Exclusivismo deportivo

Exclusivismo deportivo

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27 de julio 2012 , 06:18 p. m.

El torneo profesional de fútbol copa casi del todo el cubrimiento periodístico, en perjuicio de otros deportes que posiblemente crecerían más de ser más difundidos. Sin desconocerle su maravilla ni menos su presencia mundial y nacional, mucha sección debería presentarse como futbolística y no como deportiva.

Si la atención que recibe el fútbol profesional es de tan monopólica dimensión, como deben ser comparativamente su rentabilidad e impacto publicitario, tales deberían ser su evolución y categoría, que no salen bien libradas frente a otras del continente, ni en asistencia a mundiales, olímpicos y triunfos de sus selecciones y clubes en torneos internacionales.

No puede entonces pedirse lo mismo al básquet, vóley, natación, atletismo, al ciclismo que antes movió muchedumbres y produjo campeones, que pasan casi desapercibidos. Se verá cómo le va al deporte en la Olimpiada, aunque su espíritu sea más de participación que de medallería.
 
Con igual excepción, el deporte es descuidado aquí como elemento de desarrollo social, esencial en la pedagogía, en la cual por ejemplo la gimnasia siempre ha sido básica. Es llamativo que la figuración deportiva se dé como superación personal excepcional, raramente como rendimiento colectivo en medios sociales más aptos, como colegios y universidades, clubes, con recursos institucionales y jóvenes con disponibilidad para hacer el aporte que otros como ellos dan en otras sociedades, a las que sí imitan en tonterías; sin hablar de la responsabilidad del Estado, que desperdicia ese potencial de socialización y solidaridad.

Fuera el deporte lo que debe ser en Colombia, su juventud dispondría de alternativas para la ociosidad, la picardía y el vicio; en fin, otra muestra de atraso e ineptitud dirigente.

El deporte es disciplina, esfuerzo, cooperación, sobre todo  'fair play', de lo que a veces el fútbol profesional criollo no es gran ejemplo. Como tradición de asociación, como equilibrio entre físico e inteligencia, el deporte corrige tanto el biologismo extremo de la imposición del más fuerte como la idealización desentendida de la instintividad; de ahí, la sanidad mental y corporal como lo mismo, ejercicio y deporte como panacea, emulación y honor importantes en la realización humana, escuela de solidaridad y caballerosidad en vez de matoneo y guerra.

El olimpismo añora una civilización que concilió lo natural con lo espiritual, como su eximia escultura lo exhibe, su cultura, como exaltación de la virtud. Homenaje a la divinidad, los juegos eran también el laurel y el himno a la hazaña, nada que ver con el encumbramiento farandulero y mercantil de un canon convencional y excluyente de belleza, ni menos con la exaltación de la fuerza bruta, de la que la humanidad tiene permanente y pavorosa ilustración.

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