Cine:¿Despiadado asesino o héroe circunstancial?

Cine:¿Despiadado asesino o héroe circunstancial?

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06 de agosto 2012 , 09:48 a. m.

  Un bar de mala muerte tiene como último cliente a un hombre que ya ha perdido la cuenta de cuántas cubatas se ha tomado. Los dueños del sitio, de la forma más amable, le piden que se vaya porque ha llegado la hora de cerrar. El hombre termina accediendo; y mientras afuera la ciudad ya quiere dormir, él decide que aún debe tomarse varios tragos más. Conduce un auto que lo lleva a uno de estos clásicos antros donde el rojo es el color dominante. Allí las mujeres entregan diversión y sentimientos pasajeros. Pero la gran mayoría se han ido, sólo queda una de acento colombiano, que le pide a nuestro molesto visitante que se retire porque no hay servicio; la situación empieza a calentarse, y a ella se suman dos hombres que tratan de persuadir al nocturno cliente de abandonar el lugar. Él efectivamente lo hará minutos después, luego de vaciar su arma.

Para el agente de la policía española Santos Trinidad, el incidente en el prostíbulo madrileño no genera ningún tipo de remordimiento. Por el contrario, lo único que le da vueltas en la cabeza es el paradero del testigo que podría dar aviso a las autoridades de los asesinatos que ha cometido, ese supuesto buen hombre. Inicia una exhaustiva investigación, recogiendo las pistas, revisando los archivos de la propia Policía con el fin de atar ese cabo suelto y seguir con su vida normal.

A la persecución de Santos Trinidad de ese único testigo, se suma la de las propias autoridades en cabeza de una juez, que se apersona del caso y le respirara en la nuca al protagonista de esta producción.

El gran valor que tiene No habrá paz para los malvados radica en que, a pesar de su lentísimo ritmo, de sus lugares comunes, de la falta de sorpresa y de los estereotipos, le apuesta a la fuerza interpretativa y al talento de su gran protagonista. El actor José Coronado ―a quien habíamos visto en otra estupenda cinta de 2002 llamada La vida de nadie― logra imprimir un excepcional realismo, despierta en el público la sensación de juez acerca de la verdadera naturaleza del personaje: un despiadado asesino o un héroe circunstancial. Su actuación no tiene peros, genera admiración y soporta todo el peso dramático de la historia, navegando por diferentes géneros y llevando el largometraje a buen puerto para un resultado muy satisfactorio, que debería servir de ejemplo para todos aquellos que pretenden ser actores.

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