Editorial: Un anfibio vence en México

Editorial: Un anfibio vence en México

04 de julio 2012 , 07:17 p.m.

Una de las primeras actuaciones del nuevo presidente de México, Enrique Peña Nieto, fue enviar un artículo a The New York Times. Se trata de una especie de explicación no pedida acerca de lo que él representa y lo que será su gobierno. En cuanto a lo primero, señala que forma parte de una nueva generación del PRI (Partido Revolucionario Institucional) y que, en virtud de sus 45 años, está libre de los lastres que aquejaron a su partido durante las siete décadas que gobernó a México, con mano dura hacia la oposición y generosa hacia los amigos. "El objetivo de mi generación -agrega- no es la ideología ni el clientelismo, sino el éxito en la lucha contra la pobreza."

Más adelante enfrenta un tema que se ha vuelto renglón fijo de la agenda de Estados Unidos respecto a los países del continente: el narcotráfico. "No haré negociaciones ni treguas con criminales", aclara, ya que mucho se habló de que ni Peña Nieto ni los demás candidatos estaban decididos a continuar una guerra que inició el gobierno saliente y que ha costado 60.000 muertos en seis años. En este punto, el nuevo mandatario exhibe como aval la contratación del general colombiano Óscar Naranjo, lo cual no deja de ser un timbre de orgullo para nuestro país.

Peña Nieto es un político anfibio, de naturaleza doble. Como heredero del PRI, podría temerse que se viera obligado a compartir juego con los caciques regionales que cayeron derrotados en el 2000. Pero, como joven ejecutivo, se declara pragmático, exhibe su positivo trabajo al frente del populoso estado de México y mira con atención la impresión que pueda causar en su vecino del norte. Muchos críticos no saben si Peña Nieto será un dinosaurio con piel de gobernante moderno, o el vocero de una generación dispuesta a erradicar viejas mañas y tomar un camino distinto al de sus predecesores en el partido. Él no es propiamente un intelectual y tiene más nexos con la farándula que con la cultura, pero nos inclinamos a pensar que los cambios que han sufrido el país y el PRI lo llevarán por este segundo rumbo.

Mientras tanto, el candidato de la izquierda, Andrés López Obrador, reclama, como hace seis años, que hubo fraude electoral y pide revisar miles de mesas. La diferencia entre ambos fue de 6,5 por ciento. Difícil de superar, a decir verdad.

editorial@eltiempo.com.co

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