Después de 80 años Quino confiesa ya no tener mal humor

Después de 80 años Quino confiesa ya no tener mal humor

Quino aceptó charlar con Miguel Rep de todo y de todos: Mafalda, los cumpleaños y su salud.

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30 de julio 2012 , 11:29 p. m.

Antes de cumplir 80 años, Quino confiesa haberse puesto de muy mal humor. "Tenía un humor de mierda", resume el padre de Mafalda, sin tenerles miedo a las malas palabras.

Quino es un hombre encantador, que camina con pasos cortísimos, casi deslizándose sobre el piso, un Chaplin de la vejez, y que dice mucho carajo. Ese es Quino, entre tantas otras cosas.

"Estuve deprimido, medio jodido, de todo. Pero ahora que ya cumplí los 80 todo eso se fue. Ya no me pasa nada con la edad", aclara, ante la mirada atenta de Miguel Rep, su colega y amigo, prácticamente uno de los hijos que nunca tuvo, con el que ahora comparte -a pesar del conocido gusto de Quino por un buen vino- un par de porrones de cerveza. 

El lugar es el  living  del departamento que Quino y su mujer Alicia tienen en el centro de Buenos Aires. La hora es al final de la tarde, luego de una tanda de firmas en la Feria del Libro Infantil porteña. Y la excusa para la reunión, por supuesto, es un cumpleaños con números tan pero tan redondos.

"¿Siempre los números redondos ponen así, de mal humor?", quiere saber Rep, quien asegura guardar aún una tarjeta con la que Quino, dos décadas atrás, lo invitó a celebrar sus sesenta. "No", responde enseguida Quino. "Nunca les di bola a esas cosas. Porque en mi familia nunca se festejaron los cumpleaños. Algo que a Alicia la hace sufrir mucho, porque siempre me olvido de esas fechas".

Quino recuerda que el primer cumpleaños que le celebraron fue recién después de que murieron sus padres, cuando ya estaba viviendo con su tío Joaquín Tejón, dibujante publicitario gracias al cual el pequeño Joaquín Lavado decidió dedicarse a lo que lo llevó a ser Quino.

Cada vez que nombra a su tío, Quino mira hacia un cuadro de ese otro Joaquín que está colgado en una de las paredes del  living. "Fue mi tía la que me festejó mi primer cumpleaños", precisa.

Quino no es Manolito. Ni Mafalda. Ni Libertad. Sino que tiene partes de todos los personajes de su tira más famosa. Hasta de Susanita porque, como ha contado más de una vez, es un fanático de los chistes. Para demostrar que también tiene algo de Miguelito, siempre recuerda cuando vivían en una pensión con Julián Delgado y de pronto le preguntó: "¿Cuánto pesa un árbol?". "Por qué no te vas a la puta que te parió", fue la indignada respuesta de su amigo, harto de semejantes delirios. Amigo del alma de Quino, con Julián se dejaron de hablar luego de una disputa sobre los primeros originales de Mafalda.

"A los seis meses de publicar la tira en 'Primera Plana', me la pidió un diario de Bahía Blanca. Entonces fui a hablar con Julián, que era el secretario de redacción, y me dijo que los originales eran de la revista, no míos. ¡Mi amigo de toda la vida me dijo eso! Fue un dolor enorme. Así que fui al archivo, le pregunté al cadete si tenía mis originales y él me los dio... ¡y por eso estos carajos lo echaron! Ahí fue cuando dejé 'Primera Plana'".

R.: ¿Los sigue teniendo?

Q.: Casi todos. Pero el tomo siete de Mafalda se perdió todo. Un cadete se lo olvidó en un taxi. Y desde entonces nunca ha reaparecido.

R.: ¿Mafalda significó la tranquilidad del trabajo fijo?

Q.: No, porque el trabajo fijo ya lo tenía antes con las páginas de humor. Antes de Mafalda llevaba unos once años publicando, así que estaba tranquilo con eso...

R.: Y continuó con esas páginas mientras hacía Mafalda...

Q.: Sí, era una locura. Pregúntenle a Alicia, nunca sabíamos cuándo podíamos salir de vacaciones. Yo siempre viví obsesionado con la entrega. Hasta el sexo conocí muy tarde por la puta obsesión de ser dibujante y publicar... 

R.: Ser dibujante es una renuncia a vivir. Aunque ahora debe ser más fácil.

Q.: Bueno, ahora los chicos hacen sus blogs. Publican ahí sus ideas y no los jode nadie. Bah, tampoco les paga nadie.

R.: Antes dependías de que una revista te aceptara, y no era que te salvabas. Todas las semanas rendías examen.

Q.: Con las primeras páginas que publiqué metí la pata. Dibujé un torero que había matado a un toro y estaba con la montera puesta. Un lector mandó una carta tratándome de bruto, como no sabía que el torero dedica el toro a alguien antes de matarlo y le arroja la montera. Eso me marcó. Por eso después me transformé en un obsesivo de la documentación.

R.: Es que el lector cuando se ensaña puede ser tremendo. Te está diciendo sos un bruto, te voy a seguir con la lupa.

Q.: Recuerdo que para dibujar una máquina de cortar fiambres me iba a verla al almacén. No me salía, y Crist me decía que la inventara. Pero le intentaba explicar que no tengo imaginación para inventar eso. 

Apenas pudo, Quino dejó las revistas de humor y pasó a publicar en revistas de actualidad. Algo que confiesa haber elegido porque -calcula- su humor siempre tuvo poco que ver con lo que se estaba haciendo en la Argentina. "Se hacían chistes sobre las suegras y la oficina, cosas que en Mendoza no había. Bueno, gente que trabajaba en oficinas siempre hubo, pero yo no frecuentaba ese mundo", recuerda Quino.

"Quino es un renovador del humor argentino", apunta Rep. "Mientras dibujantes como Calé miraban solo hacia adentro, él miraba hacia afuera." 

Q.: Calé siempre me decía eso: "Pibe, vos siempre estás en la vereda de enfrente. ¿Qué tiene que ver lo que vos hacés con la Argentina?".

R.: Siempre dijo que tenía miedo de que alguna vez no se le ocurriese nada...

Q.: Es un terror que uno siempre tiene. Lo más angustioso que me acuerdo fue una vez que nos fuimos de vacaciones al Uruguay, a La Paloma. Tenía que mandar Mafalda a  Siete Días , y no se me ocurría nada. Pasé una angustia espantosa esos días ahí.

R.: ¿Cómo lo solucionó?

Q.: Hice una tira que no me gustaba nada, que después mirándola no te das cuenta si es mejor o peor que otras. Pero en el momento la entregué con mucha vergüenza. Porque uno a veces entrega con vergüenza. Y otras veces uno tiene una idea con la que se entusiasma, y está esperando que salga para ver qué te dicen los amigos, y nadie te dice nada de nada.

R.: ¿Cuál fue esa Mafalda que entregó con vergüenza?

Q.: Una en que Manolito descubre que los ratones le están comiendo un queso. 

El problema con la censura, cuenta, era que no estaba claro qué se podía hacer y qué no.

Lo peor de todo lo que alguna vez sucedió con sus dibujos, cuenta Quino, llegó después de que hubiese abandonado Argentina, huyendo de la violencia de los años 70. "Yo me fui en marzo del 76. En junio mataron a cinco curas palotinos, y dejaron encima de sus cuerpos el póster del palito de abollar ideologías. Cuando vi por primera vez esas fotos publicadas mucho después de que se fueron los militares, creo que en 'Página/12', fue algo que me impresionó muchísimo." 

R.: Es horrible que sus dibujos estén asociados a una muerte de ese tipo.

Q.: No fue la única vez. También sucedió luego del asalto de un banco por parte de la FAL, en el que murió un policía. Tiraron como volante una página mía que había salido en 'Primera Plana', en la que aparecía un tablero de ajedrez en el que las piezas eran personajes humanos. De un lado había obreros y del otro, los ricos, y aunque los obreros eran más, el texto decía: "Juegan las negras y hacen mate cuando les da la gana".

Cuando dibujaba regularmente sus chistes, Quino podía llegar a cargar con una idea durante años. La guardaba sabiendo que servía, pero que no le había encontrado final. Muchas de esas ideas, asegura Quino, quedaron sin terminar.

R.: ¿No tiene la fantasía de dibujarlas alguna vez?

Q.: ¿Ahora? Es que, como estoy viendo tan mal, pensar en eso me jode mucho. No veo bien lo que dibujo. Antes para dibujar un ojo, que es un puntito de mierda, borraba diez mil veces. Qué cosa eso de los ojos, en el dibujo es nada más que un puntito, pero uno se da cuenta cuándo funciona y cuándo no...

R.: ¿Cómo es ahora dibujar? ¿Qué se ve?

Q.: Se ve como el culo, así se ve. No veo los límites del papel, tengo que poner en la mesa de dibujo un paño oscuro y pongo el papel arriba, porque si no no puedo ver los límites.

R.: ¿Dibuja de memoria?

Q.: Escribir de memoria puedo, pero dibujar no. R.: ¿Así que existe la posibilidad de que nunca más pueda dibujar? Q.: No lo sé. Cada tanto me pongo a dibujar, no quiero dejar de hacerlo. Pero le rajo al tema. Soy como un tenor que tiene problemas en las cuerdas vocales. Se pone a cantar y escucha que le está saliendo como el culo.

R.: ¿Ya no tiene ese cuaderno al lado de la cama, para anotar las ideas que se le ocurren cuando sueña?  

Q.: Las ideas que soñé siempre fueron muy malas, nunca me sirvieron para nada. El cuaderno era para anotar esas ideas que uno se pone a pensar antes de irse a dormir, como le sucede a todo el mundo. Ya no las anoto. Ahora me las quedo para mí.

MARTÍN PÉREZ
Especial para EL TIEMPO Buenos Aires.

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