Editorial: Un aniversario discreto

Editorial: Un aniversario discreto

07 de agosto 2012 , 09:49 p. m.

Hace cuarenta años, un hecho sangriento opacó los Juegos Olímpicos que se celebraban por esta misma época en Múnich (Alemania). Integrantes del grupo terrorista palestino 'Septiembre negro' irrumpieron de madrugada en el edificio de una desprotegida villa olímpica, donde se encontraba alojado el equipo olímpico de Israel, y tomaron como rehenes a once de sus miembros.

Inmediatamente comenzaron las negociaciones. Tras la negativa del gobierno de Israel a liberar a 234 palestinos presos en ese país, como pedía el comando, el gobierno alemán acordó disponer de un avión para que secuestradores y rehenes viajaran a Egipto. La decisión era parte de un plan de rescate, que tiempo después muchos han juzgado como improvisado.

Como es bien conocido, el episodio tuvo un desenlace trágico. Al verse engañados, los terroristas abrieron fuego contra la policía e hicieron explotar uno de los helicópteros que transportaban a los rehenes. El hecho dejó once atletas y entrenadores, cinco captores y un policía muertos. Los juegos continuaron; solo se suspendieron actividades por un día y la consigna fue la de seguir adelante para no hacerles eco a los terroristas. En represalia, Israel lanzó la operación encubierta 'Ira de Dios', que se prolongó por veinte años y que tenía como blanco a los autores del ataque sobrevivientes y a todos aquellos que indirectamente participaron en él.

Este año, como hace veinte en Barcelona, muchos esperaban un homenaje a los caídos. Días antes de comenzar las justas, algunos pidieron un minuto de silencio durante la inauguración para recordar a los atletas y entrenadores que perdieron la vida hace cuarenta años. No obstante las solicitudes, el Comité Olímpico Internacional optó por hacer un pequeño homenaje en la Villa Olímpica, lejos de las cámaras que llevaron la inauguración al mundo entero.

Esta decisión recibió críticas de quienes vieron a un COI temeroso de alborotar de nuevo el avispero y haciéndole el quite a la muy probable reacción que un gesto de este tipo provocaría en las cincuenta naciones árabes presentes en Londres. Una vez más, la política tiene su parte en un certamen que, aunque de esencia deportiva, también es un campo de juego para la diplomacia.

editorial@eltiempo.com.co

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