La historia de cómo Tom Cruise no pudo conquistar a Sofía Vergara

La historia de cómo Tom Cruise no pudo conquistar a Sofía Vergara

Así lo dice el prestigioso escritor Andrew Morton, quien acaba de publicar la biografía de Cruise.

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08 de agosto 2012 , 09:01 a. m.

No lo digo yo. Lo dice el prestigioso escritor Andrew Morton, el mismo que nos reveló el drama de Lady Di y que acaba de publicar la biografía de Tom Cruise, el protagonista de Misión Imposible, Colateral y Ojos bien cerrados, y el más sonoro embajador de la muy antipática secta de la Cienciología. Después de separarse de Nicole Kidman, esa mujer a la vez angelical y sensual que en la escena crucial de Ojos bien cerrados demostró que era años luz más actriz que su marido, Cruise mantuvo un romance con la talentosa Penélope Cruz.

Ambas cedieron ante la Cienciología: Kidman soportó la presión de esa oscura organización que quería imponerle a ella, a su marido y a sus hijos un estilo de vida, hasta que no pudo más; y en cuanto a Penélope, aunque tuvo sus dudas, su hermana terminó acompañando a Cruise a la inauguración de la lujosa sede madrileña de la secta, en un presuntuoso edificio frente al Congreso de los Diputados.

Cuando Penélope quedó atrás, Cruise comenzó a cortejar a nuestra Sofía Vergara (lo de nuestra lo digo en sentido figurado, que está claro que ella sólo le pertenece a ella, que semejante mujerón no puede ser de nadie). La barranquillera (killera decimos en Killa) llevaba rato abriéndose camino en Hollywood con su guapura y sus excepcionales dotes para la comedia.

No fue sencillo. Sola, con un hijo al que ha criado con sabiduría caribeña, cuando Cruise puso los ojos en ella, la larga siembra de Sofía comenzaba a rendir frutos con un par de actuaciones bien recibidas por la crítica. Según Morton, desde que la conoció en el rodaje de la cinta Four Brothers, Cruise perdió la cabeza por ella (no es para menos, porque además es deliciosamente simpática) y comenzó a cortejarla.

La persiguió en una fiesta en casa de Will Smith (otro adepto a la Cienciología), tras la gala de los Óscar de 2005. La invitaba a salir, la llamaba, le mandaba flores y chocolates y hasta organizó una reunión de ella con los niños Cruise a ver qué tal se desempeñaba como madre. Sofía pasó todas las pruebas, sobrada, pero cuando el actor quiso concretarla con propósitos de casorio, la encantadora killera le dio calabazas.

No era fácil despacharlo así: convertirse en Sofía Cruise le habría garantizado no sólo un mundo de riqueza, lujo y fama, sino que se le abrieran todas las puertas de Hollywood. Pero con mejores defensas mentales que Nicole y Penélope, y muchas más que Katie Holmes, con quien Cruise oficializó su relación meses después del rechazo de Sofía, a nuestra killera le pareció muy raro ese cuento de la Cienciología.

No es para menos. Desde los años cincuenta, la secta recluta estrellas de Hollywood para darse brillo y, según afirman sus enemigos, sacarles plata (la organización es riquísima). Eso sí, según reveló un ex integrante del grupo en The New Yorker, una vez en la organización, quien ingresa es instado a alejarse de sus familiares si estos no siguen el mismo camino.

Hay historias de trabajos forzados y semiesclavismo; pobres incautos que, una vez alienados, entregan su fortuna a la organización; persecución y sucias campañas de desprestigio contra quienes abandonan la secta y salen a contar, para no hablar de que los miembros que alcanzan el más alto nivel (tras hacer grandes donaciones al clan) tienen la ocasión de conocer la revelación del gran dictador galáctico Xenu, causante de todo el daño espiritual de nuestro mundo. ¿Dónde hay que pagar para no tener acceso a semejante historieta tan ridícula?

A una killera bacana, sencillota y auténtica, que se ha defendido por años con un buen Padrenuestro y unas Avemarías -y no le ha ido mal- ese panorama le debió de resultar aterrador. Sofía le dijo a Cruise que donde ella se metiera en la secta, seguro terminaba en el infierno, y por la contundente vía de aferrarse a su formación católica, la bella pretendida se zafó del pretendiente bestia.

Bien por ella, carajo. Miren no más cómo acabó Katie Holmes: cuando estaba hasta el cogote de la Cienciología, atormentada por lo que pudiese hacerle a su pequeña Suri, aprovechó que su marido andaba lejos rodando su próxima cinta para escaparse a Nueva York donde, en secreto, había alquilado un apartamento. Katie cambió números celulares y dirección de correo electrónico (¿cómo será la vaina?), y dejó cualquier contacto con Cruise en manos de sus abogados, que le notificaron a él la demanda de divorcio.

Mientras ese drama ocurría, nuestra majestuosa Sofía celebraba, en el libre albedrío que le concede el catolicismo, sus muy bien llevados 40, con una rumba de varios días en Playa del Carmen, en el Caribe mexicano.

Aunque sin duda Cruise le habría garantizado un atajo hacia la fama, ella se la ganó solita con el soberbio papel de Gloria en Modern family, sin tener que comulgar con la secta ni enterarse del galáctico Xenu.

Pero ahora, con la aparición del libro de Morton, además de fama se ha ganado algo más: la admiración de quienes nos derretimos por las mujeres inteligentes. En la mejor tradición de Shakira y de Marvel Moreno, aquella reina del Carnaval que escribió maravillosos cuentos y novelas, de Sofía podemos decir: tenía que ser killera.

Por Mauricio Vargas Linares

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