La sombra del doctor Francia

La sombra del doctor Francia

14 de julio 2012 , 07:10 p.m.

Paraguay es desde su independencia, en 1811, parte de esa geografía de páramos autoritarios de América Latina, dominado desde siempre por la figura del doctor Gaspar Rodríguez de Francia, Supremo Dictador Perpetuo de la República. El siempre poderoso Karaí Guazú, como se lo llamaba en guaraní. En su novela Yo el Supremo, Roa Bastos lo ve como la gran sombra patriarcal que no termina de disolverse en la historia, cabalgando por las calles desiertas, frente a las casas cerradas a piedra y lodo, "bajo el enorme tricornio, todo él envuelto en la capa negra de forro colorado, de la que solo emergían las medias blancas y los zapatos de charol con hebillas de oro, trabados en los estribos de plata".

En el primer cuarto del siglo veinte, el país tuvo quince efímeros presidentes, hasta que regresó de nuevo la dictadura perpetua con el general Alfredo Stroessner, que se mantuvo en el mando por 35 años seguidos, de 1954 a 1989, en nombre del partido Colorado, un verdadero partido único, que llegó a gobernar por 61 años. Y el Paraguay conserva su misma raíz feudal desde los tiempos del doctor Francia.

A comienzos del siglo veinte, 79 personas poseían la mitad de la tierra, mientras el analfabetismo cubría al 80 por ciento de la población. Esta situación ha cambiado poco hasta ahora. Y cambiarla fue la bandera con que el antiguo obispo Fernando Lugo llegó al gobierno en el 2008, democráticamente elegido, una rareza en la historia paraguaya, y más rareza aún que fuera el primer presidente que desde la independencia recibiera la banda presidencial como candidato de la oposición, al derrotar al sempiterno partido Colorado.

Cuando el 'obispo de los pobres' asume la presidencia, lo hace con el respaldo del 84 por ciento de la población, precisamente porque ha despertado grandes esperanzas de cambio, sobre todo en cuanto al régimen feudal de la tierra. El Paraguay ha tenido en tiempos recientes altas tasas de crecimiento anual, pero las obsoletas estructuras económicas, y sobre todo agrarias, siguen haciendo que las grandes masas indígenas y campesinas lleven una vida marginal. De acuerdo con una encuesta muy reciente de Latinobarómetro, la abrumadora mayoría de la población sigue creyendo que la riqueza está mal distribuida en Paraguay: solo el 22 por ciento piensa que esa distribución es justa, mientras las instituciones son juzgadas con desconfianza en cuanto a su legitimidad: en el 2011, solo el 31 por ciento confiaba en el parlamento, y el 23 por ciento confiaba en el sistema judicial.

Sin poder solucionar ninguno de esos problemas, la confianza en Lugo había bajado a 37 por ciento en el momento de su derrocamiento. Debió enfrentarse con disensiones dentro de la propia alianza que lo llevó al poder, con los reclamos urgentes de cambios sociales que no tenía la posibilidad de resolver, con el rechazo conspirativo de sectores conservadores de la sociedad, y su imagen sufrió mengua frente a los continuos escándalos de reclamos de paternidad de sus amantes, unos de esos reclamos, verdaderos, otros, falsos.

El problema agrario no resuelto fue precisamente el que dio al traste con él, cuando la policía se enfrentó a balazos con campesinos que reclamaban tierras en un latifundio de la frontera con Brasil, de propiedad del terrateniente más grande del país, Blas Riquelme, íntimo asociado de Stroessner, con muertos y heridos de ambas partes. Lugo respaldó la acción policial y todos esos muertos fueron a dar a su cuenta, juzgado sumariamente y destituido sin oportunidad de defensa.

Se sometió primero al fallo del Senado, que lo destituyó, y luego rechazó ese fallo cuando ya era muy tarde. Ahora su figura, que fue tan atractiva, un antiguo obispo católico llegado a la presidencia en nombre de los pobres, se disuelve no solo en su propia impotencia para cumplir con las esperanzas de un país que aún espera por el mañana, sino también en la impotencia de las instituciones y en la impotencia del sistema democrático mismo para librarse de la sombra ominosa del doctor Francia.

Sergio Ramírez
Bilbao, julio del 2012
www.sergioramirez.com
www.facebook.com/escritorsergioramirez
http://twitter.com/sergioramirezm

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.