¿Hacia dónde van las comunicaciones humanas?

¿Hacia dónde van las comunicaciones humanas?

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16 de julio 2012 , 05:31 p. m.

Todos los seres vivos, de bacterias a mamíferos superiores, se comunicaron siempre mediante combinaciones de señales olfativas, táctiles, gustativas, ópticas o sonoras.  Desde allí evolucionó el lenguaje humano, el desarrollo cumbre de las comunicaciones biológicas, mas no el destino final.

Las mutaciones genéticas moldearon las comunicaciones primitivas por millones de años; las innovaciones culturales, mucho más recientes, son las perfeccionadoras del lenguaje moderno. Las dos evoluciones, la biológica y la cultural, tienen dos características comunes: no se detienen y es difícil predecir hacia dónde van. 

El prodigio del lenguaje parece haberse originado en una "insignificante" mutación del FOXP2, un gen del cromosoma 7. El 'Homo sapiens' apareció hace unos doscientos mil años y, como el desarrollo del lenguaje y el de la consciencia debieron ser paralelos, ya para entonces tuvimos completo nuestro equipo de sonido. Aunque todos los vertebrados poseemos el FOXP2, la versión nuestra es ligeramente diferente a la de los demás animales en dos "fraccioncitas" de código genético que, por supuesto, son las que nos volvieron conversadores.

Aunque con la mutación del FOXP2 ya todo debía estar listo, solo comenzamos a hablar hace unos ochenta mil años. En otras palabras, el lenguaje podríamos haberlo desarrollado muchos milenios antes, pero por causas desconocidas permanecimos balbucientes, aunque no mudos, todo ese tiempo.

Para intentar aclarar semejante misterio, tengo una teoría que, con todo lo lógica y sencilla, encuentra resistencias mayores entre feministas y antifeministas por igual: Los humanos nos demoramos en hablar por simple y llana culpa del machismo.

Permítanme explicar mi hipótesis. Sabemos a ciencia cierta que las mujeres son mucho más diestras que los hombres en el manejo de las artes verbales. De hecho, las niñas comienzan a hablar varios meses antes que los niños (después de lo cual algunas nunca paran), y ellas utilizan un vocabulario más complejo (lo leí en 'Scientific American'). El lenguaje, por puro sentido común, se lo tuvieron que inventar las mujeres.

¿Qué pasó entonces? Desafortunadamente, como los derechos de la mujer no llegaron sino hasta el siglo XX, a nuestras antepasadas cavernarias, no obstante tener la lengua y el FOPX2 listos, les tocó quedarse calladas durante ciento veinte mil años y abstenerse todo ese tiempo de echar cantaleta. ¡Pobrecitas! Siempre que nuestras requete-tetra-tatarabuelas intentaron hablar, sus maridos -machistas, retrógrados, ignorantes que no leían 'Scientific American'- les daban un gran garrotazo en la cabeza y las obligaban a callar (lo cual también explica por qué las mujeres son más bajitas).

Como el lenguaje es la herramienta fisiológica que aceleró el progreso cultural, de no haber sido por el garrote masculino y la sumisión femenina, los desarrollos de la escritura, la imprenta, la era industrial y la era de la información hubieran ocurrido milenios atrás.

A pesar de tantas revoluciones culturales, los humanos continuábamos interactuando de la misma manera -los mismos diálogos, los mismos gritos, los mismos tonos, los mismos gestos- hasta cuando llegaron los teléfonos inteligentes de la tecnología digital. 'Digital' cubre aquí las dos acepciones del término: referente a los dedos (los 'tecleadores' de mensajes) y referente a los dígitos (los números de la tecnología). Los fantásticos avances en este campo no solo están cambiando el formato de la comunicación (el cómo) sino la conducta misma del comunicador (el quién).

Los teléfonos inteligentes, por supuesto, no requieren de gestos o señales (importantes en la comunicación corriente) y mucho menos, de olores o sabores (ingredientes claves de la comunicación primitiva). Los jóvenes actuales, cuando utilizan sus dispositivos electrónicos, léase a toda hora, carecen de cualquier expresión facial; ellos solo mueven sus dedos, desplegando una extraña expresión ausente, entre estrés y ensimismamiento, que en nada se asemeja a los gestos convencionales. Con los correos electrónicos, los tuits y los mensajes de texto, los intercambios verbales están volviéndose obsoletos.

Los muchachos contemporáneos manejan sus tecladitos con una destreza asombrosa (el récord mundial para digitar el alfabeto es de ocho segundos); su FOXP2 les está sobrando. No podemos pronosticar hacia dónde va esta tendencia; me atrevo a sugerir, sin embargo, que en unas pocas generaciones los dedos podrían convertirse en el órgano más importante de la interacción humana. En muchos jóvenes parece que esto ya sucedió.

gustrada1@gmail.com

* Autor de 'Hacia el Buda desde el Occidente'

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