El golpe de Estado: mala reputación en América Latina

El golpe de Estado: mala reputación en América Latina

El golpe de Estado es una de las prácticas que más le ha costado superar a América Latina.

02 de agosto 2012 , 08:39 a. m.

Lo señaló con autoridad literaria Curzio Malaparte, el célebre intelectual italiano de origen alemán en 1931 en su obra Tecnica del colpo di Stato: el golpe de Estado no es otra cosa que el "recurso de poder cuando se corre el peligro de perder el poder". Y ha agregado con acierto parcial Modesto Emilio Guerrero que el Coup D'etat, como también se le llama, "ha sido el recurso utilizado por las clases dominantes, cuando se les agotan los recursos de dominio constitucional y democrático" (www.aporrea.org/tiburon/a20731.html).

Sin embargo, para no quedar por fuera del tono operístico que implica la violencia política ejercida en nombre de las ideologías románticas, habría que anotar que los grupos beligerantes de oposición también lo han ejecutado, apelando simplemente a un proceso más amplio y complejo: la revolución.

El panorama de una posible vuelta del golpe de Estado como técnica para deponer o defender el poder a toda costa no se ha extinguido, cuando desde el siglo pasado se cuentan más de 330 en el vecindario: una ligereza parlamentaria en Paraguay condenó recientemente por sus errores al gobierno de izquierda de Fernando Lugo, sin tiempo real de aclarar su situación ante su país y el mundo; en 2009 una situación de facto forzó en Honduras al exilio al presidente Manuel Zelaya, protegido solo por su sombrero; en 1992 la insurrección militar de Hugo Chávez se convirtió en golpe mediático y punto de partida de la revolución bolivariana del siglo XXI al advertir por televisión que su derrota era temporal (luego él mismo, con rabo de paja, condenaría los intentos del imperialismo por deponerlo que terminarían afianzándolo en su cargo, como sucedió con la revolución cubana tras el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos en 1961); o ese mismo 1992 en que Alberto Fujimori se propinó un "autogolpe civil" en el Perú, que le permitió concentrar y corromper el poder en pro del orden.

Incluso hace poco en Colombia, uno de los países de mayor estabilidad institucional, orgulloso de su bicentenario de independencia (1810-2010), con un parte democrático por encima del promedio de sus vecinos a pesar de su prolongado conflicto interno, vio como un grupo de militares en retiro amenazaba al presidente Juan Manuel Santos, quien de no cumplir con su mandato podría ser depuesto, en una clara muestra de oposición a los cambios de estilo de gobierno tras la era del reelecto presidente Álvaro Uribe. ¿Sería este un nuevo golpe de opinión, como aquel que le permitió llegar al poder al general Gustavo Rojas Pinilla en 1953?

A pesar de estas amenazas un repaso al desarrollo democrático en América Latina nos recuerda que ella tomó parte de la "tercera ola de la democracia", como lo observó el desaparecido profesor de Harvard, Samuel Huntington, en su libro The Third Wave: Democratization in the Late Twentieth Century, donde describió hacia 1991, tras el fin de la Guerra Fría, la experiencia de más de 60 países que prefirieron la democracia liberal a los autoritarismos de izquierda o derecha, eligiendo así evitar la posibilidad de volver a experimentar los totalitarismos que en cabeza de Hitler o Stalin estremecieron al mundo. Para inicios de la década de 1980 los golpes militares desaparecieron casi por completo en el continente, aunque ininterrumpidamente se han presentado cuartelazos, amenazas, asonadas y actos violentos contra el poder instituido, barriendo desde la Argentina hasta México, pasando por Panamá, Ecuador, Haití o Bolivia, el país al que la estadística del uso de la fuerza es el que menos favorece.

Como lo vuelve a precisar Guerrero respecto a los golpes de Estado en las últimas dos décadas: "ya no son tantos los que se atreven (sobre todo, porque casi ninguno triunfa y si triunfa no se sostiene), ni fueron tan pocos quienes lo intentaron. Uno cada casi dieciocho meses".

Por estas razones, y por lo mismo que los golpes de Estado como los emprendidos por la extrema derecha antisocialista en Chile en 1973, el de la clase militar desarrollista en Brasil en 1964, o los perpetrados por las dinastías familiares en asocio con terratenientes y militares en Centroamérica con apoyo directo o indirecto de los Estados Unidos nos parecerían hoy caricaturas, vale la pena valorar la democracia que tenemos.

Pese a la persistencia de problemas estructurales y sociales ligados a la cultura política de América Latina, por ejemplo para Dieter Nohlen, profesor alemán emérito de la Universidad de Heidelberg, es relevante hacer una lectura de los elementos favorables del proceso transicional, desde la consolidación paulatina de la democracia que refuta los enfoques negativos que consideran deterministamente a la región como un escenario de democracias defectuosas,donde se cataloga la existencia democrática más desde sus fallas que desde sus logros o juzgando el concepto dedemocracia no necesariamente con un rigor operativo que autores como Robert Dahl (1971) han definido entre elementos de participación (elección) y oposición (pluralismo).

Según Nohlen, un elemento de coincidencia es que la transición a la democracia incluyó, en primer lugar, la introducción de una competencia libre y pluralista de partidos políticos y de elecciones universales y libres para ocupar mandatos y funciones públicas en periodos reglamentados.

En su libro La democracia, publicado en Bogotá por la Universidad Javeriana en 2009, Dieter Nohlen añade que "no es que exista el peligro inminente de una involución, o sea de una sustitución de la democracia por un régimen autoritario como en tiempos anteriores. Lo que sí se observa son más bien fenómenos tendientes a desviar el ejercicio del poder de los padrones de la democracia representativa, tendencia incluso apoyada por el voto de los ciudadanos. Vale destacar: el ciudadano puede votar en contra de la democracia representativa".

Según el historiador venezolano Virgilio Rafael Beltrán en 1968 el 62% de América Latina, África, Oriente Próximo y Asia Sudoccidental estaban gobernadas por dictaduras militares. Modesto Guerrero precisa que América Latina se "destacó" solo porque la casi totalidad de esos regímenes surgieron de golpes de Estado, mientras que en las otras regiones las guerras, la aparición y desaparición de Estados, las revoluciones y la literatura política al estilo de Malaparte eran los medios más ortodoxos.

Vale la pena así recordar una vez más las propuestas de Nohlen:promover o mantener la centralidad del sistema representativo, de los órganos de votación popular y los partidos políticos; reformar las instituciones políticas para generar más transparencia y responsabilidad (Accountability);recuperar la fe y evitar el desprecio en las instituciones; y reorientar el capital social y la cultura política, haciéndolos más igualitarios en términos de cooperación, bien común y acción individual, combatiendo el clientelismo, el prebendalismo y el favoritismo que soportan la corrupción.

Por José Alejandro Cepeda
joscep@yahoo.com
Periodista y politólogo. Docente de la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana (Bogotá) y del Instituto de Altos Estudios Europeos (España).


 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.