El pasaporte biológico, un refuerzo contra el dopaje en Londres 2012

El pasaporte biológico, un refuerzo contra el dopaje en Londres 2012

Se llevará un estricto control a los atlétas que competirán en las justas olímpicas.

08 de julio 2012 , 04:09 p. m.

El pasaporte biológico, puesto en marcha en algunos deportes como el ciclismo y el atletismo estos últimos años, refuerza el arsenal antidopaje de Londres-2012, por primera vez en los Juegos Olímpicos, donde los deportistas se verán escrutados también por sus niveles sanguíneos.

Si desde 1968, fecha de los primeros controles en los Juegos, la lucha antidopaje consistía esencialmente en buscar restos de sustancias prohibidas en las muestras de orina y la sangre de un atleta, el pasaporte biológico ha supuesto una revolución, al estudiar también los efectos que un eventual dopaje pudiera tener en los niveles del organismo.

Seis federaciones de deportes olímpicos de verano, las de ciclismo, remo, triatlón, atletismo, natación y pentatlón moderno, se han dotado de ese pasaporte biológico, aunque la mayoría no tiene un programa tan avanzado como la Unión Ciclista Internacional (UCI), la pionera.

La UCI fue también la primera en acusar formalmente a corredores de dopaje en base a anomalías observadas en su perfil. Desde que el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) reconoció la validez jurídica del método, el año pasado, otros deportes se han mostrado interesados, así como las agencias nacionales antidopaje.

"La introducción de un perfil individual, que es la base del pasaporte biológico, es algo extraordinario que nos va a dar muchas informaciones", estima Patrick Schamasch, el director médico y científico del COI.

Si bien los controles siguen siendo indispensables e incluso son ahora más numerosos que nunca -5.000 están previstos para Londres-2012-, también tienen sus límites científicos.

A pesar de los progresos de las investigaciones, algunos productos o métodos como las transfusiones con la propia sangre del deportista son todavía indetectables, u otros tienen ventanas de detección tan cortas que las opciones de encontrar un positivo son mínimas, como ocurre con la hormona de crecimiento.

El pasaporte biológico presenta sobre todo el interés de poder dirigir los controles a atletas cuyo perfil parece sospechoso. El primer test de detección de EPO en el año 2000 permitió poner fin a consumos delirantes de ese producto, muy utilizado en los años noventa, y el pasaporte biológico ha forzado a los que se dopan a ser, cuando menos, más discretos.

En el ciclismo ya hay datos que hacen pensar en un efecto disuasivo. Mario Zorzoli, el asesor científico de la UCI, cita por ejemplo las tasas de jóvenes glóbulos rojos, un parámetro sanguíneo que es difícil de manipular artificialmente: "Los perfiles que presentan valores de reticulocitos que podemos considerar como anormales son cada vez más raros, al contrario que hace cuatro años, cuando empezamos con el pasaporte".

El responsable de la unidad de gestión del pasaporte biológico en el laboratorio antidopaje de Lausana, Neil Robinson, destaca "un cambio de comportamiento cada vez que una Federación implementa un nuevo método". "La prevalencia disminuye y las dificultades para los atletas de doparse masivamente aumentan", subrayó.

El pasaporte está lejos de ser la herramienta perfecta, pero los pasos adelante invitan a seguir caminando por ese camino.

AFP

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