Postre de notas / Las dichas perversas

Postre de notas / Las dichas perversas

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08 de agosto 2012 , 10:07 p. m.

Debemos a la lengua alemana una palabra irremplazable, Schadenfreude, que designa el sentimiento de alegría nacido de la infelicidad del prójimo. El imbécil que acaba de insultarlo en la carretera porque usted no va más rápido hunde el acelerador y, para dicha suya, se estrella contra la parte trasera de un camión. Eso es Schadenfreude. Al sobrinito que se niega a dejarle probar su helado se le cae al suelo -¡ji ji ji!- el cono de chocolate. Eso es Schadenfreude. El odioso jefe que acaba de regañarlo en público abre un sobre y encuentra que es la carta por medio de la cual -¡qué bueno!- lo echan del trabajo. Eso es Schadenfreude: las envidias premiadas, las delicias malignas que yacen en los más oscuros y tibios rincones de nuestra alma.

El músico, periodista y humorista Tim Lihoreau (Inglaterra, 1995) ha tenido el coraje de escribir un libro en que elogia y clasifica los placeres perversos (que son muy distintos de las perversiones placenteras, las que practican los sadomasoquistas). Es un hermoso tratado que exorciza, organiza y lava nuestras vergüenzas. Lihoreau se lanza, además, a la aventura de denominar todas y cada una de las pérfidas alegrías que recopila. Es un ejercicio de etimología contorsionista que, al dotar a los rencores de nombres científicos, los eleva y engrandece. El secreto es que las llama "filias", es decir, amores, inclinaciones, que son un sentimiento positivo, enaltecedor, y no "fobias", aversiones, odios, que encarnan una degradación.

En el presente y en el próximo Postre de Notas incluiré un buen número de delicias malignas, la mayoría de ellas tomadas del libro de Lihoreau y unas cuantas -las menos- de producción propia.

Empiezo por una de estas últimas, que me he permitido llamar "clepscriptumfilia", y consiste en el placer de citar escritos ajenos sin permiso, aunque la fuente del que se toman advierta que "es ilegal reproducir partes de este libro sin autorización escrita del editor".

Veamos otros firmados por Lihoreau y traducidos y mejorados por este humilde pecho:

Antevoluptofilia: el placer de revelar adrede el final de una película como si no se hubiera hecho a propósito.

Boretofilia: el placer de demostrar que se tiene buena memoria, frente a una persona con principios de olvidos seniles.

Catumalbofilia: el placer de enterarse de que perdió un equipo de fútbol odiado.

Caofilia: el placer de obsequiar regalos ruidosos a niños ajenos.

Comsecrofilia: el placer de revelar, en uno de esos discursos que pronuncian los padrinos en las bodas, los malos hábitos personales del novio.

Carrusfilia: el placer de usar el carro para viajecitos innecesarios.

Denegarofilia: el placer de ver cómo le rechazan en el restaurante la tarjeta de crédito a un amigo pretencioso.

Flavofilia: el placer de impedir discretamente la salida de alguien que tiene urgencia de marcharse.

Forvoxofilia (muy extendida en España): el placer de hablar a gritos.

Incedofilia: el placer de preguntar a una persona que duerme si está despierta.

Lardamicofilia: el placer de vencer en un deporte a una persona menos dotada físicamente.

Legumafilia: el placer de leer por encima del hombro de alguien.(Soy víctima en grado agudo de una filia parecida: la de quienes disfrutan leyendo en la pantalla del computador el material privado que uno escribe).

Linguafilia: el placer de no entender a un extranjero que se expresa de forma perfectamente inteligible.

Locluxofilia: el placer de ver cómo pillan a alguien que se coló sin pagar boleta.

Magnordofilia: el placer de pedir mucho cuando otro paga.

Mecutempofilia: el placer de leer en el baño cuando alguien espera turno afuera.

Melesofilia: el placer de encontrarse con un antiguo condiscípulo que ha envejecido mucho más que uno.

Mutofilia: el placer de dejar que suene el teléfono sin contestarlo.

Noncordofilia: el placer de hablar duro frente a un enguayabado.

Interruptolecturofilia: el placer de cortar una lectura deliciosa, como esta, y aplazar su continuación dos largas semanas.

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