Hidroeléctricas en la región están bañadas de polémica

Hidroeléctricas en la región están bañadas de polémica

Sed de electricidad tiene a expertos cuestionando efectos de un 'boom' de esta fuente de energía.

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07 de julio 2012 , 10:26 p. m.

Proyectos de construir 151 represas en los próximos veinte años en la cuenca del Amazonas y en el sur de Chile prenden las alarmas sobre el impacto ambiental y social que un boom de hidroeléctricas puede generar en la región.

Un estudio reciente de Matt Finer, investigador del Centro para la Legislación Ambiental Internacional, en Washington, asegura que el 47 por ciento de estas iniciativas tienen un alto costo ecológico. Según le dijo a EL TIEMPO, "la demanda de energía aumentará la presión para construir más represas" a lo largo de Latinoamérica.

Manifestaciones lideradas por ONG y grupos ambientalistas ejercen tal presión sobre los proyectos, que en Chile y Brasil las obras de seis hidroeléctricas están detenidas o no han empezado.

Patricio Rodrigo, de la ONG Patagonia sin Represas, argumenta que este tipo de proyectos solo se pueden considerar energía limpia "si se construyen centrales de paso", que generan energía a medida que el flujo del río avanza; sin necesidad de inundar vastas zonas y desplazar a los habitantes de las regiones, que incluyen comunidades indígenas.

Aunque los proyectos en Suramérica enfrentan hoy grandes controversias por el impacto que podrían generar, parece que la región tendrá hidroeléctricas para rato, entre otras razones porque es una forma relativamente barata y segura de generar energía. Expertos aseguran que se necesitarían mayores inversiones para la energía solar o eólica, y estas tampoco garantizarían la generación necesaria.

Gigantes emproblemados

En la cuenca del río Xingú, uno de los mayores afluentes del río Amazonas en Brasil, ya está en construcción la represa que alimentará el proyecto Belo Monte, que sería el tercero más grande del mundo. A pesar de que en el lugar "ya se encuentran las máquinas, hay oposición, y la comunidad no quiere que se construya", cuenta Monti Aguirre, de la ONG International Rivers. Aguirre le explicó a este diario que "en la cuenca se ubican alrededor de 27 grupos indígenas que han tenido poco contacto con el mundo exterior".

Otro de los símbolos más grandes de los opositores de las represas es la región de Aysén, ubicada en el sur de Chile. HidroAysén agrupa cinco proyectos que buscan generar 2.750 megavatios de electricidad, para lo cual se inundarán 5.710 hectáreas.

Patricio Rodrigo, de Patagonia sin Fronteras, asegura que "cuatro parques nacionales podrían ser impactados en caso de que se concreten esos proyectos".

Entre tanto, María Irene Soto, portavoz de HidroAysén, aclaró que "el proyecto tiene aprobación ambiental, pero no se empezará a construir hasta que se tenga aprobada la tramitación de la línea de transmisión, dentro de 2 o 3 años". En mayo, la Corte Suprema de Chile ordenó detener el proyecto río Cuervo, de menor capacidad, y también en Aysén, tras una petición de ecologistas.

En Perú y Ecuador
Indígenas, en jaque

En Perú, están sobre la mesa cinco proyectos en los ríos Inambari y Ucayali, los cuales afectarían a tribus indígenas ubicadas en la margen de los afluentes. Se calcula que al menos 6.000 personas tendrían que abandonar sus territorios. En Ecuador, se teme que la construcción de Coca Codo Sinclair (la más grande del país) interrumpa la corriente de agua que alimenta la cascada de San Rafael, que tiene una caída de 160 metros.

En Colombia
El Quimbo, proyecto andando

En Colombia se desarrollan otros proyectos que han generado reservas por los posibles impactos que podrían ocasionar. La hidroeléctrica de El Quimbo (Huila), con un costo aproximado de 830 millones de dólares, fue a comienzos de este año escenario de choques entre la fuerza pública y personas que dijeron que actividades como la pesca se pueden ver afectadas por la desviación del río Magdalena para abrir paso a las obras de la nueva represa. Se inundarán áreas de seis municipios.

Hidroeléctricas, ¿mal necesario?

Muchos consideran que construir hidroeléctricas es un mal necesario, pues, a pesar de los inconvenientes mencionados, la generación es más barata frente a alternativas como la energía eólica o solar, que además tienen poca masificación en la actualidad.

JUAN FERNANDO BERNAL
Para EL TIEMPO

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