Las viudas de la revolución en Siria

Las viudas de la revolución en Siria

Las viudas de la revolución en Siria

01 de agosto 2012 , 11:46 p. m.

Nadine* no quiere dar mayores detalles de su vida. Lo máximo que se atreve a decir es que procede de Al Qusayr, que tiene seis hijos, tres hombres y tres mujeres, y que su marido, ya viejo, se quedó cuidando lo que queda de su casa en aquella población siria, a 12 kilómetros de la frontera con Líbano donde el Ejército ha librado una de las mayores batallas para controlar a la oposición armada.

"Mi marido y dos hijos, uno de ellos de 17 años, están todavía al otro lado ayudando al Ejército Libre de Siria. Si estuvieran conmigo daría la cara y le contaría al mundo de frente las cosas horribles que están pasando allí", dice esta mujer valiente, vestida con una túnica morada y un pañuelo blanco que le cubre la cabeza.

"Una de mis tías habló con una televisión y el régimen la descubrió. Fueron a su casa y mataron a su hijo, el otro está desaparecido y al tercero le sacaron los ojos. Por eso yo no quiero que me tome fotos ni que diga mi nombre", repite Nadine, mientras la observa un grupo de ocho mujeres de su familia -la mayor tiene 80 años y la menor 16-, sentadas en los colchones que hacen las veces de sofás en un pequeño salón desabrido que ha terminado por ser su casa.

El único hombre presente es su hijo mayor, de 28 años. Lo envió hace meses al Líbano para mantenerlo alejado de los combates.

"Si todos los hombres mueren, entonces las mujeres estaremos perdidas. Alguien tiene que trabajar, pero, si por él fuera estaría al otro lado luchando", agrega Nadine, que huyó de los ataques de los aviones y helicópteros sirios.

Además, cuenta, no tenían luz. El agua escaseaba al igual que la comida. "Ayer me llamó mi hijo y dijo que no tienen nada que comer. Ni siquiera pan. Sin embargo, él sigue convencido de su lucha", cuenta esta mujer de 52 años, que explica que mantienen comunicación telefónica.

Historias como la de Nadine se escuchan en muchos pueblos del norte del Líbano, donde han buscado refugio miles de familias, especialmente conformadas por mujeres, que huyen de la crudeza de este conflicto que, según han recalcado las organizaciones humanitarias, ha sido muy duro para mujeres y los niños.

Según cifras de la oficina de refugiados de la ONU (Acnur), las mujeres y los niños representan alrededor del 78 por ciento de los refugiados en el norte del país. De los 31.000 refugiados registrados en el país -se cree que hay más de 60.000 en todo Líbano-, más de 28.000 se han establecido en esa región.

"Llegan muy perdidas buscando ayuda. En sus ojos se les puede ver lo duro que han dejado atrás", cuenta un trabajador social de la zona, que pide no dar su nombre.

"Los hombres que están con ellas son viejos o que han tenido problemas serios durante la revolución y se recuperan a este lado", cuenta este hombre, que dice que algunas de las historias más duras las vio el invierno pasado en la población de Arsel, en las montañas del valle de la Bekaa, cuando la capa de nieve subió y alcanzó los tres metros.

Mujeres buscan sobrevivir

Una mañana, cuenta, vio a una familia de alrededor de 35 mujeres frente a la alcaldía del pueblo. Llevaban toda la noche allí con sus pertenencias en la calle. "La que las lideraba era una mujer de 30 años cuyo marido había sido asesinado por el Ejército hacía poco y que había decidido sacar a toda su familia. Tres de ellas habían quedado viudas días atrás y las otras tenían a los maridos combatiendo al otro lado", cuenta este hombre, quien después de muchos ruegos logró que la mujer de de su historia nos recibiera en su casa y hablara.

"Mis cinco hermanos todavía están peleando", dice Mona* para luego denunciar que cada vez quedan menos hombres, porque muchos han sido asesinados. "La situación es muy mala porque los chabihas (milicias paramilitares), los perros de Asad -por el presidente Bashar al Asad-, entran a las casas, destruyen todo y matan a los niños, a los hombres y nos violan", cuenta esta mujer.
Ella, gracias al proyecto de la agencia de refugiados de Noruega pudo encontrar un lugar para su familia.

Una de las grandes dificultades que encuentran estas refugiadas es hallar dónde instalarse, pues el gobierno libanés tiene prohibida la creación de campos de refugiados.

Bajo estas circunstancias, el Comité de refugiados noruego (NRC, por sus siglas en inglés) ha puesto en marcha un proyecto donde se trabaja con familias libanesas para que cedan un espacio a los sirios que han cruzado la frontera.

"Hemos arreglado casas de familias libanesas para que los sirios se puedan quedar allí. De esta manera, los que llegan tienen dónde vivir y los libaneses habrán mejorado las condiciones de su vivienda cuando ellos se marchen", cuenta el representante de NRC, Mad Almas, que como otros representantes de ONG que operan en Líbano, expresa su preocupación si el conflicto en Siria se extiende y más personas cruzan la frontera en busca de refugio.

"Yo las convencí de que viniéramos al Líbano días después de que yo quedé viuda y nuestra casa fue atacada con proyectiles", cuenta Mona.

Y describe que el día que decidieron huir tuvieron que caminar de noche hasta la frontera -ayudadas por combatientes- y una vez en Líbano continuar hacia Arsel.

Ahora, cuenta, el miedo es que la guerra siria se extienda al Líbano. Desde hace semanas es común escuchar asaltos con tanques desde el lado sirio y también se han conocido casos en los que el ejército de Bashar al Asad ha cruzado la frontera para atacar puntos libaneses.

A pesar de las protestas del gobierno libanés, que ha empezado a desplegar más tropas en la frontera, la verdad es que ninguno de los refugiados se siente seguro.

"Los pocos que estamos en este sector hacemos guardia para cuidar a las mujeres cada noche", asegura un hombre de 40 años que acepta hablar, pero si se le permite no ser identificado. Sus hermanos y sus cuñadas, cuenta, todavía están al otro lado.

"Yo intenté pasar a buscarlas para traerlas, pero el Ejército me capturó y me torturó por días. Logré huir saltando por una ventana", dice, mientras muestra su espalda llena de cicatrices profundas.

Ahora vive junto con su madre, sus tres hermanas, su mujer y los niños de todos, bajo una de las pocas tiendas del norte del Líbano que están ubicadas en los linderos de una mezquita. "Debido a que es una propiedad privada tienen permiso para tener 10 carpas, no más", explicó el trabajador social.

"Yo me traje a mis hijas cuando vi la barbarie que estaba cometiendo el Ejército y los chabihas. Sentía que algo peor nos iba a pasar", dice la madre, que todavía tiene cuatro hijos peleando en Siria.

"Yo los apoyo para que acaben con ese hombre sin religión. Prefiero perderlos a tener que aguantar más este régimen que lleva 42 años controlando el país para provecho de sus intereses", agrega esta mujer sunita, como el resto de las refugiadas en estos pueblos, en referencia al régimen de Asad, de confesión alauita.

"Estoy dispuesta a sacrificarlos por mi país", dice al terminar la conversación. Lo mismo había dicho Nadine, que también añadió que si pudiera mandar a sus hijas a combatir lo haría.

* Nombres cambiados.

¿Atraerlos y matarlos?

Las mujeres quieren volver a sus hogares

"Al final -cuenta Nadine- nos quedan pocas alternativas. Por eso he pensado que una manera de ganarles es quitarnos el velo, levantarnos la falda, atraerlos hacia nosotros pensando que podrían tener sexo y luego matarlos como hacen ellos con las mujeres y los niños". Porque lo único que esperan todas es volver a casa pronto y reencontrarse con los suyos. "Tendremos que reconstruir todo, pero no importa", concluyó Nadine.

 

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