'Colombia no es el país más corrupto': zar anticorrupción de la Ocde

'Colombia no es el país más corrupto': zar anticorrupción de la Ocde

Entrevista con Mark Pieth, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

25 de julio 2012 , 08:54 p.m.

¿Cuál es la importancia de que un país forme parte de este grupo?

Colombia es una de las 40 potencias emergentes. Este grupo, que también integran Israel, Sudáfrica y Rusia, por nombrar algunas naciones, cada vez adquiere mayor relevancia mundial. Esa inclusión lo obliga a someterse a un monitoreo más estricto de sus compañías, que implica la revisión por terceros países, que realizan entrevistas con todos los componentes de la cadena para evaluar qué están haciendo. El Congreso aprobó la convención en junio y esperamos que la Corte Constitucional lo haga en octubre o noviembre. En ese momento comenzaremos labores en Colombia.

¿Cuál es la radiografía de la corrupción en la Ocde?

Hoy se habla mucho más del fenómeno que hace 22 años, cuando iniciamos el grupo contra el soborno en transacciones internacionales de la Ocde, el cual presido. En la actualidad, se persigue más a los corruptos y se exhiben más casos. No creo, sin embargo, que el fenómeno haya aumentado, lo que sucede es que en los años 70 había mucha permisividad y laxitud con el tema. Incluso, algunos economistas tenían la idea de que la corrupción era necesaria para obtener contratos. En la Ocde, se ataca un tipo específico de corrupción: la de funcionarios públicos extranjeros en transacciones comerciales. Es una política, por llamarlo de alguna manera, extendida en varias compañías.

¿Los niveles de corrupción en Colombia son similares a los de los países de la Ocde?

Es difícil de comparar, porque el espectro es muy grande. Países como Suecia tienen niveles de corrupción internacional más altos de lo que se piensa, pero 'en casa' no hay nada malo. Otro ejemplo: en Brasil hay mucha corrupción al interior, pero es difícil detectar si hacen uso de la corrupción para obtener contratos internacionales. El problema al que nos enfrentamos es si la justicia local desea, de verdad, ocuparse de los casos de corrupción transnacional. No soy un experto de la situación en Colombia. Se dice que el país tiene problemas de corrupción, pero este Gobierno está luchando para acabar con esa reputación, que viene cargada de una historia de violencia. Naturalmente, cuando hay violencia hay corrupción, ya que es otra manera de obtener el poder de manera ilícita. Para mí, Colombia no es el país más corrupto que se me viene a la mente. Hay esfuerzos serios para salir de esta situación.

Un protagonista de la corrupción internacional son las grandes corporaciones. ¿Qué herramientas se deben tener para atajar sus malas prácticas?

Hay que entender que aunque las multinacionales tienen grupos de abogados para su defensa, una vez son denunciadas deciden conciliar antes que ir a juicio. Las multas son muy altas, además del costo legal que generan. Esto es prohibitivo. Los gerentes, además, temen perder su trabajo y, por ende, su poder. De la noche a la mañana quedan desnudos de poder.

¿No debería haber, además, un señalamiento público y moral?

Sí, por supuesto, pero hay algo más: una nueva especie de sanción que consiste en un monitoreo de cumplimiento. Un agente externo, contratado y pagado por la misma compañía, que se encargue de reportar a la misma empresa y a las autoridades competentes. Yo, por ejemplo, me encargo de esa tarea en la segunda empresa de construcción más grande de Alemania. Con un equipo controlamos lo que hace en 50 países, enviamos a personas a indagar a los mandos medios de la compañía para revisar lo que están haciendo. Cada año entregamos un reporte que incluye recomendaciones para mejorar sus prácticas, que mal que bien deben seguir. Este regulador de comportamiento es bastante efectivo.

¿Qué tanto peso tiene la corrupción en la crisis económica actual?

Existe una relación, aunque no es muy directa. Pero si se observa la situación en Grecia, por ejemplo, su economía fue manejada con una corrupción masiva que luego no pudieron desenmarañar.

Usted está trabajando en la Fifa para combatir la corrupción. ¿En qué consiste su labor?

Es una labor similar a la que realizo con la empresa de construcción alemana; soy regulador de comportamiento. La Fifa, que tiene una reputación horrible en temas de corrupción, presenta una situación diferente a la de cualquier compañía, ya que no tiene supervisión alguna, se debe autorregular.

Tengo a mi cargo un grupo de personas de diferentes nacionalidades y profesiones, creado hace un par de semanas. La mitad es experta en regulación y conformidad, y la otra parte, en temas relacionados con el fútbol. Nuestra labor es aconsejarle a la Fifa qué debe hacer para evitar la corrupción. Un verdadero reto, ya que ellos deben seguir nuestros consejos.

¿Qué han logrado?

Creamos una especie de corte interna que cuenta con un fiscal y un juez, totalmente independientes a la Fifa, con recursos ilimitados para adelantar sus investigaciones y que tienen libertad total para abrir casos. Lo esencial es que la institución no puede frenarlos, es una separación del poder ejecutivo. Este sistema permite, además de detectar los casos internos de corrupción, denunciar ante las autoridades competentes a las personas involucradas en escándalos de lavado de dinero, arreglo de partidos, venta de votos para elegir sedes, por mencionar algunos casos. Hay una cruda historia de corrupción en la Fifa en la que varias personas han obtenido millones de dólares. Hay que actuar ya; si no se hace ahora, no se hace nunca.

¿Por qué estar en este grupo?

El ingreso de Colombia al grupo de lucha contra el cohecho de funcionarios públicos extranjeros de la Ocde significa que el país se someterá a evaluaciones externas sobre prácticas empresariales indebidas e ilegales. La Secretaría de Transparencia de la Presidencia de la República está diseñando, por sugerencia de la Ocde, un plan piloto para denuncias de alto nivel de empresas nacionales y multinacionales sobre peticiones de sobornos. Algo vital ante la entrada en vigencia del TLC con EE. UU. y otros países.

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