La Mojana: drama y esperanza de zona con historias de inundaciones

La Mojana: drama y esperanza de zona con historias de inundaciones

Informe de la U. Nacional ofrece soluciones para esta región, que comprende once municipios.

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24 de julio 2012 , 09:24 p. m.

Jaime, el primero de los García Márquez -que nació en Sucre, en el reino de las aguas-, cuenta que con el arribo de las lluvias se ponía una tabla, a manera de puente, para cruzar las calles, a la altura precisa que permitiera que el agua apenas rozara su parte inferior.

Nadie sabía de "modelos hidráulicos". Sin embargo, el deterioro del ecosistema aumentaba y la creciente de 1950 obligó a la familia García Márquez a trasladarse a Cartagena, donde conviví con ellos, al comienzo de mi bachillerato.

Se me quedaron en la memoria desde entonces los nombres Pansegüita, Orejero, Mojana, Ventanilla, caños y ciénagas que, con los ríos Magdalena (brazo de Loba), Cauca, San Jorge y Nechí, forman el intrincado delta de La Mojana.

Esta región comprende once municipios de los departamentos de Sucre (San Marcos, Guaranda, Majagual, Sucre, Caimito y San Benito Abad); Bolívar (Magangué, San Jacinto del Cauca y Achí); Córdoba (Ayapel) y Antioquia (Nechí), con una población superior a 400.000 habitantes y una extensión de 500.000 hectáreas.

La llamada eco-Mojana incorpora diecisiete municipios más, con 600.000 habitantes aproximadamente. Sus macro-humedales contribuyen al equilibrio ambiental del país de varias formas: amortiguación de caudales en ríos, caños y ciénagas; funciones de refugio-hábitat; funciones de regulación atmosférica y funciones de depuración natural de humedales. Desafortunadamente, el ambiente se ha degradado en demasía.

¿Por qué ocurren las inundaciones anuales en la región? Porque el Cauca llega a Colorado (Antioquia) a 15 metros de altura sobre la cuenca del San Jorge y, como la Serranía de San Lucas le impide desplazarse a la margen derecha, todo el torrente lo vierte en la margen izquierda, hacia La Mojana y el San Jorge.

Con el cambio climático y el recrudecimiento del fenómeno de la Niña, estas inundaciones se han hecho más frecuentes, presentándose eventos particularmente graves, como los ocurridos en el 2010 y el 2011. En amplias zonas de Nechí, San Marcos y Ayapel, la inundación cumple más de dos años, lo que ha causado la ruina de agricultores y ganaderos. La situación es dramática, pues siguen abiertos los "chorros" de Santa Anita y Nuevo Mundo, por el fracaso de contratistas inexpertos e interventores ciegos.

El tema Mojana fue encarado por este Gobierno desde el primer día de su mandato. Enterado del Programa de Desarrollo Sostenible de la Región de La Mojana (PDSM), FAO-DNP 2002, el 8 de agosto del 2010, el presidente Juan Manuel Santos, en compañía de varios ministros, anunció en Guaranda el Proyecto Mojana. Este estudio definió cinco subprogramas: uno, de ordenamiento ambiental y manejo de recursos naturales; dos, de desarrollo agropecuario; tres, de infraestructura; cuatro, de administración de tierras, y cinco, de fortalecimiento institucional.
Por la densidad de sus análisis, el PDSM se ha constituido en la pieza central de la solución integral de La Mojana.

Aunque los procesos diplomáticos son dispendiosos, cuando le relaté al Director de la FAO la saga de los García Márquez en La Mojana, me abrió las puertas de la institución y aceleró el proceso de cooperación. En su visita a Colombia en el 2006, Diouf me hizo repetirle que en Sucre tuvo la familia de Gabo una vida próspera sustentada en el éxito del padre de la tribu como médico homeópata. Era feliz en ese oficio. Recuerdo verlo colocar la placa en la casa del Pie de la Popa: "Gabriel Eligio García, Médico Homeópata". Le importaba muy poco lo del telegrafista de Aracataca.

¿Qué siguió después?

Ante los desastres de la ola invernal, la Universidad Nacional y Planeación Nacional firmaron un convenio en desarrollo del cual la primera entidad presentó un informe con varias soluciones:

La primera, aprovechar parte del dique actual reforzando sus defensas. Construir siete diques vertederos localizados en los rompederos. Serían estructuras hidráulicas con algunas compuertas y vocación de permanencia de 50 años.

Segundo, abrir el cono-delta de La Mojana, con dragado y limpieza de 15 caños y tres ciénagas, de tal manera que se pueda garantizar su capacidad hidráulica y el éxito de la redistribución de caudales. Al renovar el flujo de los caños se recuperará el hoy degradado ecosistema de La Mojana y los humedales continuarían cumpliendo su inmensa tarea ecológica.

Esta es la noticia más esperanzadora del informe. En lugar de un canal paralelo a la vía San Marcos-Majagual-Achí, se propone ampliar el caño Rabón -que en un tramo importante corre paralelo a la vía- y mejorar los caños Bravo, Pescado y Muñoz, lo que solucionaría problemas entre Nechí y San Jacinto.

Se propone, igualmente, la construcción de plantas de tratamiento, tanto para sólidos como para metales pesados, a la salida de los vertederos. Es una respuesta audaz a la contaminación con mercurio, cadmio y otros, asociada a minería y plaguicidas. Se hace necesario profundizar en esta solución, pues el drama de las deformaciones por envenenamiento se extiende peligrosamente por toda La Mojana.

En síntesis, la Nacional escogió la ruta aconsejada por expertos nacionales y extranjeros (holandeses, norteamericanos, chinos, franceses): regular las inundaciones entre Nechí y Achí, que son el factor determinante de todo el problema, y abrir el delta de La Mojana. El costo estimado de las obras es de 1 billón de pesos, que financiaría el Fondo de Adaptación.

Empresa colectiva

Un grupo de expertos de Holanda visitó La Mojana y se dispone a evaluar y avalar el documento de la Universidad Nacional. Sin embargo, su comunicación con los autores del informe fue precaria. Y con la ingeniería especializada colombiana, nula.

Es deseable que esa interacción se intensifique en los próximos días, para que los peritos extranjeros asuman las particularidades de nuestros ríos tropicales y los fenómenos sociales y técnicos propios de la región. Hay que poner el oído en los saberes ancestrales de los descendientes de la Mamá Grande.

Es muy extendida la creencia según la cual La Mojana ha sido muy estudiada y no es necesario nada más. No obstante, la mirada para resolver el problema y avanzar hacia el desarrollo sostenible no se había dado de manera integral.

Y faltan datos relevantes en hidrometeorología, topografía y batimetría. Como la formulación holandesa se espera para comienzos de agosto, el Fondo de Adaptación y el Departamento Nacional de Planeación deberán iniciar un proceso de discusión abierta, en amplias mesas temáticas, incorporar academia y constructores, ingeniería hidráulica y ambientalista, campesinos, ganaderos y agroproductores, Gobierno, Congreso y sector privado. Asimismo, deberán integrarse los proyectos piloto MADS-PNUD y Corpoica-DNP. Se trata de una empresa colectiva en cuyo diseño definitivo no podemos equivocarnos.

Así se ha ido armando, desde el 2003, con aportes múltiples, el Proyecto Mojana, que está llamado a ser el más importante del Caribe colombiano en el siglo XXI. Según la Nacional, se recuperarán 347.000 hectáreas para la producción agrícola y pecuaria.

En los días iniciales de su gobierno, el presidente Santos me dijo: "Vamos a hacer lo mejor que se pueda por La Mojana.
Aprovechemos los avances de la tecnología". Fue un mandato para que la solución de nuestro tiempo esté a la altura de los zenúes, los pobladores precolombinos que dominaron las aguas con un sistema de canales que era tan complejo como eficaz.

Ha sido una larga espera de lustros y lustros. Los hados me han permitido, a través de los años, contribuir a que el sueño se haga realidad: las gentes "aguantadoras" y luchadoras de La Mojana y el San Jorge podrán cultivar, al fin, la tierra fértil de la Marquesita de la Sierpe, de la que se decía que "al paso de sus innúmeros ganados iban naciendo los arroyos". ¿Lo real maravilloso?

Carlos Martínez Simahan
Especial para EL TIEMPO

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