Editorial: Cada cual en lo suyo

Editorial: Cada cual en lo suyo

14 de julio 2012 , 07:10 p.m.

El próximo 20 de julio, tal como lo dispone la Constitución, el presidente Juan Manuel Santos deberá hacerse presente en el Capitolio con el fin de instalar formalmente un nuevo periodo de sesiones del Congreso. Así, deberían empezar cinco meses de trabajo, en los que se discutan tanto las iniciativas presentadas por el Ejecutivo como las que surjan de los propios parlamentarios, con el fin de que aquellas que resulten aprobadas se conviertan en leyes de la república.

Aunque la cita no tiene nada de extraordinario, pues forma parte del ciclo normal de las instituciones, es indudable que las circunstancias sí lo son. Todavía están abiertas las heridas que dejó el episodio del fracasado acto legislativo con el cual se pretendía darle un vuelco a la justicia. Como es conocido, la sorpresiva aparición, durante la conciliación del texto final, de una serie de artículos que le abrían la puerta a la impunidad ocasionaron una oleada de indignación en la ciudadanía, cuya presión llevó al archivo de la reforma.

Si bien el peligro quedó conjurado, en el juicio de responsabilidades que siguió no faltaron los dardos entre congresistas e integrantes del gabinete ministerial. El ambiente se puso tan pesado que incluso la Casa de Nariño abrió la posibilidad de no presentar varias propuestas que forman parte de su agenda, con el argumento de que -como diría el refrán- "el palo no está para cucharas". Puesto de otra manera, llegó a existir la impresión de que cualquier texto que tocara materias de fondo sería derrotado en retaliación por lo sucedido.

Como si lo anterior fuera poco, en los días del receso legislativo tuvo lugar el lanzamiento del Puro Centro Democrático, la nueva propuesta política que pretende aglutinar a las fuerzas uribistas, que ya declararon su abierta oposición a la administración Santos. La presencia de un movimiento liderado por el expresidente Uribe sin duda influye en la cohesión de la Unidad Nacional, en la que participan cinco colectividades de las más diversas tendencias, gracias a lo cual el Gobierno tenía una cómoda mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes.

La combinación de los factores mencionados hace pensar que habrá un realinderamiento en la coalición cercana al Ejecutivo. Si bien la ley de bancadas impone una camisa de fuerza que hace difíciles las deserciones, no es descabellado pensar que las voces disonantes eleven su tono y les hagan sentir a los funcionarios de más alto nivel que ahora las cosas son diferentes en el Congreso.

Tal escenario seguramente se traducirá en un número mayor de debates, acompañados de críticas a una administración que necesita rendir cuentas sobre sus ejecutorias. Si bien el hecho de ver 'pasar al tablero' a los ministros puede conducir a otra oleada de tensiones, la democracia colombiana saldría fortalecida si los parlamentarios hacen la tarea de control que les corresponde, sin olvidar las debidas normas del decoro y el mutuo respeto.

Por su parte, el Gobierno también debe dedicarse a lo suyo. Esto es, presentar a tiempo y debidamente sustentados todos y cada uno de los proyectos de ley que ha prometido, por más polémicos que algunos sean. Dicha definición debería tener lugar mañana, tras una cumbre programada en San Andrés, pero es de esperar que el ánimo reformista que hasta ahora ha caracterizado a Santos no tenga respiro. Sería insólito, e incluso dañino, que el Presidente se resigne a abandonar el campo de batalla sin siquiera hacer planteamientos de fondo sobre problemas que necesitan arreglo urgente.

En consecuencia, es menester insistir en que el país desea conocer iniciativas que deberían ir desde una cirugía profunda de las corporaciones autónomas regionales hasta el impulso al desarrollo rural, pasando por la tan anunciada reforma estructural en materia tributaria o la revisión del régimen de pensiones. Aparte de lo anterior, hay asuntos de discusión obligatoria, como el presupuesto nacional u otros de primera importancia, dentro de los que están cuatro tratados de libre comercio pendientes de ratificación.

Frente a una aplanadora gobiernista que empieza a tener problemas de carburación, es posible que algunas propuestas no cuenten con suerte, pero la verdad es que la historia muestra que los parlamentarios colombianos han sido capaces de aprobar ideas presentadas por gobiernos que no tenían la mayoría. Con más razón ahora, la presente administración debería cerrar la legislatura con un balance favorable, así tenga menos holgura a la hora de las votaciones tanto en comisiones como en plenarias.

Dicho lo anterior, ambos poderes están advertidos en el sentido de que la opinión no resistiría un nuevo escándalo en el que haya un intercambio de apoyos por prebendas o cuotas burocráticas. En el sistema democrático vigente, tanto Ejecutivo como Legislativo tienen su papel bien definido. Ahora, de lo que se trata es de que cada cual haga su labor. Si ese es el caso, el golpeado prestigio de las instituciones aumentará, pero para que eso suceda será necesario demostrarlo con leyes que sean objeto de debates de fondo y análisis juiciosos, en las que quede claro que el propósito del bien común se superpone al del interés particular. Nada más, pero tampoco nada menos.

editorial@eltiempo.com.co

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