Invención del terrorismo

Invención del terrorismo

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05 de julio 2012 , 05:03 p. m.

Con ancha y explicable emoción ha recibido el mundo científico, académico e intelectual la comprobación física de la teoría expuesta en 1964 por el británico Peter Higgs sobre la existencia de un bosón o partícula elemental (denominado desde entonces bosón de Higgs y también 'partícula de Dios') que, de acuerdo con la teoría y su confirmación de hace dos días, es la primera cosa que existió un segundo inmediatamente después de ocurrido el 'big bang', y que dio masa u origen a todas las demás partículas, y consecuentemente a la formación del Universo. Los científicos de la Comisión Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés) que han comprobado la existencia real del bosón de Higgs mediante el acelerador de partículas celebran el acontecimiento como un paso histórico de gigante en la comprensión del Universo.

Aunque algunos escépticos creemos que el cosmos es infinito, y por consiguiente incomprensible, sospechamos sin embargo que es más fácil comprender el Universo que el manifiesto del Frente Antiterrorista, lanzado ayer en el club El Nogal con tanta emoción y bulla seudoacadémica, como si se hubiera tratado del bosón de Higgs. Parecía un manifiesto de bolsones.

El terrorismo es una vieja teoría, comprobada a menudo en el acelerador de partículas conspiradoras, que sirve para darle masa a las estrategias de quienes buscan perturbar la paz, impedirla, aplastar la protesta social, reducir al mínimo los derechos humanos y anular la libertad de expresión, pues en la guerra y en el desorden tienen su negocio. Cuando los enemigos de la paz requieren un pretexto para disfrazar sus propósitos como encaminados al bienestar y la seguridad, el terrorismo aparece como por encanto para darles una mano.

No es, por supuesto, un invento criollo. La historia universal nos da muchos ejemplos de lo oportuno que resulta el terrorismo cuando los defensores de la "seguridad" andan bajitos de 'rating'. Las grandes acciones obreras del siglo XIX fueron ferozmente reprimidas gracias a acciones terroristas (principalmente atentados con bomba contra personajes políticos) que dieron el motivo para acusar de terroristas a los obreros sin la menor prueba, y habiéndose comprobado después que la mayoría de los atentados los cometieron individuos al servicio de la autoridad. En 1898, la explosión del acorazado estadounidense Maine, anclado en la bahía de La Habana, y de la que se acusó a las autoridades españolas de la isla, fue la excusa perfecta para declarar la guerra a España y 'liberar' a Cuba del dominio español, sustituido por el dominio yanqui. Después se supo que el magnate del periodismo Randolph Hearst (el ciudadano Kane), entusiasta promotor de la guerra, había financiado la explosión. En 1933, el Reichstag, o parlamento alemán, fue incendiado. Señaló la policía como autor a un holandés comunista. El acto terrorista sirvió a los propósitos del canciller alemán Adolfo Hitler de asumir plenos poderes y suprimir todas las libertades porque "no vamos a dejar que nos amedrente el terrorismo", como dijo en su mensaje el canciller, para quien los terroristas no eran otros sino los comunistas y los judíos. Las investigaciones históricas posteriores han comprobado que el incendio del Reichstag lo provocaron los mismos nazis. De ese episodio emergió todopoderoso el nazismo y la humanidad se encaminó a la gran hecatombe de la Segunda Guerra Mundial.

Un destacado político y periodista de la derecha colombiana, Fernando Londoño, es víctima de un miserable atentado con bomba lapa, del cual se salva por milagro. Como la víctima frustrada del atentado milita en la derecha, se supone que el atentado proviene de la izquierda, y concretamente de las Farc. El mismo Londoño lo asegura; pero hasta el momento no hay pruebas que permitan señalar con certeza a los autores materiales e intelectuales del acto criminal contra el eminente pensador derechista, que les costó la vida a dos de sus escoltas y a otras personas inocentes.

Lo cierto es que esa acción terrorista ha dado pie para la formación de un Frente Antiterrorista, presentado en sociedad en el club El Nogal por sus promotores, el expresidente Uribe Vélez, el filósofo ultraderechista y exasesor presidencial José Obdulio Gaviria Vélez y Fernando Londoño. Dice Gaviria Vélez que el Frente es una actitud académica, que no busca la acción política. Y al preguntar "¿Si no se va a dedicar a la política, qué va a hacer?" responde: "Estamos abocados a un peligro evidente, están fabricando bombas lapa en Bogotá como si fuese producción industrial, y el lenguaje del gobierno es amistoso y apaciguador frente al terrorismo" (EL TIEMPO, 2 de julio, página 5, Debes saber). Si el doctor Gaviria afirma sin vacilar que en Bogotá "están fabricando bombas lapa como si fuese producción industrial" es porque sabe quiénes y dónde las están fabricando, y en ese caso hace mal en no denunciarlo ante las autoridades. Si no lo sabe, hace mal en decir lo que no le consta.

El Presidente de la República, en su entrevista con María Isabel Rueda, les dio a los promotores del Frente Antiterrorista la respuesta adecuada. Con el mote de antiterroristas le están haciendo el juego al terrorismo (EL TIEMPO, 3 de julio, páginas 1 y 27, Debes leer).

El terrorismo es un crimen que solo puede ser cometido por las gentes más cobardes y repugnantes, y es deber sagrado de todo ciudadano decente reprobarlo y rechazarlo, venga de donde venga y cualesquiera que sean sus fines. El Frente Antiterrorista, como el canciller Hitler, solo ve terroristas en la izquierda (y con seguridad los hay), pero en el manifiesto no condena a los terroristas de la derecha. Ni un reproche a las bandas criminales, ni una chispa de censura a un nuevo grupo terrorista denominado 'Ejército antirrestitución' que ha lanzado un manifiesto de amenazas en un lenguaje muy florido, similar al que utilizan los insultadores anónimos en los foros de la red. Una carta panfleto por correo electrónico, con amenazas de muerte a los defensores de derechos humanos Iván Cepeda, Gloria Cuartas, Piedad Córdoba, Soraya Gutiérrez, Diego Martínez, Aída Quilcué, Juan Díaz Chamorro, Jeison Pava, Franklin Castañeda, José Humberto Torres, Yesica Hoyos, Pedro Geney y Liliana Solano, reza textualmente: "Nuestro ejército tiene instrucciones claras para dar de baja a estos malparidos que quiere (sic) quitarle la tierra los (sic) ciudadanos de bien para dársela a guerrilleros igual que ellos".

Notable coincidencia la aparición simultánea del manifiesto antiterrorista y del 'Ejército antirrestitución'.

Muchos respetados columnistas que expresaron su justa indignación contra el en buena hora fallecido proyecto de reforma de la justicia han entablado una competencia frenética por ver quién le da más duro al Presidente, de modo que la indignación está tomando ya visos de histeria. Y por supuesto los enemigos de la paz, en su plan conspirativo, aprovechan la circunstancia para hablar de una crisis institucional, de una disolución del Estado democrático y aullar por la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Como el excelente demócrata que es, el presidente Santos reconoció que se ha equivocado, porque él no es Dios (mejor dicho, no es Uribe), y que así como humanamente se puede equivocar también posee la facultad de rectificar. La crisis de la reforma judicial, ya resuelta, fue un trance normal como los que suele sufrir todo gobierno. Tratar de convertirla en una enfermedad terminal es hacerle el juego, de buena o de mala fe, a los enemigos de la paz.

El Frente Antiterrorista que proponen los señores Uribe, Gaviria, Londoño y compañía no es un Frente contra el terrorismo. Es un Frente contra la paz.

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