'Cachafaz', el bailarín que a sus 78 años homenajea a la noche caleña

'Cachafaz', el bailarín que a sus 78 años homenajea a la noche caleña

Es el único de sus contemporáneos que todavía 'tira paso' de una época marcada de tango y Caribe.

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25 de julio 2012 , 08:55 p. m.

Édgar Fajardo, o 'Cachafaz', como a él le gusta que lo llamen, tiene 78 años y pertenece a la segunda generación de bailarines de Cali, que construyeron el legado salsero de hoy y se inspiraron en los ritmos cubanos, aprendidos en las películas mexicanas. De sus contemporáneos es el único que todavía tira paso, a pesar de tres operaciones pendientes; una de próstata, otra de un cálculo gigantesco y una hernia inguinal que lo obliga a usar una prótesis que le permite bailar con su pareja, Leidy Johann, 'la Exótica', de 27 años. En su larga vida de rumbero domina siete artes: bailarín, cantante, declamador, animador, fonomímico, compositor y poeta.

Fajardo nació en la aldea Tres Esquinas de Tuluá el 13 de mayo de 1934. Su familia se trasladó a Cali cuando a su padre, Rafael Fajardo, maestro de escuela, lo asignaron como director de la escuela del barrio El Piloto, en la carrera primera con calle 22. Rafael, casado con Etelvina Oliveros, con quien tuvo ocho hijos, llegó a vivir a este barrio.

'Cachafaz' empezó su carrera artística como bailarín, en 1948, bajo el apodo de 'Frijolito'. Hoy, de su generación, muy pocos quedan vivos y otros están retirados de las pistas: el 'Negro' Domingo, Carlos Valencia, 'Chocolina', Jaime Vidal, 'Cayayo', el 'Chino' Moncayo, 'Barritos', Carlos 'Tin Tan', el negro 'Rocanrol', el 'Desbaratado' y el 'Papero'.

La zona de tolerancia, creada por el propio Concejo Municipal, era algo así como la sucursal de Cuba. Quedaba entre el barrio Sucre y el Barrio Obrero, donde surgieron los más importantes cabarets: Tibiri Tábara, Lovaina, El Patio, Todos Vuelven, Shanghái, Acapulco, Mogambo, Sinaí, Las Cuatro Milpas, El Encanto y Siboney. Cada uno contaba con un baterista, encaramado en una tarima, con bombo y platillos, marcando el ritmo de la guaracha, el mambo, el guaguancó y el charlestón. Las mujeres que más tiraban paso eran la 'Tongolele', Clemencia, 'Blanca Nieves', la 'Tres Papito', la 'Negra' Alicia, la 'Gaby' y la 'Rubia', entre otras.

La primera generación de bailarines en Cali, más inclinados por el baile de salón, fueron Alberto Insuasty, el 'Tuerto' Vinasco, Benigno Holguín, Juan 'Tango', Pedro Nel Colina, Armando Bernal, Benjamín Urrea (el de la maldición del garabato), inspirados en Fred Astaire. Benigno Holguín y su pareja, Hilda, fundaron la academia Comparsita, pionera de las actuales escuelas de salsa.

Aunque la rivalidad no se definía por dinero, nació el espíritu de competencia entre 'Frijolito' ('Cachafaz') y sus contemporáneos. Se bailaba por honor, porque si no demostraba sus cualidades le quitaban a Alicia, su pareja y amante; trigueña, exótica y sensual.

La rumba empezaba en Juanchito, en los bailaderos Tropicana, La Boa, Las Brisas, Campos Elíseos y el Kiosco de Bavaria, con la mejor pista de Cali por esos tiempos. Otros sitios buenos eran Guarachazo (en Siloé), Club Guaduas, la Terraza Belalcázar, Danubio Azul. Se iba por Lovaina, pasaban por Acapulco, Siboney, y se amanecía en El Avispero, donde misiá Leonor, la mamá de Lucho Lenis, personaje histórico de la rumba caleña.

Un sitio diferente era el Café Marullas, en la carrera 9a. con calle 14, donde se presentaban shows, principalmente de artistas locales que estaban tomando auge, como Tito Cortés, Chepito Giraldo, la 'Sombra' Martínez, Los Locos del Ritmo, dirigidos por el cabezón Mario Orozco, con sus cantantes estrellas Tony del Mar y Tony Mazuera.

'Frijolito' se alejó de la rumba cubana por varios años y regresó en 1962, como bailarín de tango para hacer show en el grill La Oficina. Desembarcó en Cali la revista musical Luces de Buenos Aires, que tenía un espectáculo con ritmos caribeños y músicos y bailarinas europeas.

Fajardo bailaba con Esther Jaramillo, a quien llamaba Tania la 'Salvaje', y la tenía como una madejita. La presentación gustó y lo invitaron a irse de gira con ellos. Recorrieron ciudades del Valle, fueron a Barranquilla y Cartagena. En esta última ciudad, el empresario Jorge Malac se jugó toda la plata en el casino del Hotel Americano y la mayoría de los artistas abandonaron el barco.
Fajardo se quedó sin un peso en Barranquilla, tratando de rebuscarse hasta que encontró el cabaret La Gardenia Azul, donde tocaba de planta la Sonora del Caribe. Ofreció su show, pero la propietaria, Emma Blanco, le propuso que fuera animador de la orquesta, y así se convirtió en Édgar Oliver.

Amplió su trabajo en Palace Pigalle, en medio de la Sonora Sensación, el combo de Justo Velásquez. Cada club contaba con 50 mujeres; una de ellas, Clelia Bonnett, llamada la 'estatua de bronce', encargada del striptease, le alegró la vida con un efímero romance, pues pronto lo dejó por el hombre más peligroso de Barranquilla, Napoleón, el 'Hombre Mosca'.

A propósito de la llegada del bandoneón argentino Juan Carlos Gallardo, a los 34 años, Édgar Fajardo, o Édgar Oliver, se atrevió a cantar tangos, uno de sus viejos anhelos, y se estrenó con Uno y el vals Frivolidad, de Pepe Aguirre.

Marchó con su sueño tanguero a Medellín hasta que se ubicó en el Patio del Tango, donde se presentaban los intérpretes y bailarines que llegaban de Buenos Aires y los mejores de la ciudad donde había muerto Carlos Gardel.

Guillermo Lamus, el 'Cachafaz' del tango, murió con el micrófono en la mano. Ganador de un concurso de tango que se realizó en la Casa Gardeliana. Tenía problemas cardíacos y, durante un homenaje que se le hacía, no aguantó la tentación, cantó La última copa y se doblegó ante sus admiradores. Este nombre le quedó sonando.

Fajardo se cansó de su vida de saltamontes: un día con dinero y seis con el bolsillo vacío. Regresó a Cali, con su familia; todos sus hermanos, profesionales, lo ayudaron para hacer un curso en el Sena y se convirtió en agente vendedor del almacén Jota Glottman. Seis años dedicados a las ventas y la conquista de mujeres con el poder verbal que había aprendido.

En 1974 murió su madre Etelvina y escribió la letra del tema Madre del alma: "Sin ti, mi vida es un engaño, en el mundo seré un extraño, huérfano, ¿para qué vivir?". Para completar, su padre, quien llevaba cinco años postrado, sin saber de la muerte de su esposa, falleció. Édgar Fajardo escribió un poema llamado Preámbulo: "Al poco tiempo de mi regreso, mi pobre viejo se enfermó, se puso grave, cruzó los brazos, cerré los ojos y se murió".

Acongojado, regresó a Medellín. En el Patio del Tango, el famoso Pepe Aguirre lo vio cantar y le ofreció hacer una gira con él por Antioquia y el viejo Caldas. Aguirre se dejaba llevar por el licor y una noche se vio obligado a decirle a Édgar que lo sustituyera. Fue entonces cuando le dijo al acordeonista Héctor Ríos: "Anúncieme como Édgar Oliver, el 'Cachafaz' del tango". Creyó haber tocado el cielo con las manos. Pepe Aguirre lo abrazó y supuso que, por fin, el éxito se atravesaba en su vida.

En el grill Azteca Internacional, en la avenida Colombia, de Medellín, cantó para unos hombres armados con ametralladora.
Uno de ellos le pidió que cantara Cambalache y el repertorio siguió hasta que se fue. Le dio tanta plata que pagó tres meses de arriendo por adelantado y estrenó nuevas pintas. Mucho después, supo que ese señor era Gonzalo Rodríguez Gacha, 'el Mexicano'.

Lo último que hizo fue enseñarle a bailar tango a la hija de Héctor Galán, para que se presentara en el Viejo Almacén. Regresó a Cali para hacerse operar. Antes de ir al quirófano, se presentó en La Bamba, el grill Río Cali y en el Séptimo Cielo, acompañado por Gloria, la 'Muñeca del Tango'.

Édgar Fajardo Oliveros, Édgar Oliver, o el 'Cachafaz' del tango, ha recopilado todas estas historias en un libro titulado Las memorias del 'Cachafaz' colombiano, de 174 páginas y más de 50 fotos, en el que recorre décadas de su vida dedicada a la rumba, a la noche y las mujeres.

En su epílogo escribe: "Ya han pasado muchos años en mi vida, y hoy que me siento viejo, no quisiera despertar para seguir soñando que la vida es un tango y el que baila es un loco, y ese loco precisamente soy yo". Hizo toda clase de gestiones para publicarlo, con entidades oficiales y políticos, pero no encontró ese mecenas. Mientras tanto, trabajó como animador de Conga Salón Show los fines de semana.

Hace poco, cuando El Habanero Club estrenó la estatua de Celia Cruz, con 78 años, se atrevió a presentarse con Martha Lucía Montañés, la esposa del bailarín y maestro de bailarines 'Mulato'. A propósito de las nuevas generaciones, dice: "Todos tienen sus grandes méritos, los anteriores a nosotros: el viejo Benigno, que fundó una academia, nosotros, que fuimos los protagonistas de la zona de tolerancia, el 'Tosco', mi alumno, Jimmy Bogaloo, el gran Evelio Carabalí, y hoy en día 'Mulato', que tiene una compañía que triunfa por el mundo".

De saco y corbata o corbatín rojo, con sombrero, a veces de vestido blanco, zapatos negros con blanco, 'Cachafaz' siempre está dignamente vestido, listo para la noche, con sus enfermedades a cuestas, con la palabra fácil para hacer poemas, con la admiración por Daniel Santos, con el recuerdo de las mujeres que pasaron por su vida, mujeres divinas, como la de la canción de Cheo Feliciano.

Desfiló en la carroza de la vieja guardia en el Salsódromo en diciembre: "Se olvidaron de ponernos un parasol. Todos estábamos extenuados, a punto de caernos, no tuvieron compasión con nosotros".

UMBERTO VALVERDE
Especial para EL TIEMPO
Cali.

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