Él es Álvaro, el decano de los bicitaxistas

Él es Álvaro, el decano de los bicitaxistas

Estos fueron los primeros tricimóviles que rodaron en Bogotá.

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06 de agosto 2012 , 09:14 p. m.

-Flaca, ¿pa' dónde va si usted iba detrás de mí? -reclama Álvaro Reina, de 59 años, mirando con sus ojos verdes a la compañera que se le cuela.

-Es que voy a almorzar ya -se excusa ella, llevándose a dos pasajeros.

Álvaro es el bicitaxista que más tiempo lleva entre la avenida Caracas y San Andresito de San José. "Llegué hace diez años y estos fueron los primeros tricimóviles que rodaron en Bogotá. Éramos 15 y cobrábamos 700 pesos por pasajero", recuerda. Hoy, 60 pedalistas trabajan en esta ruta.

En el parque de los Mártires, pleno centro, 20 bicitaxis adornados con banderas e imágenes religiosas aguardan por un cliente. La ruta se inicia cuando un hombre se sienta en la cabina y dice "Hágale, que voy retardado". Álvaro, con las botas de su pantalón entre las medias, "para que no se vayan a enredar en la cadena", se esfuerza para ganar la calle 11 y su cabeza oscila por los huecos del asfalto.

"Trabajé en el relleno Doña Juana y vendí frutas, pero la Policía quemó varias veces la carreta por estar en el espacio público", indica. Es padre soltero, crió y les dio estudio a sus hijas Yuli y Ana, de 21 y 18 años. "Mi último trabajo fue en una fábrica de ladrillos, pero el patrón me echó diciendo que yo, por viejo, no le servía ni para lavar el baño", agrega.

En la carrera 18, zigzaguea entre camiones para acceder a la plaza España, donde esquiva indigentes a granel.

A mero pedal

En siete minutos llega al paradero de San Andresito y el pasajero le paga 1.200 pesos. A veces, alguien paga con 5 o 10 mil pesos y no pide cambio; entonces, Álvaro besa su escapulario. En 12 horas se gana 32 mil; con eso paga 13 mil al dueño del tricimóvil, 3.500 de almuerzo y los pasajes de TransMilenio (vive enseguida del relleno Doña Juana). "Me gustaría tener un bicitaxi, pero este lo venden en 4 millones y ¿de dónde va a sacar uno todo eso?", expresa.

"¡La Caracas, la Caracas!", ofrecen los conductores. Nadie se sube. Mientras, los pilotos "engallan" las bicis, como Willi Valderrama, quien amarró los escarpines de su bebé al manubrio de la bici, como amuleto de la buena suerte.

Un cliente se monta. "Los primeros días que trabajé aquí terminaba patiabierto y con dolor hasta en el apellido", cuenta Álvaro. Gotitas de sudor bajan por su cuello. "En subida meto el cambio 'mega ranger' para que no me duelan las rodillas, porque en las dos me operaron los meniscos", revela. El recorrido termina en los Mártires. Aparca al lado de Ramón, otro veterano en el oficio.

"Que no falte la tanqueada de tinto y cigarrillo", bromea. Al desabrocharse el casco se le ve el pelo cano, pegado a la frente por el sudor. "Mis hijas me piden que deje de trabajar en esto -confiesa-, pero hay que seguir en la lucha hasta que Dios le diga a uno 'no más y hasta luego' ", sentencia.

REDACCIÓN BOGOTÁ.

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