Editorial: Entre el sapo y el chivato

Editorial: Entre el sapo y el chivato

27 de junio 2012 , 06:59 p.m.

Quien lea La ciudad y los perros, novela que inauguró hace 50 años el boom latinoamericano, encontrará que cierto personaje le dice a otro: "¡Qué sapo!". Si fuera una obra colombiana, se referiría a un soplón. Como es peruana, "sapo" significa "sabido, mañoso, astuto". Los soplones de Mario Vargas Llosa se llaman chivatos... como en Colombia, hace un tiempo, los menores de edad. Y nuestros sapos son loros en Uruguay, balcones en México, trompetas en Cuba y caliés en República Dominicana.

Es posible recorrer los países de habla española y encontrar con frecuencia significados de uso local. También lo es hallar, en un mismo lugar pero en otro tiempo, palabras que cambiaron o desaparecieron. Un texto bogotano de hace 70 años habría denominado fosfatinas y glaxos a lo que fueron en las generaciones siguientes cocacolas y cocacolos, sardinas y sardinos, gomelas y gomelos. No hay que ir, pues, al Perú para anotar cambios léxicos: todos los anteriores han ocurrido en el mismo barrio de la capital en menos de un siglo.

La dinámica del idioma hace que las academias deban actuar con presteza para detectar las modificaciones del lenguaje, pero, al mismo tiempo, con cautela para recoger y acreditar solo aquellas que tengan una aclimatación social de cierta perdurabilidad. Hace pocos días, el Diccionario de la Real Academia Española divulgó algunos de los 1.697 cambios introducidos en su versión de Internet. Hay quien se sorprende de ver allí términos que dejaron de usarse hace un tiempo, como friki; o que son de uso local, como pepero (miembro del Partido Popular de España); o palabras de tradición que solo ahora reciben el beneplácito, como beisbolero y papamóvil; o que reivindican un derecho novísimo, como aplicar el vocablo matrimonio para los homosexuales. Ocurre que el registro, que es función del diccionario, no se limita a palabras de hoy que todos comprendemos, sino que debe servir de guía para otras épocas y diversos puntos del mapa. De lo contrario, ¿quién podría saber que hace 50 años un sapo era, en el Perú, un tipo mañoso y astuto?

Lo extraordinario es que, pese a todas las diferencias de sitio y tiempo, el español sigue siendo el idioma en que nos entendemos sin mayores obstáculos más de 400 millones de personas.

editorial@eltiempo.com.co

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