'Esta medalla fue una emoción indescriptible': Yuri Alvear

'Esta medalla fue una emoción indescriptible': Yuri Alvear

La dueña del tercer metal de Colombia en Londres-2012 cuenta cómo hizo para ganarlo.

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01 de agosto 2012 , 08:52 p. m.

La emoción que sentí cuando se acabó el combate y fui medalla de bronce fue indescriptible. Me tiré al piso y comencé a llorar, a sacarme los nervios, a despojarme de la ansiedad que en algún momento se me metió en el cuerpo. Me acordé de mi familia, de mi país y de Dios, quien finalmente fue el que me puso en ese tercer cajón del podio.

Haber ganado la medalla en los Juegos Olímpicos me dice que debo darle gracias a Dios, pues tenía este plan para mí. Los dos primeros combates en los 70 kilos del judo fueron tranquilos. Dominé bien a la brasileña Martha Portela y a la angoleña Antonia Moreira, pero luego se me vino la noche.

Sabía que la francesa Lucie Dacosse era la más peligrosa, pues es la actual campeona del mundo. Entré confiada, pero a la vez con un poco de temor. Ella me sorprendió y en 10 segundos quedó mi ilusión por el piso. Ella también se preparó y contrarrestó mi estrategia. Lloré, no quise hablar con nadie, pero me desahogué, me saqué ese peso de encima y le pedí a Dios que me ayudara para ir por el bronce. Así fue.

Dos victorias más y la medalla estaba ahí y me fui con todo. Primero, vencí a la eslovaca Raska Sraka y luego vino el combate que me daba el bronce, contra la china Fei Chen. Uff, difícil. Había perdido dos veces con ella y no la quería de rival, pero me tocó. Por eso le hice barra a la alemana Kerstin Thiele, pero no fue así.

Con mi entrenador, en el combate final, manejamos todo con frialdad, con inteligencia: eso fue clave. Comencé a marcar y cuando estaba arriba, lo que hice fue manejar el ritmo, que pasara el tiempo. Le había dejado todo en manos de Dios. He notado que del Mundial de París del año pasado, donde no me fue bien, a estos Juegos Olímpicos, me he sentido confiada en mis cosas, en lo que he aprendido y en lo que mi entrenador ha planificado. La confianza en Dios, haberlo invitado a que hiciera parte de mi vida es lo que me ha cambiado y él me dio la tranquilidad que tuve en el momento clave.

Faltando un minuto para terminar el combate con la china, no podía arriesgar y la idea fue detener el combate. Esos momentos fueron complicados, un error podría haber dado al traste con mi meta y por eso tocó bajarle al ritmo.

Había algo a mi favor: mi rival estaba cansada, ya no estaba tan fuerte. Había perdido en la semifinal en una pelea que se alargó y yo había llegado con los enfrentamientos terminados en el tiempo reglamentario.

Antes de ingresar al tatami, el sitio del combate, le imploro a Dios que me ilumine, que me dé fuerza para ganar. No es el momento más feliz de mi vida, pero sí uno de los más emocionantes. Quiero que todo el país y mi familia lo disfruten.

Yuri Alvear
Para EL TIEMPO

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