Dios salve a la reina (y al rey)

Dios salve a la reina (y al rey)

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03 de julio 2012 , 07:42 p.m.

  Las celebraciones por el  aniversario sesenta del reinado de Isabel II (monarca de 16 países, incluidos los enormes territorios de Canadá y Australia) incluyen una serie de eventos entre los que se encuentran los Juegos Olímpicos. El Reino Unido es la potencia con la democracia más antigua, con una cámara baja elegida por sufragio universal que designa al primer ministro. Se jura fidelidad a la reina, que figura en los signos monetarios.

En Gran Bretaña, los republicanos son minoritarios, son fuertes en Irlanda y crecen en Australia. En España, donde la monarquía aún está firme, una serie de vicisitudes últimamente han potenciado la discusión. Que los republicanos de siempre -sobre todo los de izquierdas- aprovechen la situación no sorprende, pero sí que algunos de derecha, liberales y conservadores, ahora son más republicanos que nunca y, para colmo, en nombre de una libertad mal entendida.

Rápidamente dicho, prefiero un rey que "reina pero no gobierna" (al estilo europeo), que no utiliza el monopolio estatal de la violencia para imponerse, antes que un presidente que sí "gobierna", que impone "leyes" contra natura, contra la libertad. El error de estos "liberales" consiste en creer que es necesaria una autoridad coactiva, un Estado que utilice el monopolio de la violencia para defender a las personas y sus derechos, incoherencia que hace imposible que triunfen. La libertad no sería un valor en sí mismo sino algo impuesto ("defendido") por un poder ejecutivo necesario y, entonces, es mejor que sea "democráticamente" electo y no hereditario.

Más allá de que la democracia real es el mercado, en el que cada persona, a cada instante, usando o no un servicio, vota por una persona o empresa, como el 'rating' de un programa de TV, y así decide toda la vida económica y social, recuerdo que fue la autoridad moral del rey Juan Carlos la que abortó el golpe de Tejero, sin hacer uso de la violencia. Qué ideal que sería, entonces, tener este rey (y que no se financiara con impuestos coactivos) y al mercado y a nadie en medio. 

En contraposición, la República. El poder judicial y el legislativo (o cualquiera) no pueden ser independientes de quien los financia; tarde o temprano, por izquierda o derecha, responderán al ejecutivo como históricamente ha ocurrido hasta en EE. UU. Obama, Hollande, Rajoy y demás en potencia son Chávez o la familia Kirchner, que comanda una asociación ilícita ya que no los une ninguna ideología ni vocación de servicio y sí una vocación de poder (y dinero), violando permanentemente el espíritu de la Constitución y con una clara intención de someter al ciudadano al que dicen, en su esquizofrenia, defender. 
 
Como ni el poder judicial ni el legislativo quieren revertir la situación, vuelven los cacerolazos, cuya última versión provocó la renuncia de un presidente, De la Rúa, al que le siguieron peores. Es que "a río revuelto, ganancia de pescadores"; el desorden es aprovechado por inescrupulosos. Esta asociación ilícita está basada en lo recaudado con impuestos abusivos, con el que compra voluntades (empleados del gobierno o que reciben subsidios) y montan un poderosísimo aparato de propaganda y así ganan elecciones. Lo que los desarmaría efectivamente es la desobediencia civil, pero no con el fin de anarquizar, sino, por el contrario, traer paz y orden ante un "gobierno" que anarquiza con sus mandatos antinaturales.
   
 
*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California).     

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