Editorial: Un niño llamado Quino

Editorial: Un niño llamado Quino

20 de julio 2012 , 08:25 p.m.

Ni Susanita, la amiga de Mafalda que todo lo sabe, es capaz de adivinar todas las sorpresas que nos depara la vida. El 17 de julio de 1932 nace en un pequeño pueblo argentino un niño a quien bautizan Joaquín en homenaje a su tío del mismo nombre; lo apodan Quinito y, luego, Quino. Su padre, de apellido Lavado, y su madre, de apellido Tejón, eran inmigrantes andaluces que llegaban de una España rural y atrasada en busca de nuevos horizontes.

Antes de que Quino hubiera ganado el cartón de bachiller, mueren sus progenitores y se esfuman los sueños familiares. Las circunstancias adversas hacen que este muchacho tímido, ensimismado y observador busque en el dibujo el medio de comunicación que le es esquivo en las palabras. Estudia Bellas Artes y a los 18 años viaja a Buenos Aires con el propósito de vender sus dibujos de humor. Vive en condiciones de suma pobreza; fracasa; vuelve a su tierra; se alista en el servicio militar. En la capital quedan, sin embargo, algunas buenas amistades y una de ellas le informa que hay un puesto como dibujante publicitario. No era lo que más le atraía, pero Quino decide jugarse de nuevo la carta de Buenos Aires dos años después.

Y -atención, Susanita- esa extraña carta se convierte en la ganadora. Aunque en su nueva etapa coloca varios dibujos en revistas de humor, la creación que cambia su vida surge de una campaña publicitaria. En 1962, una agencia le encarga una historieta destinada a promover cierta marca de electrodomésticos camuflada en las vicisitudes de una familia de clase media. Es así como Mafalda y su mundo nacen de una licuadora, una tostadora, una nevera, una secadora de ropa...

La historieta nunca llega a publicarse. Pero en ese momento, sin que Quino lo sepa, la suerte ya se ha puesto de su lado. Modifica el cómic inédito y lo vende a un semanario, convertido en las peripecias de una niña indignada, Mafalda, a la que suma su familia y sus amigos... El resto es conocido. El elenco toca la fibra universal humana y hoy, traducida a más de 30 idiomas, la historieta es un éxito tan grande como hace medio siglo. Quino deja de dibujar a Mafalda en 1973, pero ahora, al cumplir 80 años, sus chistes gráficos, su generosidad, su solidaridad y su genio siguen interpretando con inteligencia y algo de escepticismo eso que Susanita llama "la vida misma".

editorial@eltiempo.com.co

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