítulos de gloria, se encuentre hoy en franca decadencia: solo fueron tres pugilistas a Londres y con una preparación que, según los expertos, fue deficiente. De igual forma, hay que volver la mirada a los deportes de conjunto, como el baloncesto y el voleibol, hoy relegados a un segundo plano y a los que hay que apoyar en tanto son practicados por decenas de miles de colombianos.

Por último, existe un denominador común entre muchos de los medallistas, que no puede pasar de agache, y es el de que la gran mayoría de ellos tienen la huella de la violencia en su historia de vida. Esto es lamentable, sin duda, pero contiene un mensaje poderoso: lo importante que resulta brindar apoyo sólido a aquellos niños y jóvenes con talento innato en situación de vulnerabilidad. Casos como los de Urán, Ibargüen y Figueroa deben multiplicarse, pues el deporte, además de fuente de alegrías, que elevan el estado de ánimo colectivo de una nación, tiene un enorme potencial como herramienta que construye tejido social.

editorial@eltiempo.com.co

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