Alegría de la física

Alegría de la física

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12 de julio 2012 , 06:23 p.m.

Cerrar los ojos e imaginarse el bosón de Higgs dando vueltas por nuestras células. ¿No es esto emocionante? Hace 35 años se intuyó que existía. La partícula primordial. Yo mismo escribí aquí (el 18 de julio del 2008) que ya casi estaba listo el LHC, de donde esta semana, por fin, saldría la mínima criatura. Y los científicos aplaudieron porque es un hecho trascendental para la historia del hombre.

Sí, efectivamente, hay una partícula que lo explica todo. Y esta celebración me ha remitido a Borges, quien definió la belleza como una emoción singular. Eso es la ciencia: una emoción única y hermosa. ¿No es emocionante comprobar que nuestro cuerpo es polvo de estrellas? Ralph Linton dijo que el mamífero humano no era un ángel caído, sino un antropoide erguido. Pues bien, hoy sabemos de qué clase de materia estamos hechos los mamíferos todos, múltiplemente conectados a un mamífero primo.

¿No es hermoso saber que ya sabemos "qué somos"? Como materia, como origen, como evolución, también como cultura quizás, pues de este hallazgo derivaremos en adelante muchas explicaciones, hoy desconocidas. Aprenderemos, por ejemplo, que la ciencia será cada vez más un ejercicio universal y colectivo, regido probablemente por una nueva noción de incertidumbre que ya aprendimos de la cuántica. "Nulla in verbis", dice la Royal Society. Nada de palabras, nada de dogmas, solo el hecho científico del gran colectivo humano, que evoluciona como el cerebro del primate que hoy somos. Así lo sugiere Wilson, quien anticipó otra cosa que ya vamos aprendiendo: la unión de todos los saberes y todas las artes en una nueva textura del conocimiento.

¿No es hermoso y emocionante al mismo tiempo conocer que la ciencia del siglo XXI va camino de convertirse en la más asombrosa aventura colectiva de cuantas hayamos podido emprender desde el Big Bang? Desde aquella milmillonésima de segundo donde empezó todo.

Celebremos a Newton, quien entendió que a la física de Aristóteles le faltaba un hervor, y a Zadeh por transformar la lógica de Aristóteles en lógica borrosa, y a Einstein, por dudar de la utilidad de las teorías de Newton para la electricidad y el magnetismo, y a Bohr, Heisenberg y Feynman por haber puesto en duda la relatividad de Einstein. Y a los doctores Chu y Wu, por haber dudado de lo que postulaban Heisenberg, Bohr, Feynman y Landau sobre los materiales superconductores. Y celebremos a los artistas, empezando por Dalí, quien pintó desde 1929 la evolución de la cuántica. Cerrar los ojos.

director@klnred.com

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