El hombre mecánico

El hombre mecánico

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09 de julio 2012 , 01:48 p.m.

Se cumplen 50 años de la novela La naranja mecánica (A Clockwork Orange), que se hizo famosa mundialmente gracias a la magnífica película del mismo nombre de Stanley Kubrick. Que yo sepa, el autor, Anthony Burgess, oriundo de la ciudad de Manchester (Inglaterra), nunca explicó el origen del nombre que le dio a su espléndida criatura, hoy en manos de la selección de Holanda. Se dijo durante un tiempo que provenía de una vieja expresión cockney (habitante de los bajos fondos del East End londinense): as queer as a clockwork orange, que podría traducirse como "tan raro como una naranja de relojería". Buen intento, pero poco convincente. Me inclino por otra versión más factible. Se dice que Burgess tenía la intención de titular su libro originalmente como A Clockwork Orang y que, tras una ultracorrección, terminó con el título con el que se conoce.

El autor trabajó como oficial de educación en Brunéi y Malasia después de la guerra, donde aprendió el idioma malayo. La palabra orangután (que se escribe también orang-utan u ourang-outang) se deriva del malayo orang, que significa hombre, y hutan, que viene a ser bosque o selva. El hombre de la selva. Ilustrados por la etimología, se podría concluir que el título de la novela de Burgess quiso significar 'El hombre mecánico', mucho más acorde con el asunto del que trata.

En fin, las etimologías suelen ser, a más de bellas, muy útiles para mirar como en una radiografía las palabras. Ahora que está de moda el bosón de Higgs (la partícula de Dios) y que se convirtió en base fundamental para explicar el origen del universo, yo me apego a los etimones para llegar al origen de las palabras. No casualmente la palabra etimología proviene del griego etimón: verdad. Y siento un enorme entusiasmo por ellos, los etimones. Las palabras Zeus, asma (pecho) y sentir son la base del vocablo entusiasmo (sentir a Zeus en el corazón).

Las etimologías muchas veces nos asombran (de sombra) porque asoman (de sacar el cuerpo) sus significados perdidos: "Candidato (latín candidatus, 'el que viste de blanco'), voz con la que se designaba en Roma a quienes se presentaban a cargos públicos. En el ritual romano, los candidatos debían cambiar su habitual toga por una túnica blanca (cándida) para manifestar la pureza y la honradez esperables en los hombres públicos". Hoy están todas sucias y manchadas de sangre las dichosas túnicas de la mayoría de los candidatos elegidos. Y, lo peor, los cándidos electores los seguiremos eligiendo.

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