Ricardo Rozo, el hombre detrás de las 'Superpoderosas' de Colombia

Ricardo Rozo, el hombre detrás de las 'Superpoderosas' de Colombia

Lleva 12 años como DT en fútbol femenino. Contra Corea del Norte, inicia su recorrido en Olímpicos.

24 de julio 2012 , 09:23 p.m.

"Usted qué hace dirigiendo viejas", le gritaron alguna vez a Ricardo Rozo sus compañeros más cercanos. "Eso no tiene ningún futuro aquí", le insistieron esos jugadores con los que estuvo a punto de debutar en el Millonarios de comienzos de los 90, siendo él el único que no lo logró. Rozo, parado en la mitad de la cancha, rodeado de las jugadoras de la Selección Bogotá, se sintió extraño, pensó en claudicar, pero perseveró, no se dejó convencer y comenzó a recorrer un camino de triunfos. Hoy es un técnico prestigioso, el encargado de sacar del anonimato al fútbol femenino colombiano y de dirigir la Selección que buscará una medalla en los Olímpicos de Londres. No fue el destino que quiso, fue el que debió ser.

A Rozo no es habitual verlo parado en la raya técnica haciendo gestos desesperados ni lanzando gritos exasperantes. Al contrario, el 'profe' suele estar muy activo, pero en la cancha, como si reviviera en cada práctica su mejor época de jugador. Vestido de pantaloneta, medias hasta la rodilla, peto verde fosforescente y guayos negros, dirigió el último entrenamiento en Bogotá, antes de emprender el rumbo hacia Londres. Corrió, cobró los tiros de esquina, los centros desde los costados, pateó con la pierna derecha, luego con la izquierda, chifló para reemplazar el silbato que no tenía a la mano, sudó y se fatigó, lo normal a sus 42 años de edad. Siempre estuvo sonriente, siempre emocionado.

Se nota que disfruta lo que hace y por eso cuesta creer que ese técnico alegre, bromista, buena persona y respetuoso no quería andar este camino. Nunca se imaginó que las entrevistas, las apariciones en televisión y el reconocimiento de la gente en la calle le llegarían por ser entrenador, y menos de mujeres. La vida le dio un cambio brusco: de las calles del barrio Ciudad Montes, donde pateó sus primeros balones, pasó rápidamente al camerino de Millonarios, donde esperó impaciente su oportunidad. Donde conoció los códigos de los futbolistas: los egos, las envidias, las riñas, la frescura, las vulgaridades, la 'calentura' de una derrota, la agresividad. Pero la vida lo puso en el camerino opuesto, uno donde reinan el respeto, el buen trato, el lenguaje pulcro... Es allí donde triunfa y donde dejó atrás sus frustraciones.

Un jugador de la B

Su decepción se dio hace 20 años, cuando creía que tenía todas las condiciones para ser el volante '10' que Millos necesitaba. Acababa de ganar el torneo de reservas de 1991 con los embajadores y ya estaba a prueba en el equipo profesional, era cuestión de días para debutar en primera división. Pero esos días se volvieron eternos. La frustración aumentó cuando sus compañeros lograron el anhelado debut: Jhon Mario Ramírez, Bonner Mosquera, Óscar Cortés, Ricardo Pérez... todos, hoy exjugadores, debutaron, menos él. Fueron los mismos que años después sugirieron entre risas que Rozo desistiera de su idea de entrenar mujeres.

Se convirtió en un jugador de segunda división. Pero jugar en equipos de la B, como Cóndor y Academia, no fue un consuelo, a pesar de que lo hiciera bien. Llegaron entonces la desesperación, la tristeza, el retiro definitivo. Decidió alejarse del fútbol, trabajar en una universidad, en la parte administrativa, olvidando los verdes campos, los goles y a Millonarios. A comienzos del 2000, Rozo entró en una profunda depresión. Problemas familiares, emocionales y económicos lo condujeron a un abismo, fue cuando se aferró a la palabra de Dios y las oportunidades le fueron llegando.

Se la jugó por las 'viejas'

La práctica tuvo una breve pausa. Rozo se acercó a un costado del campo y saludó a algunos periodistas. En ese instante, al extender la mano derecha, brillo con fuerza una sortija en su dedo índice. La señal inequívoca de un compromiso. Hace año y medio tomó una decisión trascendental, se casó con Alba Espinosa, a quien no le puede dedicar el tiempo que quisiera.

Una decisión diferente, pero también trascendental, e involucrando de nuevo al género femenino, la había tomado hace ya doce años. Desesperado por estar alejado del fútbol, aceptó la oferta de su amigo Ramiro Alfaro, quien le propuso dirigir un equipo femenino.
Rozo lo pensó, lo dudó, y finalmente aceptó. "Ellas entrenaban con mística, actitud y disciplina. Eran ordenadas y comprometidas. A partir de ahí, las mujeres fueron parte de mi trabajo. Me di cuenta de que la mujer para el fútbol era valiente", recuerda. Ya en el 2005 dirigía la Selección Bogotá, y en el 2010 el salto lo había dado a la Selección Colombia.

El camino del éxito

Lloró como un niño. Ricardo Rozo no pudo contener las lágrimas cuando en el Mundial Sub-20 de Alemania, en el 2010, la Selección Colombia que él dirigía perdió el partido por el tercer puesto contra Nigeria. "Nosotros anhelábamos llevarle al país algo más que un cuarto puesto. Fue un momento muy difícil. Nos entrenamos durante meses y fallamos", relató, mientras los ojos se le pusieron llorosos.

Sin embargo, esa gesta quedó en la memoria del país. A partir de entonces se empezó a hablar de 'las Chicas Superpoderosas'. El fútbol femenino salió definitivamente del anonimato y Ricardo Rozo estaba detrás de ese logro. No fue el único. El subtítulo en el suramericano Sub-20 del 2010 en Bucaramanga, el subtítulo en la Copa América de Ecuador 2011, la clasificación al Mundial de Mayores y a los Olímpicos también catapultaron a esta Selección.

Hoy, el profe Rozo y sus jugadoras tienen un nuevo reto. Anhelan conquistar una medalla en la Olimpiada. Saben que es difícil, pero no imposible. "Jugar los Olímpicos es el cumplimiento de un sueño que nos trazamos. Lo conseguimos y vamos a ir por el oro.
Queremos traer una medalla. Muchos lo verán como una utopía, pero nosotros hemos venido rompiendo esos paradigmas... Seguimos poniendo el listón muy alto y ¡queremos traer el oro para Colombia!", aseguró el entrenador con optimismo.

Consiga la hazaña o no, Ricardo Rozo no tiene que demostrar ya nada. Muchos años después, esos excompañeros que lo indujeron a abandonar el fútbol femenino lo han felicitado por sus logros. Y él está satisfecho. Como dice, "No es lo que quería, pero sí lo que debió ser".

La ruta de Ricardo Rozo en el fútbol

Ricardo Rozo nació en Bogotá en 1969. Jugó en las divisiones menores de Millonarios, a comienzos de la década de los 90. Fue campeón del torneo de reservas, pero no logró debutar en el equipo profesional. Se destacó en el fútbol de la segunda división en equipos como Cóndor y Academia. A comienzos de la década del 2000 comenzó a dirigir equipos femeninos y ya para el 2005 debutó como entrenador de la Selección Bogotá femenina. Allí estuvo hasta el 2009, acumulando dos títulos nacionales. Ese desempeño lo llevó a la Selección Colombia, primero en la categoría Sub-20 y luego en la de mayores; en ambas ha conseguido los logros más importantes para el país en fútbol femenino.

Pablo Romero
Redactor de EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.