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Análisis al triunfo de Enrique Peña Nieto en México

Análisis al triunfo de Enrique Peña Nieto en México

El partido que condujo a México por siete décadas está de vuelta. Su líder promete modernización.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de julio 2012 , 12:18 a. m.

"Que se vayan los ineptos y que vuelvan los corruptos". Eso decía un grafiti en algún muro de Ciudad de México días antes de las elecciones del domingo pasado, que le dieron la victoria al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto. La sentencia resume el espíritu, incierto y desesperanzado, de miles de habitantes de la segunda economía de Latinoamérica, quienes aceptan con reserva la legitimidad de las votaciones en las que resultó ganador, con un tímido 38,2 por ciento de los votos. Así, y como señal de frustración ciudadana, el Partido Acción Nacional (PAN), la fuerza que logró por 12 años romper la hegemonía del partido que gobernó por siete décadas México, cayó a un tercer lugar en las preferencias electorales.

¿Qué significa que regrese el PRI al poder? Muchos ven con temor un regreso al pasado, a un presidencialismo con tintes antidemocráticos, y otros, más optimistas, sienten que la juventud de Peña Nieto puede significar renovación, una introducción de la tecnocracia a Los Pinos (a decir verdad, son pocos los que creen esto: "el círculo inmediato de Peña Nieto no es de tecnócratas sino de 'políticos políticos' ", responde al respecto el historiador Lorenzo Meyer).

Pero lo cierto es que si bien la retoma del PRI permite gravitar entre fantasmas y expectativas, según Jorge Zepeda Patterson, analista político y director del portal Sin Embargo, "el voto mexicano no le da un cheque en blanco a Peña Nieto, 61 por ciento de la gente no votó por él y no tendrá una mayoría cómoda en el Congreso. De hecho, la mayoría es oposición. Así que esto significa, sí, un regreso del PRI, pero absolutamente condicionado".

En efecto, no podría decirse que es el mismo partido de hace 12 años, así como tampoco lo es la democracia mexicana que en el 2006 paralizó por meses al país al no reconocer el gobierno de Felipe Calderón, o que esta vez, gracias a un movimiento nacido de las redes sociales como #YoSoy132, decidió hacer veeduría ciudadana por fuera de los partidos tradicionales. "Los movimientos sociales y la sociedad civil mexicana ya conforman un tejido efectivo que impide la desmesura y la pérdida democrática", dice el mexicano Rodolfo Macías, profesor del Departamento de Ciencia Política de los Andes.

Es más, tampoco puede definirse al PRI como un órgano uniforme, aunque muchos de sus críticos así lo describen. Para Christopher Sabatini, director del Council of the Americas (AS/COA), think tank con sede en Washington, el PRI siempre ha sido un partido heterogéneo: "Pese a que se hable del partido como algo homogéneo y que representa un tipo de patronaje puro y de corrupción, siempre ha habido de todo, empresarios, políticos, tecnócratas y también gente de alto nivel. Ernesto Zedillo, el último presidente del PRI, fue un hombre muy respetado y capaz". Sin embargo, comparte la idea de que ya no podrán gobernar como antaño. Para él, lo que cambió en estos comicios fue el reconocimiento del partido de la necesidad de transformar su imagen y "competir en un escenario formalmente".

Por eso, la apuesta por una figura como Enrique Peña Nieto, sin demasiado pasado y sin representar al priísmo más hegemónico del D. F. No es fortuito que su vida se haya expuesto a la medida de los gustos del televidente: el hombre joven que enviudó, que enloquece a las mujeres, que es reconocidamente infiel y que, por cosas de la suerte, descubrió de nuevo el amor en la estrella de las telenovelas Angélica Rivera. "Es típicamente un producto de marketing, muy obediente frente a sus asesores y su agencia de publicidad", lo describe Zepeda Patterson.

Pero, también, el nuevo Presidente es el resultado de un muy efectivo trabajo que lo convirtió en protagonista de la historia en menos de 5 años. Formado por su tío Arturo Montiel, el exgobernador del estado de México -el más poblado de ese país, con 13 millones de habitantes-, heredó ese título y esa es su única experiencia de gobierno. Sin embargo, los objetivos del partido estaban en cargos más altos, y, para eso, hizo uso del máximo multiplicador de fanáticos del mundo: la televisión. Así lo describe el escritor mexicano Juan Villoro en una entrevista que circula hoy en la revista Proceso: "El PRI confió en crear a un telepresidente. (...) Lo cierto es que regresamos a la situación en la que el viejo Azcárraga declaraba ser un 'soldado del PRI'. En vez de validarse por el peso de su información, Televisa prefiere hacerlo por el tráfico de influencias que le otorga un trato preferencial entre los políticos".

Así, la espada de doble filo que sostiene Peña Nieto entre sus manos es justamente tener como bastión renovar una imagen, mientras lo respaldan los poderes de los grandes monopolios de su país, a los que el PAN no pudo quebrarles la estructura. Según los analistas, el club de los 'intocables' está encabezado por Carlos Romero Deschamps, el líder del sindicato petrolero; por Elba Esther Gordillo, la líder del poderosísimo sindicato de maestros, y por los monopolios de las telecomunicaciones.

¿Qué viene?

Peña Nieto tiene un reto de marca mayor: combatir la inseguridad pública provocada por los carteles de la droga. Para Sabatini, del AS/ COA, es clave la precisión del nuevo Presidente: enfocarse más en bajar la violencia que el narcotráfico. "Colombia es el caso más exitoso de la política de EE. UU. en temas de seguridad y narcotráfico, pero no ha cambiado para nada la producción de drogas. Lo que ha sucedido es que bajaron los niveles de violencia y se desarticuló a los grandes carteles". Para este experto, es imposible cortar totalmente el transporte de drogas si la demanda no baja en 'el norte'.

Otra meta es mejorar el mercado (80 por ciento de sus exportaciones son hacia EE. UU., lo que lo afecta cuando este país está en crisis) y su plataforma de infraestructura. Y pese a que México es muy competitivo en productos manufacturados, para ello ha tenido que mantener muy bajos salarios (8.000 pesos es el promedio del salario mínimo diario).

Por eso, otro de los puntos son las reformas que se requieren en materia fiscal. México es el país que menos recauda como porcentaje del PIB en el continente. Y el último: la apertura de los monopolios, "porque impiden el crecimiento de este país y que la mediana empresa se convierta en grande en la medida en que estos monopolios juegan a favor de sus propios intereses", termina Zepeda Patterson. ¿Cómo lograrlo? Sabatini tiene una teoría: "Los gobiernos que mejor han roto con los monopolios son los que vienen de ellos". Habrá que ver.

DOMINIQUE RODRÍGUEZ DALVARD
Redacción Domingo

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