Patrones

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25 de julio 2012 , 06:06 p. m.

Casi todo lo que se cuenta en la serie sobre Pablo Escobar sucedió en la realidad. Las atrocidades del capo y sus secuaces están allí resumidas. Pero el relato televisivo, inspirado en un libro y en una realidad que conocemos, debe ajustarse al efectismo del espectáculo y a veces se hace mal. Por eso encontramos una historia sin matices, con "personajes" muy buenos o muy malos.
Parece que la maldad tiene más rating que la bondad. Una historia sobre buenos no tendría el impacto masivo que tiene esta exposición de crímenes y perversiones. Habría que cambiar la naturaleza humana para inclinarla hacia las a menudo "normales" y aburridas historias del bien.

La serie no es una apología de Escobar Gaviria y su monstruosa empresa. Por verla en televisión, una generación de moral vulnerable no aprenderá que "el crimen paga" más que el respeto a las leyes, aunque veamos a la justicia aterrorizada y a veces corrompida, a la verdad amenazada o asesinada, al poder político chantajeado y a más de un ambicioso enredado en la podredumbre de las organizaciones criminales. Muerto Escobar, siguieron sucediendo cosas iguales o peores. Muerto el perro, no se acabó la rabia.

En más de medio siglo de historia, hemos visto pasar diversos patrones de criminalidad. La atrocidad política fue el primer patrón. Estos hechos se convirtieron en literatura, series televisivas, películas documentales o argumentadas y en materia prima de las ciencias sociales.

A nadie se le ocurriría quemar bibliotecas, hemerotecas y archivos que recogen la memoria real o imaginada de nuestra violencia. Allí no se enseña cómo eliminar al adversario, exterminar, robar, corromper, masacrar, desplazar o sacar utilidad criminal a la pobreza. Se muestra que en nuestra sociedad ha sucedido y sigue sucediendo todo eso y de qué manera se ha hecho.

Me irrita la truculencia engañosa de cada capítulo, entre créditos, resúmenes y publicidad abusivos. Con este ardid, sacan más ganancias al prime time. No siento personajes convincentes, sino estereotipos. Algunos parecen dummies con nombre propio. Son "personajes" porque existieron en la vida real y uno los reconoce.

A Escobar lo protegió gente "legal": políticos, banqueros, comerciantes, industriales sin liquidez, policías, funcionarios de aduanas, directores de la aeronáutica, abogados, jueces, parientes... Mucha gente responsable y valerosa se le opuso. No hubo institución que no encubriera o tolerara el ascenso del capo, pero en esas mismas instituciones hubo mucha gente que pagó con su vida la insobornable firmeza de resistirse y perseguirlo.
En la serie, Escobar está rodeado de sus compinches y de ejércitos que matan, sobornan, extorsionan, trafican y someten a la sociedad al chantaje del miedo. Lo rodea a menudo la "otra gente", la que el capo necesitó en la legalidad para afianzar su estructura de poder. Y allí hubo de todo, hasta iglesia y sacerdotes.
La historia que vemos no lleva a la absolución final del bandido, sino a una guerra más encarnizada. Por último, a su muerte, aunque para derrotarlo se haya aceptado el concurso de otros criminales, y para someterlo momentáneamente a la justicia, el Estado se haya tenido que plegar a sus caprichos.

Hay protestas "patrióticas" porque la serie va a llegar a Estados Unidos y a otros países. Era de esperar: cada cierto tiempo nos da por matar al mensajero, sin preocuparnos por procedencia y contenido del mensaje. Lo que sucedió no debería ser mostrado y, menos aún, ventilado fuera de casa, dicen. Este es el patrón moral de cierto "patriotismo": sería preferible ocultar la verdad a conocerla y representarla en imágenes.

collazos_oscar@yahoo.es

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