'Street Art' se toma los muros de Bogotá

'Street Art' se toma los muros de Bogotá

Son los artistas con más público en la historia del arte colombiano: arte gratis, lúdico.

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09 de agosto 2012 , 10:00 p. m.

Ellos firman sus obras como Guache y Toxicómano, y prefieren mantener sus rostros en el anonimato.

Su nombre poco importa. Son ellos los más engomados y reconocidos autores del Street Art en los muros de Bogotá, una corriente plástica que ha puesto a la capital en la vanguardia mundial de este arte. Jóvenes urbanos, Guache y Toxicómano han hecho de centenares de paredes y culatas de la ciudad el escenario de una exposición recurrente y efímera de un arte impregnado de humor, de crítica.

¿Qué tan fuerte es Bogotá en el contexto mundial del 'Street Art'?

Toxicómano: Es tan fuerte el movimiento que en dos años Bogotá va a marcar aún más la tendencia. Cada vez llega más gente a pintar a la ciudad, europeos sobre todo, que le abren a uno la perspectiva.

Guache: Bogotá está es rayadísima. Desde la mirada del transeúnte, no hay espacio, pero desde la mía, transformo ideas en el lienzo de la ciudad, y sí hay espacio.

¿Cómo son los orígenes de su trabajo?

Guache: Tuve dos influencias: mi papá, que hacía pintura costumbrista, y los dibujos animados. Me iba a las disqueras de la 19 a ver carátulas de discos y esa onda me influenció mucho. Después, ingresé a la Nacional a Diseño Gráfico.

Toxicómano: Empezó todo con la música, en el barrio Santa Isabel, con un parchecito, del cual han salido grupos de punk como Alerta. Hacía plantillas para tener el logo de las bandas. Nunca he sido bueno para el dibujo, me gusta recortar. El boom de la comunicación contracultural alimentó el asunto. Estudié Publicidad y siempre trato de dejar un mensaje de independencia.

¿Hay influencia del arte pop?

Guache: Sí, pero sin pensar en ello. Vi muchas cosas que eran apropiaciones del arte pop, como transformaciones, burlas, y me dije: ¡Qué bacano! Siempre me llamó la atención el lado oscuro del diseño y también me empezó a interesar la política.

¿Hacen arte político, rebelde?

Guache: Siempre estamos dando una versión de los hechos. Cuando yo estaba en la universidad, era muy afecto a los grupos radicales y a esa movida de reacción primaria frente al Estado. Pero era básicamente la reproducción de lo mismo. Entonces empecé a buscarles el quiebre a las estructuras y a encontrarme más con los libertarios, movidas menos pretenciosas, sin querer salvar el mundo.

Toxicómano: Rebeldía y crítica constante. Tratamos de hacer de la comunicación algo muy sencillo; los discursos al final resultan ser para las élites intelectuales. Nos gusta la sencillez, una frase fácil de digerir. Al comienzo todo era crítica, pero últimamente reitero el mensaje simple, con la idea de lograr un espacio en la mente de las personas.

Guache: Leía el marxismo en la 'Nacho'. Luego me gustó más lo latinoamericano. De las estructuras gigantes siempre me quedé con lo más sencillo. Las ideologías pretenden tener respuesta a todo.

¿El muro enseña?

Toxicómano: Sí. Es gratuito, la gente lo ve y lo lee, la gente está pendiente de lo que es gratis, y qué mejor espacio que la calle.

¿Cómo fue el encuentro con el muro?

Guache: Lo primero que pinté en la calle fue esténcil; después, en la 'Nacho', hacía pintas, y luego con amigos empezamos a salir y hacer consignas. Era muy bacano tomarse un trago en la calle y ya estando entonados empezar a escribir frases como de libre asociación. Luego ya me empezó a gustar el grafiti de origen europeo y gringo. Ese es un asunto territorial, yo lo siento casi como neoexistencialista, de ir a decir: '¡Yo estoy perdido en la urbe, pero existo!'.

Como quien marca, como el perro...

Guache: Tal cual. A comienzos del 2004 me di cuenta de que en Bogotá existía el grafiti y empecé a conocer a grafiteros que estaban pintando hacía rato. Salíamos por la autopista Norte haciendo bombing, que es salir con una lata y donde uno vea un espacio deja su marca.

¿Y cómo fue el proceso de Toxicómano con los muros?

Toxicómano: Lo mismo. Nos reuníamos sin plan, uno cargaba su lata y salíamos a tomarnos unos tragos, nos quedábamos sin plata y para devolvernos nos veníamos caminando, De vuelta, lo único que había era la lata. Primero, empezamos a pintar de noche el esténcil y después uno se vuelve conchudo y empieza a pintar de día. Y asume como una sintonía con la ciudad en la que uno no siente que esté haciendo nada malo.

Lo de ustedes parece arte rupestre...

Toxicómano: La pared ha sido el gran espacio, porque no se queda quieta, todos la ven y se puede volver a utilizar.

¿No tienen interés en perdurar?

Toxicómano: Creo que no. Estamos acostumbrados con el tiempo a ser borrados. Desaparecer es renovarse; a mí me gusta ese ejercicio. Como que ha crecido la conciencia pública de mirar el grafiti, se está empezando a ver el arte urbano, se está valorando.
En su trabajo es más importante la autoría que la propiedad...

Toxicómano: En el sentido de una ética toda rara, somos los que sorteamos dificultades con policías, con celadores, ¡con todos! Y vaya alguien y pinte encima de uno. Aunque el muro no es mío, es como pintarme encima...

Guache: En la naturaleza de la pintura no hay propiedad, pero la movida de pintar en la calle tiene unos códigos implícitos y la gente que pinta en la calle no lo hace de manera como tan ingenua. Colonizar un muro tiene un valor: ¡yo frentié y me lo gané!

Ustedes ocultan su identidad en un seudónimo. ¿Y la vanidad?

Toxicómano: No es el ego quien pinta; queremos que la gente se fije en la pintada.

Guache: Lo importante es la cantidad de personas que se acercan a ver una pintura. La cantidad de los que reconocen quién la pintó es mínima.

¿Convertir la calle en galería, que existan recorridos y observación?

Guache: Existe, y eso lo hacen los gringos. Hay grafitis para mochileros en Bogotá, en el centro. Ya existe todo un turismo del grafiti, eso acaba con lo efímero y transforma...

Toxicómano: Yo lo comparo con Los Simpson: Fox les paga, pero ellos le echan la madre a Fox, y al final a Fox le conviene. Son válvulas de escape, como el bufón de la corte.

Quienes lean esta entrevista se van a preguntar: '¿y estos de qué viven?'.

Guache: Vivo de hacer diseño para organizaciones sociales y doy clases en la universidad.

Toxicómano: Yo soy publicista, trabajo carátulas para las bandas, organizo eventos. Si uno es el jefe y el mensajero, el control es total.

El libro de ustedes, 'Calle esos ojos', ¿es el propósito de una memoria?

Guache: Anda uno comprando ediciones de Street Art y son carísimas. Un día dijimos: 'Hagamos el de nosotros a ver qué pasa', y nos ha ido bien.

Toxicómano: El fetichismo de tener el objeto, tocarlo. También queremos jalar a los demás. Hay más de 100 pintores en la calle.

Antonio Morales Riveira
Especial para EL TIEMPO

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