'A decidir entre guerra y reconciliación': expresidente Samper

'A decidir entre guerra y reconciliación': expresidente Samper

Dice que el país elegirá en comicios de 2014 entre extrema derecha, centro o izquierda democrática.

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14 de julio 2012 , 08:36 p. m.

El expresidente Ernesto Samper le dijo a EL TIEMPO que el anuncio de la coalición antiterrorista que hizo su antiguo amigo Álvaro Uribe la semana pasada aclara el panorama político porque deja al país con tres alternativas definidas: extrema derecha, centro e izquierda democrática. Advirtió que el liberalismo podría seguir con Santos o virar hacia la izquierda si este no busca la reelección o no presenta un proyecto progresista de campaña.

¿Cómo está viendo hoy el escenario político?

La nueva coalición antiterrorista de Uribe va a producir efectos importantes en la forma y en el contenido de la política. En la forma, porque le va a dar transparencia al debate, en el sentido de dejar tres opciones claras: extrema derecha, centro y la izquierda. La derecha extrema, de Uribe; el centro político, con matices conservadores y liberales del presidente Santos, en caso de que decida someterse a una reelección, y la izquierda democrática, que ojalá tenga la inteligencia de encontrar un solo candidato que respalde un proyecto socialista de gobierno.

¿Por qué ve tan de extrema derecha a Uribe?

La declaración de Uribe y sus amigos plantea una cuestión de fondo sobre la concepción del problema de la violencia y cómo salir de ella: para el uribismo, lo que existe es una amenaza terrorista que se tiene que combatir profundizando la guerra, aumentando el presupuesto militar y polarizando la opinión en contra de los terroristas; muchos otros colombianos pensamos que lo que existe es un conflicto armado que no solo requiere presencia militar sino presencia social del Estado y un manejo político que empiece por respetar la aplicación del Derecho Internacional Humanitario. La declaración de Uribe deja al país frente a un claro dilema: guerra o reconciliación. La guerra representada por Uribe y sus amigos, y la reconciliación que ojalá llegue a representar el presidente Santos si se decide por fin a usar la llave de la paz que dice tener guardada en el bolsillo.

¿Habrá que esperar el resultado de las urnas en 2014?

Por supuesto. Con el levantamiento del hacha de guerra uribista se desata el nudo gordiano de la relación Santos- Uribe, que tenía enajenada la política y que ahora comienza a aclararse en la medida en que Santos puede entrar a representar una opción distinta a la de Uribe con su política social de tierras, víctimas, viviendas y ojalá con una propuesta de paz que sea creíble y duradera. No solo lo militar va a sacar a este país de la pesadilla de la violencia.

En 98 y 2002 los colombianos votaron por cada una de esas opciones. ¿Por qué ahora sí sería seguro acertar?

En parte por los mismos avances en seguridad conseguidos estos últimos años; están dadas las condiciones para avanzar en un gran proceso de reconciliación nacional. Y no hablo solo de reconciliación con las Farc o con el Eln; tenemos que reconciliarnos todos con todos porque estamos en una insensata pelea de perros y gatos.

¿Se está afectando la gobernabilidad de Santos?

De alguna manera sí, pero hay más un problema de percepción mediática que de sustancia. Los episodios de violencia guerrillera de las últimas semanas, por ejemplo, son los mismos de siempre. Deberíamos preocuparnos más bien por los hilos conductores de la violencia colombiana, como el papel del narcotráfico en su financiación y escalamiento o la necesidad de avanzar en una propuesta de justicia transicional para pasar del conflicto al posconflicto. Estas sí son preocupaciones serias.

¿No ve grave lo de esta semana con la guerrilla?

Claro que es grave, pero no porque el país sea hoy más inseguro que hace dos años, sino por la reiteración de un libreto que viene repitiéndose desde hace muchos años en los mismos sitios y con los mismos protagonistas. Con un peligroso ingrediente adicional, y es que estamos rompiendo una larga tradición de no hacer política con el orden público como la están haciendo hoy el expresidente Uribe y sus amigos. Utilizar episodios como el atentado contra Fernando Londoño o las acciones de la guerrilla contra los municipios del Cauca para cobrar dividendos políticos me parece una irresponsabilidad del tamaño de una catedral.

Usted dijo que se necesitaba un cambio de estrategia en la búsqueda de la reconciliación. ¿Qué quiere decir con eso?

El Presidente podría ser más proactivo en la búsqueda de la paz. El proceso de paz que se intente debe tener tres características: discreto, rápido y eficaz. No nos podemos meter en otra negociación interminable como la de El Caguán, ni prestarnos al proselitismo armado con la paz. Yo, por ejemplo, me arrepiento de haber defendido la negociación en medio del conflicto; se necesita una tregua militar que proteja el proceso de sus enemigos mientras se decanta...

¿Dice usted que le queda un año para intentarlo?

Un año para mostrar que vamos en la dirección correcta, aunque el proceso de reconciliación tarde muchos más años. Lo importante es que el día de las elecciones la gente sepa que tiene dos caminos ciertos para elegir, el de la guerra y el de la paz.

¿Por qué asegura que la guerrilla tiene hoy más disposición a la paz?

Buena parte de los episodios de violencia que estamos viendo en estos momentos y de amenazas terroristas contra pueblos tienen mucho que ver con una especie de prueba de fuerza que estarían haciendo las Farc de cara a lo que podría ser un proceso de entendimiento con el Gobierno.

¿Con todo esto no hay riesgo para la reelección de Santos?

Las posibilidades de reelección del presidente Santos están amarradas a otros factores que a mi juicio son mucho más profundos.

¿Cuáles?

Menciono tres: la salud. El presidente Santos no puede dejar que la salud colapse como lo está haciendo; el segundo es la revaluación. Mantener el peso revaluado mientras se firman tratados de libre comercio a diestra y siniestra es como invitar a Drácula, en este caso los exportadores extranjeros, a que venga de visita al banco de sangre. El tercero, el papá de todos, es la búsqueda de una salida política al conflicto armado. Con todo lo bueno o malo que ello implica, Uribe ya se ganó el título para la historia de haber sido el Presidente de la guerra; a Santos le queda el camino de convertirse en el Presidente de la paz.

¿El escenario para esa construcción no se lastima con todo esto que está pasando?

Lo que hay que hacer en el mediano plazo se está haciendo. Ahora lo que se necesitan son avances claros de que vamos en la dirección de la paz. La única manera de que el Presidente pueda compensar lo que le están mordiendo a su proyecto de unidad nacional por la derecha es apelando a sectores progresistas como la tendencia socialdemócrata del liberalismo, que hoy está marginada de lo que queda del Partido Liberal, y algunos sectores de la izquierda democrática que se apuntarían a una gran coalición por la salida definitiva de Colombia de la violencia.

A propósito de reconciliación, ¿es posible trabajar en la paz de Uribe y Santos?

Creo que los dos ya entendieron que más vale un buen divorcio que un mal matrimonio. Deje así...

¿Y los liberales qué?

El liberalismo debería apoyar la reelección del presidente Santos mientras él mantenga una línea acorde con el ideario liberal socialdemócrata. Si no lo hace, los progresistas del partido van a hacer causa con la izquierda democrática y eso en términos ideológicos también sería correcto políticamente.

¿Abandonar a Santos?

El presidente Santos podría ser si apunta a donde debe apuntar. Pero si la izquierda se pone de acuerdo en un solo candidato también podría representar un viraje como el que el país está necesitando.

¿Y la reunificación liberal?

Aspiraría a que mi partido, por lo menos lo que queda de él, logre liderar el proceso de reunificación de todos sus matices alrededor de una propuesta social y de reconciliación que hiciera el presidente Santos. Si no hay propuesta progresista o sigue el empeño excluyente de las actuales directivas liberales, los liberales buscarían otros caminos.

Diferendo limítrofe

"No sé por qué la gente se sorprende con los conceptos de la canciller Holguín. Desde 1928 muchos hemos sostenido que el tratado Esguerra-Bárcenas fue un reparto de islas y no un tratado de delimitación submarina entre Colombia y Nicaragua, porque entonces el concepto de áreas submarinas simplemente no existía.

EDULFO PEÑA
Editor político

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